Susana Klinkicht
susanak@hoy.com.ec
El deseo de una pareja de lesbianas de inscribir con los apellidos de ambas a la niña concebida por una de ellas ha provocado un debate de gran virulencia. Ha llegado al extremo de que una columna de opinión tuvo que ser retirada de la red por El Comercio, debido a la agresividad con que fue escrita.
Dos circunstancias han exasperado los ánimos en contra de Helen Bicknell y Nicola Rothon: su homosexualidad y el hecho de ser inglesas. El argumento es que las leyes ecuatorianas no prevén la adopción por parte de homosexuales y que, como extranjeras, se han encaprichado en imponerse en el Registro Civil ecuatoriano, cuando bastaba con que la una madre pusiera a la niña su apellido. De hecho, implica que la pareja debe considerarse afortunada que se reconozca legalmente su unión, por lo menos en lo que al aseguramiento de sus bienes comunes se refiere.
Es decidor que el comentario después retirado haya sido provocado por una serie de notas aparecidas en El Universo, en las que se documentaba que existen casos similares, en los que los protagonistas son ecuatorianos.
El debate es fruto de la falta de coherencia de la Constitución de Montecristi, donde el enfrentamiento de los asambleístas con la Iglesia Católica tuvo como resultado compromisos, que ahora ponen en apuros a jueces y funcionarios y constituyen un desafío para aquellos activistas que desean una legislación coherente en cuanto a la unión entre homosexuales y sus descendientes, propios o adoptados.
El argumento más esgrimido por los que se oponen a la inscripción de la niña es el temor a que resulte dañada, si vive en un hogar formado por dos mujeres. Es el más débil. No se ha comprobado que niños criados por homosexuales tengan más problemas sicológicos, de orientación sexual o morales. Eventuales desventajas resultan más bien por la actitud hostil que enfrentan.
En el caso concreto, la menor vive con una pareja homosexual, cuya unión de hecho está reconocida legalmente. Que una de las mujeres no pueda darle su apellido tendrá efectos negativos en caso de tener que representarla en la escuela, en los servicios de salud, para viajar al exterior, incluso si se da una separación o la muerte de la pareja.
La niña tiene dos madres; que el Estado, que es laico y no está supeditado a mandatos religiosos, no lo reconozca formalmente, no le ayuda en nada.
No hay lugar a duda que las dos mujeres inglesas han asumido un papel de pioneras en nuestro país. Es probable que lleven el caso ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos y es posible que el pronunciamiento de la Corte confirme una tendencia, que ha favorecido ya en casos similares, en Chile por ejemplo. Su camino será largo, debido a que las instancias nacionales, si es que asumen el problema, deberán superar argumentos como aquel que, entonces, niños ecuatorianos podrán ser adoptados por padres o madres homosexuales de países donde no hay suficientes niños desamparados, pero sí leyes que permiten familias de este tipo.
Autor: Susana Klinkicht - Ciudad Quito






