Por Ernesto Albán Gómez
ealban@hoy.com.ec
"El Gobierno camufla la publicidad". En días pasados, Diario HOY tituló con esta frase una crónica en la que se informa, con referencias muy concretas, cómo el Gobierno hace publicidad electoral a pretexto de rendir cuentas de su gestión.
Camuflar es, en la segunda acepción del diccionario, "disimular dando a algo el aspecto de otra cosa". Y estamos, sin duda, frente a una práctica habitual en tiempos electorales. Los candidatos, quien más quien menos, se ponen un traje de camuflaje y una máscara, pretendiendo esconder lo que verdaderamente son y tratando de aparentar lo que no son. Resulta impresionante, por ejemplo, repasar la galería de rostros que ahora aparecen profusamente en afiches, vallas y pancartas. Los candidatos lucen una amplia sonrisa, cuyos falsedad y oportunismo se descubren a primera vista. Es que los candidatos no tienen realmente un carácter angelical ni sonríen, sino a partir del día en que comienza la campaña. El resto del tiempo, cuando se quitan el traje y la máscara, presentan una imagen hosca, huraña; se enfurruñan con increíble facilidad, y el tono destemplado de sus voces se desparrama por todos lados. Y como no están acostumbrados a sonreír, en las fotografías solo muestran los dientes en una mueca poco presentable.
A este camuflaje, ya estábamos acostumbrados. Y como los electores se daban cuenta enseguida de que se trataba solamente de un disfraz temporal, de una deplorable piel de oveja, no se dejaban engañar y, obviamente no, votaban por tales candidatos.
Por supuesto que persisten y se han incrementado las prácticas antiguas, pero el camuflaje de ahora tiene además otro alcance, generalizado, atosigante. Tal vez más sutil, tal vez más descarado. Se trata de promocionar a los candidatos oficiales (porque ahora, por favor, no nos sorprendamos, existen candidatos oficiales confesos) utilizando todo el aparato del Estado y, a lo mejor, aunque no me consta, los espacios publicitarios gratuitos que tiene el Gobierno en los medios de comunicación. Siempre bajo el pretexto de que se está informando a la ciudadanía sobre las realizaciones gubernamentales en marcha. No hay cómo engañarse, tras la inocente información es evidente el mensaje: para que toda esta obra monumental continúe, hay que votar por los candidatos oficiales, empezando por el presidente de la República. Y, por si hubiera alguna duda, en algún caso hasta aparece en el fondo algún afiche promocional. Estamos frente a una publicidad masiva, casi imposible de mensurar y, por supuesto, inalcanzable para c
ualquier candidato que, no siendo el oficial, deberá resignarse a las modestas franjas publicitarias, asignadas oficialmente.
Pienso que esta publicidad camuflada tendrá un papel decisivo en el proceso que estamos atravesando, por lo cual sus resultados estarán condicionados por este factor, ausente en casos anteriores y tolerado, casi auspiciado, por el organismo electoral. Aunque también podría ocurrir el efecto contraproducente de hastiar a una ciudadanía, ya fatigada, que podría entregar su voto al candidato que se encuentre más alejado del paraguas gubernamental.
Hora GMT: 22/Marzo/2009 - 05:12
