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Cafeína rave

Publicado el 06/Septiembre/2008 | 00:09

Por Juan Montaño Escobar

Entre los que proclaman el Sí y los que bravean el No al proyecto de Constitución están los distraídos. Las encuestadoras los reconocen de lejos por eso no se ha registrado su opinión. Los quieren lejos, porque riman con pendejos. Aunque podría ser un error de apreciación, ya se sabe no faltan aquellos que confunden almas de ranas con almorranas. Cuestión de semántica política, trajín barriobajero y ética futbolera. ¿Cómo es eso? Fácil, hay que vivir como se predica; fundamento ético personal. El barrio descifra los códigos de la falsedad sin importar la elocuencia barroca. Por Marx, Groucho y no Carloucho, el habitante barrial sabe que "no es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio". Los distraídos apelan a los instintos, porque la inteligencia está embullada por el contrapunteo entre la conciencia y el corazón (que a veces se cae hasta el estómago: "no te metas con mi hambre, varón"). Se la huelen que los cruzados del No han hecho aquel ejercicio de evaluación FODA para retratar el proyecto constitucional de texto entero. Después descubren que no es el clásico de fortaleza, oportunidad, etc. Nada que ver. Falacia-obsesión-desparpajo-aturdimiento.

Aplausos. Los más voluntariosos se han ocupado de la política por el lado ñángara, lo cual significa que la atropellarán. Oficio nada cool, por cierto, en el sector de las pelucas nobiliarias. La pelea encarnizada es con los retratos de Rafael Correa; original manera de ser iconoclastas. Un desvelo mediático más y serán los mesías inesperados de la derecha reaccionaria. A ver, este jazzman acusa a la madrugada de írsele la mano. Así es, porque la esencia de los navegantes de esta arca llamada el Ecuador es la misma, sin importar si es de la Trinitaria o de Samborondón, habitante de palco o de galería, exclusividad del lugar de compras, sitio de vacación y destino manifiesto hacen la diferencia. O sea, como quien dice, la "referencia al derecho divino". Gracias, Frantz Fanon.

El distraído abandona la indecisión con su ética sencilla, sin complejas burundangas, y la confianza aún de cogollo en el destino del país. Las pocas lecturas del libro constitucional, con menos distracción eso sí, le permiten orientarse en eso que se llama "revolución ciudadana" y atenuar los miedos pavlovianos de la mayoría de los canales de televisión. El distraído se distrae dándole utilidad al verso y se guía por el teorema hiphopero del palo de gallinero surtido por la porquería de aquellas gallinas mediáticas. La ética primordial del distraído le saca razón a su vocación por buscar a Oloddumare (Dios, para los seguidores de los cultos afroamericanos) en los detalles. Esta confrontación aprobatoria y revocatoria tiene su raíz enterrada en la historia republicana y las legiones del No no son víctimas mohínas de las circunstancias, ellas son las reactivas circunstancias.

axe858@hoy.com.ec

Hora GMT: 06/Septiembre/2008 - 05:09

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