Ricardo Noboa
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La integración europea fue un camino que empezó al terminar la Segunda Guerra Mundial.
Aunque parezca paradójico, uno de los artífices de la unión europea fueron los EEUU, los cuales finalizada la guerra se propusieron rescatar a Alemania de la debacle esquizofrénica y darle los recursos materiales para que ese pueblo talentoso y especial resurgiera de las cenizas. Y así fue. Hoy es el país más rico de Europa y de paso pudieron absorver a sus empobrecidos hermanos del este, pauperizados por el socialismo del siglo XX y oprimidos por el estalinismo.
Alemania selló sus diferencias de siglos con Francia y entre ambos se propusieron sostener y dinamizar la Eurozona. Pero Europa, a diferencia de los EEUU, no es un país. Es un continente. En él conviven los herederos de los helenos, de los germanos, de los francos y de los romanos. Son un mosaico de culturas y costumbres. Un gringo de Kentucky es el mismo gringo de Boston, red neck o white collar, pero son los mismos. Un español es totalmente diferente al alemán, hasta en la hora de comer y de hacer la siesta. Por eso la disciplina económica y las recetas fiscales no se aplican igual en los distintos pueblos.
Y así llegamos ahora a una Europa con graves desequilibrios que amenazan la unidad monetaria. Pero si desaparece el euro, ¿sufrirá la integración? Los europeos avanzaron bastante en esta materia antes de llegar al euro. Los acuerdos comerciales, la integración fronteriza, la libre circulación de personas y vehículos, la unión aduanera, fueron pasos importantes que desembocaron mucho después en la unión monetaria.
Pero ha habido países que no han podido manejarse con la disciplina adecuada. España es quizás nuestro ejemplo más cercano dado que nuestros compatriotas viven la crisis. Grecia está muy lejos de nosotros. Y en España la herencia socialista ha sido terrible y va a ser la causa, muy probablemente, de que España se vea obligada a abandonar la Zona Euro y volver a imprimir. Esa valiente política española que es Esperanza Aguirre lo resumió el otro día muy bien en las Cortes cuando les dijo a los socialistas: "ustedes saben hacer muy bien una cosa, y eso es el paro", refiriéndose al desempleo causado por las políticas de Rodríguez Zapatero.
Es posible entonces que el paro, los recortes fiscales y otras necesarias medidas de ajuste traigan como consecuencia que España vaya a una "nueva peseta" recuperando la soberanía monetaria. E igual camino puede seguir Italia y desde luego Grecia, que hace siglos no nos regala un solo Pericles sino muchos Papandreu.
Pero la integración europea seguirá. Por algo Inglaterra, Suecia y otros países económicamente sólidos conservaron sus propias monedas. Ojalá no caiga el euro dado el esfuerzo que ha costado, pero si cae, la Unión Europea habrá sentido un gancho pero no estará nocaut.
Autor: Ricardo Noboa - Ciudad Quito
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