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Buzón de lectores

Publicado el 29/Diciembre/2012 | 00:45

De Tumbactú a Tumbatú

PATRICIO ZUQUILANDA DUQUE

Estuve en el Servicio Exterior, asignado en África durante algunos años. Tuve la oportunidad de visitar el sitio que Ileana Almeida menciona en su artículo "De Tumbactú a Tumbatú" y otros más (25.12.2012), por tal razón su opinión editorial me llena de satisfacción al tiempo de compartir sus observaciones y su importante mensaje.

De la esclavitud y algo más

LUIS NARVÁEZ RIVADENEIRA

Muy interesante y valioso el artículo "De Tumbactú a Tumbatú" (25.12.2012), de Ileana Almeida. Le agradezco y felicito. Me permito sugerirle, ya que la columnista ha entrado en el territorio de la esclavitud y la extensión territorial de la misma, si pudiese ilustrarnos algo más sobre la referencia a los siglos XIII y XIV donde el dato suyo no luce compatible con el comercio iniciado y puesto en marcha por Portugal, a partir del siglo XVI.

Adicción sexual

ALFREDO DE MARÍA BARRAGÁN

En la última revista Newsweek (23.12.2012), que nos llega gratis a los suscriptores de HOY desde hace varios años, se publica el artículo con el que he intitulado esta opinión con el que me identifico por haber sido un sexo adicto por más de medio siglo a un costo, dolor y consecuencias altísimos. Por una bendición maravillosa, a la muerte de mi señora madre recibí la gracia de la conversión en cuyo proceso me encuentro desde hace un lustro por el que cambié al hombre viejo por uno nuevo misionero, recibiendo de Dios el apostolado de dar charlas sobre castidad y pureza; en este mes de diciembre se publicó un artículo de mi autoría en la edición 04-2012, n.º 012 del Consejo Ecuatoriano de Laicos Católicos (Celca), entre otras cosas decía en él que la castidad es la reina de las virtudes, que todos la podemos obtener como un don de Dios como carisma que no desanima a los creyentes ante las dificultades que se presentan en este espíritu del mundo en el que debemos vivir …"Hay algunos que renuncian a lo sexual, por el Reino de los cielos. Quien sea capaz de entender esto, que lo entienda" (S. Mateo 19,12). Todo esto nos lleva a estar pendientes de los peligros contra la castidad como la porneia, la lujuria, la pleonexia, la lascivia, la fornicación, el adulterio sumados al cinismo imperante en estos días donde reina el impudor, nos obliga inexorablemente a buscar frentes de defensa. Decía que hay que practicar el pudor como orden a favorecer la castidad porque el impudor es una ocasión próxima de pecado que sumados a la vanidad y a la sensualidad logran que el demonio, antes de pecar nos quite la vergüenza y antes de confesarnos nos la devuelve. Cuentan de Sócrates que un día pasó por un prostíbulo y vio que una persona se escondía, se acercó Sócrates y le dijo "no debes tener vergüenza de salir, en tu vida debes tener vergüenza de entrar". No nos engañemos, solo en el matrimonio bendecido por el sacramento católico se permite unión carnal porque es ahí santa la vida sexual y no causa detrimento a la parte más noble del hombre, el alma.

Quienquiera que use de otra manera el cuerpo (solo o en compañía) con el fin de procurarse goces y placeres, peca gravemente contra sí mismo, contra la sociedad humana, contra la misma naturaleza y contra la voluntad santísima del creador. Dios me puso en el camino herramientas que no vacilé en utilizar para no destruir un segundo hogar y una esposa, mi hermana seglar Josefina, en cuya grandeza he logrado hasta hoy vivir en continencia y no caer nuevamente, pues como el exalcohólico, solo estamos seguros 15 minutos después de estar muertos.

El silencio de los culpables

ALFREDO BUITRÓN

Muy de acuerdo con los comentarios de Roberto Bonifaz en el artículo "El silencio de los culpables" (23.12.2012). Sobre el tema podría hacerse un análisis más extenso, pero creo que estaría por encima del entendimiento de la mayoría, y eso es lo más importante. Si la religión solo ha sido una herramienta de dominación a través del miedo durante toda la historia de la humanidad para beneficio de pocos, creo que más profundo es descubrir que solo existen intereses económicos de la gente dominante. Pero ¿por qué culpar a estos últimos?, los verdaderos culpables somos todos y no los supuestos líderes que nos gobiernan de una forma u otra. Suena un poco grosero, pero si tuviese que publicar el tema, lo llamaría: "La gente es estúpida (la mayoría)", o poniéndolo de mejor forma "El verdadero culpable: naturaleza humana (tercer mundo)".



 

Ciudad Quito

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