Protejamos lo nuestro
Fabiola Carrera Alemán
Através de los medios, nos enteramos de que se está analizando una nueva Ley que establece severas sanciones para quienes cometen actos vandálicos con consecuencias nefastas, como la mala utilización y destrucción de los bienes públicos que constituyen nuestro patrimonio. Esto, a no dudarlo, regocija a la mayoría de ecuatorianos, pues no es justo que gente inescrupulosa, antipatriota y carente de valores, se "divierta" arremetiendo contra los bienes públicos que se pagan con los impuestos de los contribuyentes. Un claro ejemplo es el maltrato a los implementos que adornan y son de gran utilidad en nuestros parques:: banquetas, basureros, lámparas, juegos infantiles, baterías higiénicas, piletas de agua, máquinas de ejercicios, etc., inclusive árboles que sirven como "urinarios" de desaprensivos ciudadanos y de las decenas de canes.
¿Por qué esperar, entonces, que nos vigilen permanentemente y nos impongan "castigos" para comenzar a preservar y cuidar nuestros bienes y servicios comunitarios? Es obligación de padres de familia, maestros y tutores educar y hacer conciencia en nuestros niños y jóvenes a fin de que protejan y, a futuro, se conviertan en celosos guardianes de nuestro entorno.
Volver a empezar
Lourdes Álvarez Drouet
Al llegar al caótico aeropuerto actual de Quito y constatar la cantidad de emigrantes que hoy regresan al país, pienso en el espíritu extraordinario de esta gente que tuvo el valor de abandonar el país en busca de un futuro mejor para ellos y su familia y la angustia actual cuando no solo regresan sin un centavo (muchos de ellos), si no que han perdido sus familias, sus hijos ya no quieren volver y su único equipaje es tal vez un nuevo espíritu emprendedor que les permita rehacer su vida.
Cuando veo este grupo de personas que ha conocido la incertidumbre y ha luchado por varios años para sobrevivir en países extraños, tengo la esperanza de que esa experiencia les haya permitido ver una gran realidad a la que se enfrentan los seres humanos: solo con lucha y constancia se obtienen los objetivos deseados.
Los ecuatorianos, lamentablemente, tienen una vida tan fácil, fruto de un paternalismo mal entendido, que se han convertido en seres apáticos, resignados y poco luchadores. Ojalá el recuerdo de los años pasados afuera no se esfume y regresen con nuevas ideas y ganas de aprovechar las oportunidades que el país les ofrece. Que la iniciativa y la creatividad, constatada en otros países, les marque el camino del futuro pues, aunque con frecuencia vemos con pesimismo lo que pasa aquí, todavía las condiciones pueden ser mejores que en los grandes países en los cuales la competencia y la falta de humanidad, debido a la lucha por la sobrevivencia, quitan a la vida todo vestigio de paz y tranquilidad.
Nuestros mandatarios y políticos deben comprender que lo que aspiran todos los ecuatorianos no es demagogia, politiquería ni falsas promesas, sino seguridad, tranquilidad y oportunidades para desarrollar sus ideas y alcanzar sus aspiraciones.
No les creemos
Carlos Mosquera Benalcázar
Las empresas, los ministerios, los pequeños negocios, las clínicas, cosechan su prestigio trabajando duro, con amabilidad, con solvencia y, sobre todo, con honradez. La gente que acude a solicitar un servicio y es bien atendida les cuenta a otros y así sucesivamente hasta que un buen día el prestigio queda sentado sólidamente.
Desde hace algunos meses, las radios nos atormentan con mensajes como: "Podemos volver a creer en el amigo que te falló, en la mujer que te mintió, en la vecina que no te fió", etc., etc., para luego referirse a un tal Consejo de la Judicatura que publicó página entera en la prensa del pasado 1.° de agosto, con el título "Rendimos cuentas al país", por el período julio 2011-2012 con proyecciones hasta el 2013, lo cual es una "maravilla", porque cambiar en un año lo mal actuado es imposible, ni siquiera por un pomposo mensaje que remata: "¡Ya podemos volver a creer en la justicia. El cambio es irreversible".
En lo personal, luego de haber visto cómo funciona la justicia en este país, no les creo nada; tampoco cree un montón de amigos a quienes he consultado pensando que soy el único loco. Estimo que la Contraloría ya debe estar tras la pista de lo que cuesta tamaña propaganda con la quieren hacernos "volver a creer".
Los héroes del Cenepa
Fabián Guarderas Jijón
Me parece acertada, como la mayoría de sus actitudes y posiciones, la del general Paco Moncayo al plantear que se declare héroes de la guerra del Cenepa a los fallecidos en la misma, pero quienes quedaron con alguna lesión permanente que les impide desarrollar sus anteriores actividades con normalidad perciban una remuneración de héroe. Quien más que el general que dirigió a las tropas ecuatorianas para conocer a los que han sido y los que no, verdaderos héroes y que la patria debe respetarlos y guardarles admiración y respeto por siempre.
Deseo aclarar a tiempo, que en semanas pasadas publiqué una carta en la que indicaba que varios profesionales fuimos al hospital de Patuca sin remuneraciones de ningún tipo y que únicamente recibimos ayuda económica de nuestras familias maternas. Hoy me estoy enterando que existirían supuestos falsos benefactores que, faltando a la verdad, dicen que nos financiaron aquella estadía, lo cual rechazo y se deberán tomar las medidas legales pertinentes para quienes pretendan confundir a diferentes personas e instancias. La guerra del Cenepa y sus héroes son parte de la historia nacional y nada ni nadie tiene derecho a manchar sus nombres. A su tiempo entregaré nombres y demás al Ministerio de Defensa Nacional para que aplique ejemplares sanciones.
Sistema tramposo
Ramiro Zamora
El escándalo de la "falsificación" de las firmas es una muestra del deficiente y tramposo sistema "democrático" del país-mito; se crean reglamentos con dedicatoria para aplicarlos en casos puntuales, o hacer caso omiso de ellos en otros. En los "concursos" para puestos altos, solo los recomendados llenan los requisitos; si se presenta alguien mejor, lo declaran desierto. Esto lo sé por experiencia familiar; ya conté como se reunían firmas en universidades, cuatro partidos, uno tras otro "afiliaron" a los mismos. ¡Vaya democracia!
Ciudad Quito
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