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Buzón de lectores

Publicado el 13/Marzo/2010 | 00:02

Todo fue amañado


Germán Ortega S.

No nos debe sorprender este dictamen, en el que la fiscal acusa a un inocente (humilde, de rango bajo, que solo recibe y obedece órdenes) y exculpa a la esposa de su "jefe", de su "superior". Ya se sabía la dirección que estaba tomando la investigación, desde el principio, cuando al primer fiscal, el que estaba de turno, lo sacaron del caso de forma arbitraria y con premeditación.  En el supuesto caso de que sí hubiera estado manejando Wilson Velasteguí, y siendo un subordinado, hay que preguntarle, quién le ordenó que invada el carril exclusivo del trole, quién le ordenó que fuera rápido porque se atrasaban a atender una emergencia. Quién le ordenó que lleve a la señora a su trabajo. Quién le ordenó que haga las veces de su chofer, quién ordenó que un auto de la Fiscalía sirva para uso personal de la esposa del fiscal, incluido chofer, sin contar con el otro auto que la escoltaba…

Ahora, se sabe que el disco que contenía la grabación de "ojos de águila", y que enviaron para su análisis a los EEUU, no es el original. Se envío una copia comprimida, editada. Hay que preguntar también quién tiene el original de esta grabación. Todo fue amañado, arreglado para proteger a la esposa del jefe. ¡Corruptos todos!

Justicia de las altas esferas


Ernesto Martínez

El dictamen que exculpó a Aliz Borja, esposa del fiscal Wáshington Pesántez, se movió en altas esferas. El presidente de la República no pudo ocultar su injerencia cuando, por último, debió haberse quedado callado. Fácil: el policía recibirá unos miles de dólares y, luego de un par de meses, saldrá libre por buena conducta o lo que sea. Así se pagó a Quinto y a Fabricio, ellos ya están calladitos. Van a terminar subiéndose al helicóptero.

Respeto a los ideales


Lourdes álvarez Drouet

Enrique Ubieta Gómez, en el periódico cubano Gramma, el 27 de febrero pasado, comenta que la contrarrevolución cubana carece de víctimas y mártires.   Es indudable que, para este señor, será por su corta edad, su desmemoria o servilismo, el hecho de no morirse físicamente es una prueba irrefutable de la prosperidad y buen vivir del pueblo cubano.   Parecería que para este ciudadano cubano el hecho de que miles de sus compatriotas hayan muerto ahogados tratando de alcanzar una vida mejor o hayan tenido que abandonar sus familias y pertenencias en Cuba, como hicieron en procura de libertad y de una vida digna, no es prueba alguna de sacrificio.    Posiblemente para él, eso no significa sino un inútil deseo de aventura.

Los famosos defensores de los derechos humanos aparentemente no le dan importancia alguna a la muerte de Orlando Zapata Tamayo. Él murió hace unos días en una cárcel de Cuba después de mantenerse 80 días en huelga de hambre, con el deseo de que el mundo entre en conciencia de la terrible situación de tantos presos políticos que han osado elevar sus voces   ante la terrible represión que sufre el pueblo cubano. ¿O no será digna de tomarse en cuenta la lucha por el ideal, la libertad? ¿Los cubanos que viven actualmente en Cuba no tienen oportunidad alguna de luchar por sus ideales, y los Castros son los que luchan por su sobrevivencia? El pueblo cubano, hace muchos años, perdió la esperanza de alcanzar los tan anunciados logros de una revolución frustrada y caduca.

Violencia religiosa


Domingo Mez Madrid

Frente a la actual oleada de violencia religiosa, el observador permanente de la Santa Sede ante la ONU, monseñor Tommasi, ha destacado la urgencia de promover la tolerancia religiosa, en su intervención ante el Consejo para los Derechos Humanos, en Ginebra. El prelado hizo este llamamiento para promover la tolerancia religiosa en el mundo en el que se intensifican las manifestaciones violentas de intolerancia religiosa, últimamente en la India contra los cristianos por parte de extremistas hindúes. El prelado recordó que se trata de graves violaciones de los más elementales derechos del ser humano, independientemente de la religión a la que pertenezca. Monseñor Tommasi advirtió contra el hecho de que la frecuente impunidad de estos crímenes comunica el mensaje de que "las agresiones violentas e incluso la eliminación física de personas de otra religión son aceptables". Hace 60 años, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre pretendía sostener lo contrario defendiendo "el derecho de cada persona a llibertad de pensamiento, conciencia y religión".

Hora GMT: 13/Marzo/2010 - 05:02

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