Las obras de la exposición muestran la evolución artÃstica del pintor y escultor colombiano durante su trayectoria
Fernando Botero, uno de los artistas latinoamericanos más conocidos a nivel mundial cumple 80 años y lo celebra con exposiciones en Colombia, México, Italia, España, Lisboa y EEUU.
La muestra que se inauguró ayer en el Museo de Bellas Artes de Bilbao (España) está formada por 79 pinturas y un enorme caballo de bronce instalado en la Gran VÃa de la capital vizcaÃna. "Es una buena selección con coherencia en las obras, quizás la más representativa de mi vida", definió a la muestra Botero.
La retrospectiva comienza con ocho obras de su etapa de aprendizaje con influencias que fueron desde el muralismo mexicano al expresionismo abstracto. Otras salas recogen 22 obras con temas de Latinoamérica. En las pinturas se retratan escenas que van desde un cuadro titulado Ministro de la guerra, donde un militar pisa la cabeza a un hombre a imágenes de abigarrados bailes que evocan un mundo familiar andino.
La plenitud formal y la quietud de los personajes de Botero se aprecia en las siete pinturas de religión, donde destaca el color púrpura de los cardenales, uno de ellos metido humorÃsticamente en una bañera. El mismo colorido que descubrió en el pintoresco circo popular mexicano, un ámbito que el artista conoció en 2006. De ahà surgió una serie con trapecistas, payasos y domadores, 14 de estas obras, que reflejan la alegrÃa de vivir se muestran en este el Museo de Bilbao.
Botero también expresa con rabia los horrores de la guerra en la serie que ha dedicado a la cárcel iraquà de Abu Ghraib, de la que se puede ver un trÃptico. Cada una de las tres escenas muestran a un hombre torturado, en un espacio delimitado por barrotes y donde sólo destaca el rojo de la sangre. Otro espacio queda para las versiones con las que Botero celebra a sus maestros, sea reinterpretando obras como las de Piero Della Francesca, Goya o Rafael.
Botero además ha plasmado la iconografÃa taurina y en esta muestra, presenta seis lienzos con momentos de la lidia, sin sangre, más preocupado por los juegos de volúmenes entre toro y torero.
La última sala está dedicada a sus bodegones, clasificados como naturalezas muertas pero que contrastan vivamente con las naranjas y sandÃas plenas de color y jugo que los llenan. (EFE)
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