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Bolivia

Publicado el 15/Septiembre/2008 | 00:06

Por Susana Klinkicht

Bolivia expulsa al embajador norteamericano, Washington responde de la misma manera, el presidente Venezolano Hugo Chávez, acorralado por un escándalo de intromisión flagrante en Argentina, aprovecha para hacer lo propio. Agrega además que, en caso de producirse un golpe de Estado o algo peor en La Paz, se sentirá libre de apoyar una defensa armada del actual Gobierno boliviano. En Bolivia, la oposición lo acusa de enviar agentes militares camuflados de cooperantes.

El Brasil, el principal cliente del gas y el petróleo bolivianos, parece ser, por sus relaciones con Chávez y del presidente boliviano Evo Morales así como por sus simpatizantes en Washington, el único con posibilidades reales de enfriar los ánimos irresponsablemente caldeados. Pero, una vez más, queda demostrado cómo la renovada pugna interna en los diferentes países de Latinoamérica está al borde de crear conflictos internacionales, en los que incluso pesa la amistad de Caracas con Moscú.

Mientras tanto, en Bolivia recrudece la guerra civil: los prefectos y movimientos cívicos de las provincias orientales autonomistas bloquean las salidas hacia Brasil y Argentina, saquean oficinas públicas, se toman aeropuertos y atentan contra el gasoducto. Los “Ponchos Rojos”, indígenas militantes seguidores de Morales, amenazan con ocupar fábricas y haciendas. Muertos y heridos son el saldo, el suministro de gas disminuye, aumentan las pérdidas a causa de meses y años de intranquilidad.

La nueva Constitución Boliviana, aprobada en un encierro en un recinto militar, en ausencia de la oposición y al apuro, es el origen del conflicto. Un fuerte vehemente movimiento autonómico en las provincias orientales contra este proyecto constitucional, que consideran centralista, es la respuesta. Pero la causa verdadera no es esa lucha por el poder, en la que un referendo sobre la permanencia del presidente y de los prefectos sublevados terminó en empate, es el dominio sobre los yacimientos energéticos y la tenencia de la tierra.

Casi la mitad de los 9,5 millones de bolivianos son indígenas, la mayoría vive en las provincias de la Sierra o forman los cinturones miseria de las tierras orientales, ricas en gas, petróleo, soya y ganadería. La nacionalización del sector energético, la extracción de los impuestos de estas provincias, para redistribuirlos entre ancianos y necesitados, la centralización del aparato estatal en La Paz, los ha enfrentado con los sectores tradicionalmente beneficiados por el progreso unilateral en estas tierras.

Santa Cruz, con 2,5 millones de habitantes, crea el 33% del producto interno bruto y sus exportaciones representan el 53% del total. En su territorio está el 40% de las tierras cultivadas y el 20% del gas que se extrae.

Bolivia, en cambio, es uno de los países en riesgo de sufrir hambrunas, en el contexto de la crisis mundial de alimentos.

La acusación de Morales al embajador norteamericano expulsado, Philip Goldberg, es que buscaba la división de Bolivia.

El referéndum sobre la Constitución, así como si los particulares deben poseer un máximo de 5 000 hectáreas de terreno o 10 mil, ha sido postergado, por lo pronto, hasta el próximo 7 de diciembre.


susanak@hoy.com.ec

Hora GMT: 15/Septiembre/2008 - 05:06

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