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Barenboim y Merkel celebran diez años del Museo Judío en Berlín

Publicado el 24/Octubre/2011 | 13:56

BERLÍN. El Museo Judío de Berlín cumple diez años hoy y lo hace convertido en uno de los principales atractivos de la vibrante capital alemana. Para celebrarlo, el director de orquesta argentino-israelí Daniel Barenboim ofrece un concierto conmemorativo en la prestigiosa Philarmonie y la canciller Angela Merkel será la principal homenenajeada.

El edificio en zigzag del arquitecto Daniel Libeskind es ya una de las instituciones más destacadas del paisaje cultural europeo y una seña de identidad de Berlín. Pero el camino no fue sencillo.

"Se trataba de construir más que un museo. Debía lograrse una unión con la historia alemana en Berlín y a la vez desarrollar algo que proporcionase esperanza a las generaciones venideras. No era tan fácil", explicó recientemente el arquitecto en entrevista con medios berlineses.

La intensa polémica surgida antes de su inauguración y los enormes obstáculos políticos que tuvo que superar para poder abrir sus puertas parecen haber quedado enterrados para siempre.

Y es que la capital alemana y sus habitantes han cambiado mucho desde que surgiera el concurso para su construcción, en 1989, muy poco antes de la caída del Muro de Berlín y del posterior proceso de reunificación. "Los berlineses y Alemania están realizando este trabajo interminable de superación del pasado con bravura".

Pocos entendían entonces que una ciudad tan empobrecida como aquella, con un desempleo galopante y profundas heridas del pasado tuviera que hacer una costosa inversión en un museo dedicado a la historia de los judíos que viven y vivieron en Alemania durante los últimos 2 000 años.

Pero en aquel momento de ebullición, en el que la ciudad tenía enormes espacios vacíos y todo parecía posible, alguien le dio la oportunidad a Libeskind, un arquitecto aún no muy famoso y descendiente de supervivientes del Holocausto.

Y con su idea logró un éxito casi imposible de imaginar: Desde su apertura en 2001, lo han visitado más de siete millones de personas, una cifra récord comparable a la de dos de los grandes atractivos turísticos berlineses: el busto de Nefertiti, en la Isla de los Museos, y el Museo Checkpoint Charlie, antiguo paso fronterizo en la Guerra Fría.

La sobrecogedora y asimétrica construcción revestida en zinc, que recuerda a una estrella de David rota, alberga en una superficie de 3.000 metros cuadrados una rica colección de objetos que describen al detalle la vida de los judíos en Alemania, desde la cultura, a la religión, la familia y el trabajo.

Como no podía ser menos en un país como ése, una de las partes clave del museo y la más visitada por los turistas es la dedicada a la barbarie nazi y el Holocausto.

La sensación de vacío persigue al visitante desde cada esquina hasta llegar al Jardín del Exilio o a la Torre del Holocausto, que intentan reflejar la angustia de los judíos durante el régimen del dictador Adolf Hitler.

Los responsables del museo, sin embargo, descartaron desde el principio hacer del centro berlinés un monumento en recuerdo del Holocausto. "Tenía que ser una casa de la historia alemana", repite su director, W. Michael Blumenthal.

También para Libeskind el objetivo era claro. Berlín necesitaba integrar en su historia a los judíos, otorgarles el espacio del que siempre disfrutaron hasta la llegada del nazismo. Y eso sólo podría ocurrir si se reconocía su pasado.

Pero el artífice del éxito no sólo es Libeskind: su director, el germano-estadounidense Blumenthal, secretario de Finanzas en el gobierno de Jimmy Carter, encajó como un guante en el proyecto con su biografía de huida, exilio y regreso.

Y su apuesta fue fuerte: para explicar la importancia de la cultura judeo-alemana se debía ofrecer mucho más que una colección permanente. Por ello el museo ofrece hoy en día numerosas exposiciones temporales y un completo programa cultural que incluye un participativo trabajo pedagógico.

"Es en realidad un foro para la investigación, el debate y el intercambio de ideas", indican sus portavoces. "Para alemanes y no alemanes, judíos y no judíos".

De prestigio indiscutible, es razón de orgullo para las autoridades alemanas y berlinesas. Merkel, luterana, reitera con frecuencia la importancia de la cultura y los valores judíos en la historia de Alemania.

El museo entrega hoy a la canciller el Premio al Entendimiento y la Tolerancia, un reconocimiento a su compromiso por los derechos humanos. La entrega tendrá lugar poco después del concierto de Barenboim.(DPA)

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