Son conceptos absolutamente distintos, aunque suele confundírselos, por ignorancia, en unos casos, o con segundas intenciones, en otros. Cuando eso ocurre, se tiende a distorsionar actitudes francas y transparentes. Por eso es conveniente que se conozca con claridad y sin confusión su verdadera significación.
El separatismo o secesión es la separación de una parte del Estado para formar un Estado nuevo. Normalmente surge de motivos étnicos, culturales, religiosos, económicos, o políticos. Según sostiene Rodrigo Borja en su enciclopedia, Los llamados Estados Multinacionales corren ese riesgo porque las contradicciones internas afloran a veces con terrible fuerza disgregante. La autonomía -cosa distinta- es la facultad de que gozan ciertos entes o circunscripciones territoriales para decidir sobre sus propios asuntos. La autonomía no es soberanía, pues el ente autónomo reconoce la soberanía del Estado. La autonomía se enmarca en el concepto de descentralización, sea esta política, que caracteriza a los estados federales; o administrativa, que se da en los estados unitarios.
Hoy más que nunca resulta imprescindible fijar bien estos conceptos en la mente de los ciudadanos pues son temas que deben discutirse en la nueva constitución, y hay personas y organizaciones adversas al proceso autonómico propugnado desde hace algún tiempo por Guayaquil y otras ciudades del país. A este proceso han opuesto un proyecto de ficción autonómica, impuesta por el Estado y controlada a través de sus delegados. Pero además de ello, denuestan del proceso autonómico, calificándolo de separatista.
Nada en el planteamiento autonómico presentado por Guayaquil permite deducir que en él se esconde un velado ánimo separatista, pues es muy claro en reconocer la unidad y soberanía del Estado, ni jamás se le ha ocurrido a los guayaquileños autodefinirse como nación; solo una mala lectura puede explicar tal despropósito. Tal denuesto se ha actualizado a propósito del referéndum autonómico de Santa Cruz, en Bolivia, que tanto escozor ha causado en los ecuatorianos allegados a Evo Morales, que lo han calificado de intento secesionista y lo han identificado, de inmediato con el proyecto guayaquileño. Lo irónico y curioso del caso es que entre cánticos y proclamas solidarias han rechazado el referéndum cruceño, por considerarlo separatista, nada menos que los representantes de la CONAIE, adalides de la plurinacionalidad, novedad que con tanto entusiasmo han acogido algunos asambleístas; esa sí el mayor peligro para la unidad del Estado, como bien lo afirma el doctor Borja.
Está visto que cuando hay de por medio intereses políticos y posiciones ideológicas se ven fantasmas donde no existen, o se soslaya su presencia cuando están sentados en la misma mesa.
Hora GMT: 07/Mayo/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad Quito Autor: Por Enrique Valle Andrade
