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"Aún no ejercemos los derechos"

Publicado el 12/Agosto/2004 | 00:00

Hace 25 años, las personas con discapacidad no eran parte de la Constitución de la República. Incluso se les llamaba "discapacitados", de forma peyorativa.
Solo desde hace una década, empezaron a ser tomados en cuenta. Empezaron a conformar organizaciones locales, juntándose según el tipo de discapacidad, luego aparecieron las federaciones nacionales. “Comenzamos a ganar espacios y, finalmente, constamos en la Constitución desde 1998 como ciudadanos ecuatorianos”, recuerda Javier Torres, presidente de la Federación Nacional de Ecuatorianos con Discapacidad Física (Fendedif).
La Constitución garantiza el apoyo del Gobierno para fortalecer todas las organizaciones, eliminar las barreras arquitectónicas, garantizar el acceso al trabajo, a la salud, a la educación, al transporte.... "Solo está escrito”, dice Javier, quien explica: "Una persona parapléjica como yo tiene tratamiento médico para cuidar los riñones, la espalda, la alimentación... para lo que se require un ingreso fijo, de lo contrario la salud decae".
Con la creación del Consejo Nacional de las Discapacidades (Conadis), hace 10 años, se hace un censo: 1 600 000 ecuatorianos (13,2%) personas sufren de algún tipo de discapacidad (ver infografía). Sin embargo, "seguimos relegados de nuestros derechos”. Pronto organizarán una movilización nacional para exigir que se respete la Constitución.
En 2001 se reformó la Ley de Discapacidades: “Estábamos cansados de que otros decidieran por nosotros; logramos cinco representantes en el directorio del Conadis (art. 8) y que se contemplasen sanciones por discriminación (art. 21)". Hace falta más: "La oportunidad de integrarnos social y laboralmente", exige el representante. (GV)

VOCES DE LOS OTROS GRUPOS INVOLUCRADOS

Hay más información

"Los familiares de personas con discapacidad mental hemos tenido carta abierta para organizarnos y acceder a mucha información para ayudar a quienes no pueden valerse por sí mismos. Hace 20 años, los chicos permanecían ocultos y eran considerados cargas, estorbos".
Édgar Molina, Federación de
Discapacitados Intelectuales


Rebaja en los servicios

"Tenemos préstamos y nos entregan semillas del Banco de Fomento, atención médica gratuita, 50% de los pasajes, actos públicos... no es suficiente, pedimos el 50% en costos de los servicios. Falta erradicar la discriminación, somos normales".
Isabel Angulo, Asociación
de Hemipléjicos, Cuadrapléjicos
y Parapléjicos de Esmeraldas


Dependencia familiar

"No nos dan facilidades, queremos demostrar nuestras destrezas. Al no tener trabajo estamos a las expensas de los familiares, a mendigar o vender en las calles. En Tungurahua somos 198: 40% instrucción primaria, 43% secundaria, 8% superior y 10% analfabetos".
Cléver Chuquirima, Asociciación
de parapléjicos de Tungurahua


Mejor comunicación

"El mejor avance es la investigación lingüística de la lengua de señas ecuatoriana, que se realiza actualmente para facilitar la comunicación con las personas sordas y lograr la integración al trabajo y a la educación. Persiste la discriminación en todo aspecto".
Gabriel Román, Federación
Nacional de Sordos


PUNTO DE VISTA

Diagnóstico negativo frente a los grandes retos de la democracia

En el último cuarto de siglo, Ecuador no ha podido encontrar una salida a los problemas de pobreza, corrupción, regionalismo y populismo

Pese a que el sistema democrático, en esencia, busca definir “canales para la expresión y procesamiento de conflictos sociales”, en el caso ecuatoriano no ha podido hacerlo y los problemas de pobreza, corrupción, regionalismo y populismo se mantienen.
Los últimos datos del Banco Central y del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) revelan, por ejemplo, que el desempleo ha crecido si comparamos las cifras de este año con las de 1979: del 3,6% pasó al 10,5%; el subempleo subió del 31,5% al 42,4%; el salario nominal básico se incrementó de $105,5 a $143,6 y la tasa de crecimiento anual bajó de 5,0% a 3,5%.
En un informe de las Naciones Unidas hay más cifras preocupantes: el 40% de la población ecuatoriana es rural y el 60% de ella es pobre, porque no tiene acceso a la tierra o trabajan en las que tienen poca productividad. Además, el gasto social (educación, salud y asistencia social) no ha crecido. Por ejemplo, en 1979, era del 4,6%como porcentaje del PIB; para 2002, el 4,5%.
Por corrupción, según los datos de la Comisión de Control Cívico de la Corrupción (CCCC) se pierden alrededor de $2 000 millones anuales, aunque el Banco Mundial calcula que es menos y habla de un promedio del 1% del PIB en los países en vías de desarrollo. Sin embargo, el perjuicio mayor está en la cada vez más creciente falta de confianza en las instituciones democráticas del Estado, no solo porque no pueden frenar este fenómeno, sino porque los ciudadanos no tienen a dónde recurrir para reclamar por un manejo más adecuado de los fondos públicos.
Aunque al regionalismo es más difícil cuantificarlo, también genera un fuerte déficit, porque atenta contra la débil unidad nacional y exacerba sentimientos de rivalidad, especialmente entre la Costa y la Sierra, y al interior de estas mismas regiones. En 2000, luego del golpe de Estado indígena-militar, Guayas, El Oro, Esmeraldas y Los Ríos quisieron declarar su autonomía provincial que, en el caso del país, puede interpretarse como el regionalismo en su más aguda expresión.
Esta autonomía implicaba no solo un manejo independiente de los recursos que se producían en esos lugares, sino asumir responsabilidades estatales que podían romper los pocos referentes de unidad nacional, como el manejo de la seguridad.
El populismo también pasa una factura alta: triunfos electorales basados en ofertas inalcanzables y que dan más frustración a la población. (SL)

Participación social, el reto futuro

Frente a este duro diagnóstico, las preguntas que inmediatamente surgen son: ¿por qué falla la democracia?, ¿qué alternativas hay? y ¿cómo se puede viabilizar el sistema?
Las respuestas no son fáciles ni de corto plazo, porque requieren de un alto compromiso de las autoridades nacionales y locales, de los dirigentes políticos y partidistas, de los líderes sociales, gremiales e indígenas y, sobre todo, de la sociedad civil en su conjunto.
El primer paso en este largo camino es reconocer que la democracia es producto de la existencia de conflictos, sean ideológicos, interétnicos, regionales, de poderes, por la disparidad en el grado de desarrollo. Por ello, el sistema debe ser capaz de diseñar mecanismos para su resolución, en donde no solo se garantice emitir normas o leyes, sino una participación de los ciudadanos, justamente para evitar caer en el populismo o en el caudillismo que ha afectado seriamente a Ecuador y cuyo ejemplo más representativo (pero no el único ni el último de estos años) es Abdalá Bucaram.
Líderes como él surgen justamente en momentos en los que la crisis económica no ha podido superarse (primero por la sustición de importaciones, luego por la dolarización y los esquemas económicos neoliberales), cuando el número de pobres y el de personas empleadas en el sector informal crece, así como la desconfianza en los partidos políticos.
La participación no solo es acudir a votar cada dos años para elegir a quienes nos representarán en las diferentes esferas estatales y locales. Tampoco se limita a exigir una rendición de cuentas a las autoridades o pedir el cumplimiento de la Ley. También implica ayudar a construir esos mecanismos de resolución de conflictos, esos canales que permitan atender esos conflictos y resolverlos.
Si la pobreza, el populismo, el regionalismo y la corrupción no han sido resueltos, la sociedad civil debe propender a conseguir una organización más efectiva, en donde en realidad primen los intereses de los grupos mayoritarios y no de las dirigencias, las élites o los sectores económicos más poderosos como se estila.
La educación y la capacitación son las mejores armas para esto, pero no solo se trata de una educación formal, sino de una en la que los partidos también participen, no solo con charlas y conferencias, sino renovándose y presentando alternativas para que los más jóvenes no vean a la política como algo ajeno, sino como parte de su convivir y como el medio para resolver las diferencias. Mientras no haya un mecanismo distinto de representación política y democrática, hay que mejorar el vigente. (SL)

Hora GMT: 12/Agosto/2004 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO

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