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Publicado el 12/Abril/1994 | 00:00


Quito. 12.04.94. (Opinión) Los dos últimos años han marcado un
aumento impresionante de la delincuencia en el Ecuador. Un
estudio del Centro Andino de Acción Popular, publicado por este
diario, reveló, en efecto, que en los últimos dos años los
secuestros crecieron en un 65%, los asaltos en un 57% y los
homicidios en un 31%, mientras se registró una reducción del
13,8% en el robo de carros, lo cual no es un consuelo si se
considera la dimensión alcanzada por este último fenómeno.

El CAAP asocia el aumento de la delincuencia al deterioro general
de la situación económica y social del país: falta de empleo,
derrumbe de los ingresos y pérdida de referentes sociales
colectivos (anomia), como consecuencia de lo anterior.

El aumento de la delincuencia ha supuesto un deterioro de la
seguridad pública. No hay ciudadano en el país que no tenga este
momento un pariente o al menos un amigo cercano que no haya sido
víctima de los delincuentes. Y no hay peor sentimiento de
inseguridad y desconcierto que aquel derivado de la violación de
los espacios personales: robo de casa, secuestros, asaltos. Todo
eso, en conjunto, genera un ambiente de incertidumbre y temor
social, que a la postre genera más violencia.

El deterioro social del país ha sido progresivo y sistemático
desde la década pasada. A diferencia de otros países de América
Latina que han logrado un clima de estabilidad y crecimiento
económico, el Ecuador ha sido víctima de sus propias indecisiones
y ambigüedades, lo cual ha prolongado la crisis más allá de los
admisible.

La respuesta al aumento de la delincuencia no vendrá del aumento
de los castigos y las penas. Vendrá solo cuando el tema de la
seguridad pública se convierta en prioritario, y ello está
profundamente vinculado con la problemática social del país. (1A)
[1899]

Ciudad N/D

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