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AUGUSTO BEBEL

Publicado el 16/Octubre/1992 | 00:00

AUGUSTO BEBEL Por Alejandro Moreano

Quito. 16.10.92. (Editorial) Augusto Bebel, obrero tornero,
ídolo de los trabajadores, agitador varias veces preso, amigo
personal de Marx y presidente del Partido Social Demócrata
alemán, solía llevar un bello reloj de oro de bolsillo.

Tiempo después, Willy Brandt lo sacaba a relucir en las
grandes ocasiones para reclamarse heredero de Bebel.
Poco antes de su muerte, Augusto Bebel había convocado a los
trabajadores a oponerse a la primera guerra mundial y todos
los miembros de la dirección estuvieron de acuerdo. Pero,
cuando ésta estalló, casi todos se sumaron a la histeria
belicista.

Solo Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo se opusieron y
convocaron a la desobediencia civil y militar. ¿Por quién de
ellos hablaba Bebel, el maestro de Willy Brandt? En los
momentos más candentes de la guerra fría, Willy Brandt convocó
a la distensión y a la unidad alemana y propició los primeros
acercamientos con la URSS y la Europa del Este.

Terminada la primera guerra mundial, los trabajadores formaron
Soviets en varias ciudades alemanas. El país vivía una gran
efervescencia revolucionaria. Entonces la burguesía prusiana
aceptó la formación de un gobierno de los socialistas
reformistas que, en uno de los más horribles crímenes
políticos de la historia moderna, ordenó el fusilamiento de
Liebknecht y de Rosa Luxemburgo.

Rosa Luxemburgo, Rosa la Roja, era tierna y dulce, uno de los
más brillantes teóricos marxistas y agitadora de un temple tal
que asombró a sus propios verdugos. ¿Con quien estaba el
viejo Bebel: con Rosa la Roja o con sus asesinos?

Willy Brandt soñaba con la reconciliación de Alemania y con la
reunificación de las dos grandes corrientes del movimiento
obrero. Reformista en la práctica, admiraba empero a Marx y
de joven solía poner rosas rojas en la tumba de Rosa.

La reunificación que se produjo no era la que él soñaba. Ni
aquella que produciría la reconciliación de las dos corrientes
históricas del socialismo alemán.

Por el contrario, significó la derrota tanto de los comunistas
como de la social democracia.

Al principio, parecía cumplirse lo que un auténtico heredero
de Bebel desearía. Bajo el lema "Movimiento" -Si/Pero sin
retroceso/ Vía libre al ciudadano libre/ Pero: no demos al
Capitalismo/ otra oportunidad"; miles y aún millones de
alemanes del Este, dirigidos por artistas y los jóvenes del
Nuevo Foro, derribaron el Muro de Berlín.

Pero, la alegría de libertad duró poco. Pronto del Este al
Oeste, miles de alemanes pasaron por encima de los activistas
del Nuevo Foro, rumbo a una orgía de hamburguesa y coca cola,
en una suerte de erótica de la promiscuidad de objetos, de
psicodelia lisérgica de la publicidad.

Y del Oeste al Este, las grandes empresas dispuestas a
apropiarse de todo lo que sirva y a tirar a la basura el
resto. El resultado: miles de empresas quebradas, cerca de
cinco millones de desocupados y el rebrote de un feroz racismo
propio de países desarrollados con altos niveles de
desocupación.

Gunter Grass, el más grande escritor alemán actual, conciencia
de su época, y admirador de Willy Brandt, lo ha señalado:
nuestros hermanos alemanes soñaban con el viaje a la libertad
y les dimos la boleta de desahucio.

Hay, sin embargo, muchos alemanes de ambas regiones que se
plantean otra Alemania.

Ellos, sin duda, y luego de la muerte de Willy Brandt son los
verdaderos herederos del reloj de Bebel. 4A

Ciudad N/D

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