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Arar en el mar

Publicado el 12/Diciembre/2012 | 00:47

Segundo E. Moreno Yánez

smoreno@hoy.com.ec

Con mucha razón algunos autores han considerado la carta de Simón Bolívar al general Juan José Flores, fechada el 9 de noviembre de 1830 y publicada en Correspondencia del Libertador con el general Juan José Flores, 1825-1830 (Quito, PUCE, 1977), como el último legado del Libertador. En un tiempo versátil, precario e inseguro, cuando la "flexible" voz del pueblo "se presta a todas las modificaciones que se le quieren dar", escribe Bolívar, "ese pueblo está en posesión de la soberanía y hará de ella un saco o un sayo, si mejor le parece; en esto no hay nada determinado aún, porque los pueblos son como los niños que luego tiran aquello porque han llorado […] Mañana se matan unos a otros, se dividen y se dejan caer en manos de los más fuertes o más feroces". Y el decepcionado Bolívar, acertadamente, colige: "Esto es política".

El ser humano, quizás, solo aprende la lección en las postrimerías de su vida, por lo que su ocaso es la natural invitación para realizar un balance cercano a la objetividad. No admira, por lo tanto, que Bolívar haga estas póstumas reflexiones, las que tienen el sabor de amargos vaticinios: "Ud. sabe que yo he mandado 20 años y de ellos no he sacado más que pocos resultados ciertos: 1º La América es ingobernable para nosotros. 2º El que sirve una revolución ara en el mar. 3º La única cosa que se puede hacer en América es emigrar. 4º Este país caerá infaliblemente en manos de la multitud desenfrenada, para después pasar a tiranuelos casi imperceptibles, de todos colores y razas. 5º Devorados por todos los crímenes y extinguidos por la ferocidad, los europeos no se dignarán conquistarnos. 6º Si fuera posible que una parte del mundo volviera al caos primitivo, éste sería el último período de la América". Consecuente con la visión de la realidad política de los países liberados con su espada, Bolívar advierte a Flores: "Mi consejo a Ud., como amigo, es que en cuanto Ud. se vea próximo a declinar, se precipite Ud. mismo y deje el puesto con honor y espontáneamente. Nadie se muere de hambre en tierra".

Después de leer las experimentadas reflexiones bolivarianas admira constatar que, casi 200 años de historia, han confirmado sus presagios acerca de un país que "marcha sobre un terreno volcánico", con ciudadanos todavía "colonos y pupilos de forasteros", gobernados por hombres, "unos orgullosos, otros déspotas, y no falta quien sea también ladrón, todos ignorantes sin capacidad alguna para administrar". Basada en el diagnóstico extraído de la "historia clínica" de un pueblo, sigue siendo actual esta postrera observación del Libertador: "La súbita reacción de la ideología exagerada va a llenarnos de cuantos males nos faltaban, o más bien los van a completar. Ud. verá que todo el mundo va a entregarse al torrente de la demagogia, y ¡desgraciados de los pueblos! y ¡desgraciados de los gobiernos!".



 

Autor: Segundo Moreno - smoreno@hoy.com.ec Ciudad Quito

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