Por Margarita Laso
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El cielo es un resplandor y apenas se ven las alas de este artefacto que vuela. Cerca de doscientas personas están viendo desde lo alto el entorno poblado, los edificios que desbordan las laderas, Quito urbano creciendo hacia las explanadas del Sur, las quebradas del norte, el alto Pichincha y el valle dividido por el puma zambo que es ahora el Ilaló.
Desde lo alto se ve la ciudad en movimiento y toda la zona rural con su paisaje. Así también el espectáculo de silencio y permanencia que da la cordillera en este enero. Al sur la mole del Corazón, al este el Antisana, al norte el Cayambe. Esta es una ciudad de la montaña, una ciudad andina. Desde aquí se divisa la roca negra, Yanasacha, la piedra vertical del Cotopaxi. Parece que está "aquicito", pero el Cotopaxi y Latacunga, su centro urbano más importante, están en otra provincia. Desde el avión se ve que, si el destino es Quito, la pista del aeropuerto también está en Quito.
También se ven las canchas estudiantiles de los centros poblados con coloridas camisetas de jugadores que corretean con sus diversas divisas, y grupos de niños y niñas que cargan sus mochilas en distintas direcciones. Pero hay que aterrizar para ver este sol de mejillas coloradas, o si alguno atinó a mojarse la cabeza o si es alegre la conversación que llevan. ¿Son beneficiarios de alguno de los programas sociales del Estado? ¿Su inversión facilitó sus matrículas? ¿Están ahora más protegidos? ¿Disfrutan del desayuno escolar? ¿Alguno de ellos salió de la cárcel donde cumplía una condena con su madre? ¿Hubo quienes recibieron apoyo del programa para la erradicación del trabajo infantil? Grandes recursos llegan a más niños hoy y ayudan a mejorar sus condiciones de vida aún en la adversidad. Algunas estadísticas recogidas por UNICEF sobre la inversión social señalan que el Estado favoreció a estos sectores vulnerables en forma creciente en estos años, sin dejar de destinar fondos al sector productivo afectado también por la crisis internacional. Se ampliaron las coberturas de programas sociales, se mejoró la prestación de servicios públicos, se aumentó el número de profesores y médicos a nivel nacional, entre otras acciones. Esto no se ve desde ese avión que va llegando a su destino, como de lejos tampoco se ve cómo esta inversión ha cambiado la vida de miles de ecuatorianos.
El discurso de que solo con educación se transformará el país ya no se escucha pues ante el esfuerzo del Estado ahora aparece el discurso del aumento de penas contra la delincuencia afirmando "que los buenos somos más". Este combate a la pobreza y a la inequidad que muestran las cifras no aparece sin embargo ni en las agendas mediáticas, ni en las marchas de "los buenos", como si solo fuera tarea del Estado. Pero ha mejorado el cumplimiento de derechos de niñas y niños, y si es deseable la protección estatal para los sectores productivos, cómo no lo será su inversión a favor de estas niñas de trenzas voladoras, estos niños de mandil y delantal, que sortean esta cuesta con sonrisas de regreso a casa.
Hora GMT: 09/Enero/2010 - 05:08
