Por Ernesto Albán Gómez
Si tomamos en cuenta las cifras del referendo de septiembre, uno de cada tres ciudadanos no comparte el proyecto político presidencial, plasmado en la Constitución vigente. La mayoría, dos de cada tres electores, votó a favor de la Constitución, y en las democracias, las mayorías mandan. La composición de estos dos bloques es una cuestión que en algún momento debería ser examinada más a fondo, a través de encuestas y otras investigaciones. Habría que anticipar, por cierto, que en el porcentaje de los discrepantes no se ubican tan solo pelucones, banqueros y periodistas.
Pero ese no es el tema de hoy. La cuestión que ahora me preocupa es comprobar que ese sector, minoritario pero significativo, no dispone de mecanismos de intervención política y ni siquiera de expresión pública. O, si los tiene, no los utiliza o no los quiere utilizar, o teme utilizarlos. A tal punto que da la impresión de que es mucho menor o casi ha desaparecido.
A no ser porque todavía se encuentran opiniones que, a través de los medios de comunicación, exponen públicamente la disconformidad.
Y no es que haya el prurito de oponerse por oponerse. Se trata simplemente de que muchas decisiones del Gobierno, de grande y pequeña monta, son, por decir lo menos, discutibles. El dudoso manejo económico, la errática política internacional, la inestabilidad en la gestión administrativa, la utilización desmedida de los recursos públicos en publicidad, la cada vez más evidente concentración de poder y la consiguiente debilidad institucional, la intolerancia y hasta la grosería con la crítica, inclusive la violación de la Constitución que acaba de entrar en vigencia, son, entre otros, ámbitos en los cuales se han registrado acciones gubernamentales que merecen serios cuestionamientos. Y como estimo que ese tercio no comparte tales actuaciones ni las considera propias de un sistema democrático, pues lo lógico sería que demuestre su rechazo.
Debería suponerse, en principio, que los otros dos de cada tres ciudadanos están de acuerdo con los procedimientos y resoluciones gubernamentales. O que, tal vez, los consideran necesarios o inevitables en los actuales momentos. Pero me pregunto si en esa mayoría no hay quienes, al menos, dudan de la legitimidad o de la conveniencia de determinadas actuaciones del gobernante y de algunos de sus colaboradores. Espero que así sea.
Se ha señalado que si algunos de estos hechos hubieran ocurrido en regímenes anteriores, habríamos visto en las calles continuas demostraciones de protesta. Ahora no ocurre nada de esto. La tónica general es la pasividad.
Los ciudadanos callan, ya sean los opositores o aquellos partidarios que en algo se apartan de la línea oficial. Sospecho que estamos viviendo una etapa inédita de la historia reciente del país, en que prevalece el silencio. ¿Por qué? Pueden hacerse muchos diagnósticos; pero, en cualquier caso, esta penosa impresión: "aquí no pasa nada" es un pésimo síntoma que nos advierte sobre la mala salud de la democracia.
ealban@hoy.com.ec
Hora GMT: 21/Diciembre/2008 - 05:12

21/Diciembre/2008 a las 10:34
En verdad, la actitud que ha tomado la ciudadania ante tales abominaciones del gobierno es preocupante, ha habido un incesto constitucional, los mismos padres que debatieron y gastaron ingentes fortunas en la atosigante propaganda por aprobar la nueva carta magna; la violan, y casi nadie dice nada! lamentablementa habra que seguir lloviendo sobre mojado y seguir anotando que este gobierno mas que fallas humanas por la accion propia de la toma de decisiones lo que hace gala es de su incapacidad (es diferente a errar, se puede ser capaz y cometer errores), es un gobierno lleno de esbirros y gente desleal, el gobierno goza de una precaria salud institucional, esta podrido en las mas altas esferas. Nada funciona con este desgobierno.
21/Diciembre/2008 a las 14:11
Lo que sucede es esto: durante toda la vida que yo recuerdo (desde la década del 60) incesantemente se nos ha venido lavando el cerebro por parte de medios informativos, universiades, colegios, fundaciones, iglesias, políticos, y el perro y el gato, de que la izquierda es lo máximo, el socialismo es el paraíso y el Che es Jesús. De manera que ahora que tenemos un gobierno de izquierda ya no hay ninguna razón para protestar, todo es bueno y punto. Y el que protesta es un traidor o está loco. Si mal no recuerdo hasta el Dr. Albán se las ha dado de izquierdoso.
21/Diciembre/2008 a las 16:32
toda la razon!!.. aqui la gente se esta callando, desde mi perceptiva la gente esta con miedo.. que el presidente insulte, o mande a callar e incluso eso de que haya metido preso a gente (civiles, banqueros, etc, etc) q se haya manifestado x no estar de acuerdo con su forma de gobernar, es una forma de manipulación, que esta funcionando porque está callando a la gente.. ni que fuera una dictadura!! o acaso lo es??..