Análisis
Por Simón Cueva Vicerrector, Universidad de las Américas
La crisis financiera mundial tiene parecidos con la de 1999 en el Ecuador: bancos que toman excesivos riesgos, balances no transparentes, cada vez mayor desconfianza entre unos y otros, generando un riesgo de un derrumbe del crédito, que a su vez puede generar una fuerte recesión. Frente al problema, las autoridades deben escoger entre dejar que se caigan bancos -para que los más arriesgados paguen más y se genere un precedente- o salvar a muchos, para evitar un impacto económico muy fuerte, pero utilizando recursos públicos que, a fin de cuentas, paga el contribuyente. A estas alturas, Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Alemania han tenido que poner plata para salvar bancos: el problema ya es mundial. La ayuda aprobada por el Congreso estadounidense dará un respiro, pero no evita un fuerte golpe a la economía.
Lo ideal sería que el mundo aprenda de la crisis, para minimizar el riesgo que vuelva a pasar. Hay al menos dos grandes lecciones. Primero, los bancos solos tienden a tomar demasiados riesgos por la tentación de hacer buenas ganancias y deben ser regulados muy de cerca. Segundo, las finanzas se vuelven cada vez más sofisticadas, por lo que los entes reguladores deben ser muy institucionales, independientes, conocedores del mercado.
La solución no es que el Estado decida en lugar de los bancos a quién prestar o a qué tasa de interés, porque no es bueno tomando esas decisiones, está sujeto a influencias políticas y no conoce bien la realidad económica de cada sector o empresa. Ahora, la regulación pública del sector debe ser incisiva, independiente de intereses y altamente técnica.
Hora GMT: 07/Octubre/2008 - 05:01
