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Anciano en la vanguardia

Publicado el 16/Junio/2007 | 00:00

Guarnecido por un grupo de hermanos carmelitas descalzos que trabajamos en el Ecuador, celebró íntimamente su jubileo sacerdotal, sus 50 años de compromiso con la Iglesia, sus 30 años de presencia episcopal, como vicario apostólico de Sucumbíos, animador insigne de la presencia laica en los caminos de la Iglesia en el Ecuador, monseñor Gonzalo López Marañón.

Cristiano profundo, religioso fiel, señor y servidor, sin menoscabo alguno de su característica castellana fue siempre hermano de indios, amigo de negros, hecho para el universo y para el rincón en donde le ubicara su vocación y su capacidad de pastor.

En los orígenes de nuestra libertad amazónica, Sucumbíos confinaba con Colombia, Brasil y Perú y en sus selvas violadas por aventureros de leyenda se generó la que debía llamarse cultura del caucho y el esmaragdo. Jugando con los misterios de la selva, las cuatro o cinco líneas diferentes de nuestro indigenado aborigen local, mantenían una celosa historia de independencia soberana, que no necesitó de la violencia para defender su integridad. Por sí solos se mantuvieron soberanos y tan solo el avance de las investigaciones petroleras ha ido profundizando el arrinconamiento indígena.

La nación sabe bien a quiénes pasa el secreto de la selva cuándo el poseedor natural de ella se esconde, tal vez para preparar alguna forma novísima de restauración de su independencia.

Continuando la presencia castellana de los predecesores apostólicos de Gonzalo López, él y el fuerte apoyo carmelitano y de otras comunidades misioneras, le han dado al reducido Sucumbíos presente, una imagen también impresionante, como la aborigen.

Son los misioneros -y sobre todo su dirigente fundamental, monseñor Gonzalo- los generadores de una nueva cultura, de la que el principal valor, célula viva de un real recrecimiento, es la importancia trascendental que los misioneros dan a todo ser humano laico. A todo seglar, como comprometido fundamental en el recrecimiento de una conciencia de participación y de solidaria conducción de la realidad social, el enfrentamiento sereno de su problemática y el esfuerzo constante por la superación de los llamados “vicios” del crecimiento social. Anciano en la vanguardia, el obispo Gonzalo López Marañón enfrenta silencioso su natural merma de respuestas suyas a sus propias exigencias misioneras. La vejez no es un impedimento capital cuando se la sobrelleva con la serenidad acumulada por una experiencia de muchos años de permanente entrega e indeclinable ofrenda propia. Sabe bien monseñor Gonzalo López Marañón cuán cierta es la frase célebre de San Juan de la Cruz: “En la tarde de la vida, te examinarán en el amor”. Sucumbíos es testigo de cómo ha llegado la tarde a un ser que con tanto amor le ha entregado la vida.

Ciudad Quito

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