Por Bernardo Tobar Carrión
Con frecuencia intentamos explicarnos la realidad con noticias, prensa y actores políticos, pero lo cierto es que los titulares de hace 50 años o los de la semana pasada nos hablan de la misma inacabable y barata telenovela. De la revolución Alfarista y la Juliana a la Ciudadana; del Viejo Luchador, los caudillos de turno, el "dueño del país" y el "dictócrata" hasta el nuevo "dueño del circo"; de tiempo en tiempo refundamos la patria para lo cual, naturalmente, hay que darse nueva Constitución (ya llevamos 21). Es un viejo y gastado guión, interpretado por distintos actores cuya sobresaliente capacidad teatral los mantiene vigentes y reincidentes por temporadas, hasta que el público cansado de aplaudir obliga su reemplazo por intérpretes frescos o refrescados. El tirano, el dictador, el loco a secas, el loco que ama, el loco que odia, todos existen porque el público lo pide. En el titular de prensa se lee destitución, conspiración, golpe de Estado, elecciones anticipadas o cosas por el estilo, apenas formas de instrumentar el tedio del auditorio, que no obstante sigue pagando por el mismo libreto, ligeramente adaptado según la moda.
Si descendemos del titular, las imágenes, de la web a la calle, literalmente, resulta más fácil entender el desorden, la insolencia, la indolencia, la necedad tan comunes al comportamiento colectivo que vemos en la política y sus actores. Atravesar nuestro país es una aventura tan riesgosa, impredecible, caótica, folclórica y llena de sorpresas, que nos conformamos con tan solo llegar, cuando se llega. Y si no se llega, nos conformamos también, porque ¡así es la vida en el trópico! Semáforos imposibles de divisar, instalados detrás de un árbol; vías de concreto, supuestamente eternas, que en pocos meses lucen parchadas con brea; señales que orientan el destino luego de la maniobra necesaria para alcanzarlo; vías rápidas que rápidamente concluyen porque su mantenimiento o construcción nunca concluyen; ausencia elemental de pasos perimetrales para evitar poblaciones cuyas calles constituyen mercados, bares y canchas deportivas a un tiempo; vías cuyo estado catastrófico no es óbice para hacerlo aún más tortuoso a golpe de "chapas acostados" -lo único consistente de nuestra realidad vial, junto con paros y derrumbes-; "pasos cebra" que no hay, aunque sí "cebras" al paso, con burro, animal y bestia que no dan paso. Si en medio del despelote alguien cruza y milagrosamente salva la vida, típicamente se ríe cual actor de teatro divertido ante el simulacro frustrado de su propia muerte, ¡como cuando dan el voto!
Así son nuestras vías, las arterias que distribuyen la sangre de la cultura nacional por toda su geografía. Reflejan la anarquía, el total desprecio por un sistema de reglas e instituciones, una indolencia general ante el descalabro; por eso hay caciques, caudillos, dueños de país, que hacen y deshacen las cosas a su gusto. Por eso la democracia en el Ecuador no es real ni formal sino tan solo teatral, cuyo fin es mantener un público que acuda en cada nueva elección a comprar su entrada y mantener el circo rodando.
btobar@hoy.com.ec
Hora GMT: 08/Enero/2009 - 05:07
