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Amor y posmodernismo

Publicado el 03/Abril/2009 | 00:05

Para el amor narcisista, el otro no existe por sí mismo, sino en tanto cumple el deseo de posesión

Por Ana María Correa


amcorrea@hoy.com.ec

¿Qué es el amor en los tiempos de la posmodernidad? ¿Cómo se han transformado las relaciones humanas, y la creación de espacios de construcción emocional entre seres humanos bajo los prismas cibernéticos? Más aún, ¿es posible hablar del amor, como diálogo de alteridad, asumiendo la deconstrucción posmoderna de los espacios de sentido posible y la repetición incesante de íconos e imágenes vacías en un espacio infinito y anónimo como es el ciberespacio?

Los seres humanos, nos recuerda Ricoeur, construimos narrativas de nuestras vidas para crear identidades personales y colectivas. Estas narrativas son cuentos que tienen un autor -cada individuo-, comienzo, protagonistas y final, y sirven para dar sentido a aquello que parece no tenerlo, a la incertidumbre frente al sentido de la vida y de la muerte. En el mundo contemporáneo, en el que los adolescentes son novios vía msn, los servicios de citas en línea proliferan y las amistades se mantienen por Facebook y en tiempo real, con actualizaciones live y con cientos de imágenes "privadas" que se multiplican, ¿en dónde queda la posibilidad real de crear narrativas de imaginación comunes que recreen el concepto de amor en el mundo contemporáneo?

¿Está la cultura del siglo XXI fomentando la imaginación narrativa de dos que dialogan, base común del amor de pareja, y de la posibilidad de proyección de éste en el tiempo? ¿O está la tecnología de la información, con su simulación, repetición de imágenes y realización instantánea y simulada, trabajando en contra de la creación de imaginación responsable, de historias posibles, de amores verdaderos?

En el antimundo de la imaginación, como Sartre lo definió, está el amor narcisista, aquel que se alimenta en su propio laberinto de deseo, aquel que crece con sus propias imágenes, desconoce la existencia del otro, intenta proyectar en el otro las réplicas de sí mismo, desconociendo la diferencia, al alteridad, y vive infinitamente creándose y recreándose en el espejo.

Para el narcisista, la infatuación es consigo mismo, con su propia estructura ficticia. Es la negación más pura del amor, pues proviene del vacío de reconocimiento de quien ama, de quien imagina. Desprovista de contacto real con el otro, el narcisista emprende un monólogo consigo mismo. Para el amor narcisista, el otro no existe por sí mismo, sino en tanto cumple el deseo de posesión. Para el amor de Narciso, no existe la imaginación, esta no es posible en tanto no existe el otro.

Regresando al posmodernismo y al amor. Parece que las relaciones humanas actuales están mediadas por las comunicaciones omnipresentes del siglo XXI, lo que paradójicamente coarta su capacidad narrativa individual y colectiva y mina la creación de sentido e identidad individuales y compartidos. Cuando Internet ha permeado cada uno de los espacios de lo privado y ha creado un "espacio-tiempo" ficticio, el sentido de inmediatez e irrealidad marca la construcción de los afectos, por la compresión de pasado, presente y futuro. Finalmente, ¿no será que el espacio virtual es el océano multiplicador de monólogos sartreanos de Narcisos que buscan en el espejo cibernético infinitas réplicas de sí mismos? Reflexiones necesarias, en épocas de "amor" posmoderno…

Hora GMT: 03/Abril/2009 - 05:05

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