Quito. 22 ene 99. (Editorial) Lo que menos me gustó -no sé
si llamarlo forma o fondo- fue su falta de fe, su tono, su
actitud. Vi un presidente agobiado por el peso de la crisis,
sin convicción, sin el liderazgo necesario para infundirnos la
certeza de que saldremos adelante. Vi un presidente con más
preguntas que respuestas, con ideas generales antes que con
propuestas precisas. "Debemos empezar a pensar que a lo mejor
sería bueno que...", en lugar de "he decidido que...". Vi un
presidente con un mensaje que debió decirnos el 11 de agosto,
pero no en enero. Su diagnóstico y la parafernalia solo
servirán acaso para encubrir unas cuantas medidas que a lo
mejor se anime a mandar al Congreso para intentar paliar el
déficit fiscal.
Vi un presidente que a fuerza de seguir curándose en salud
infunde desaliento a la población y envía señales
catastróficas al exterior, muy negativas para la posibilidad
de captar inversiones. ¿Se privilegia la imagen por sobre las
conveniencias del país? Un presidente curado en salud no es
imputable de los desastres venideros, porque... ¿qué más podía
hacer el pobre ante semejante crisis?
¿Resulta imprescindible que nos recuerden a diario que estamos
a bordo del Titanic? Eso ya lo sabemos de sobra. Lo que no
sabemos es si el capitán de nuestro Titanic actuará igual o
distinto al del inglés. ¿Habrá algún pasajero que aborde el
Titanic una vez que ha golpeado contra el iceberg? ¿Habrá
algún inversionista que meta su plata en un barco averiado?
Mahuad dijo muchas cosas razonables, pero parecían dichas por
un analista antes que por un ejecutor. Todo ese contenido en
un análisis de prensa habría sido muy bueno, pero insuficiente
en un presidente que a los cinco meses de ejercicio no sale de
la queja, la exhortación y las ideas sueltas.
Me parece muy bien, por ejemplo, recortar el presupuesto -ya
que no habrá de dónde sacar más ingresos-. Hágalo. Párese duro
con las Fuerzas Armadas, con la Cancillería que tiene
demasiado funcionario innecesariamente bien pagado, calentando
asientos en todo el mundo. Defina qué queremos hacer de
nuestra presencia internacional para rediseñar un nuevo
servicio exterior más económico y eficaz, acorde con nuestra
realidad de país paupérrimo. Recorte secretarias, secretarios,
vicecónsules y agregados. A lo mejor bastan un agregado
militar y uno civil, en lugar del aéreo, del ejército, de la
marina, cultural, de prensa, de negocios, de comercio y qué sé
yo qué más.
Vivimos una crisis en serio, de acuerdo. No sé si la peor en
70 años. Todos los gobiernos desde que recuerdo afrontaron
severas dificultades. Hubo uno -que recuerdo mejor- que heredó
una reserva monetaria negativa de menos 200 millones de
dólares. Entonces el Banco Central no podía darse el lujo de
salir al mercado, con 70 millones de dólares en un día, a
parar a los especuladores de la divisa.
Una crisis en serio amerita una transformación en serio, que
no se vislumbró la mañana del martes.
No sé qué digan las encuestas ahora, pero siento que la luna
de miel terminó. La situación se pone color de hormiga para el
gobierno. Los socialcristianos, con su gran olfato electoral,
ya marcan distancias. La centro izquierda en la oposición, las
centrales sindicales, el Frente Popular y los estudiantes
dispuestos a la batalla. Ya se escuchan críticas de los
empresarios y en los medios de comunicación. Y la fórmula de
la recuperación no pasa de ser un compendio de algunas buenas
ideas. (DIARIO HOY) (P. 4-A)
Hora GMT: 22/Enero/1999 - 05:00 Ciudad Quito Autor: Por Francisco Borja Cevallos
