Por Alexandra Ayala Marín
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Irrefutable e histórico: Rafael Correa no necesitó de una segunda vuelta para ser reelecto como presidente de la República e iniciar el segundo verdadero período del "cambio de época", como él proclamó en su discurso de posesión en 2007. ¿Verdadero? Sí, porque este es el que marcará la aplicación de la reforma política, precisada en la Constitución 2008. El anterior, que aún no concluye, ha sido escarceos gubernamentales no precisamente amorosos, a pesar del "infinito amor", como reza el hurtado eslogan de Patria, tierra sagrada, que acompañó buena parte de su propaganda de campaña, y de la otra, para incidir en el voto a su favor.
Irrefutable e histórico también, el triunfo de Jaime Nebot, electo por tercera ocasión como alcalde de Guayaquil, no obstante la dura campaña en contra proveniente del presidente y una de sus más obsecuentes seguidoras, María de los Ángeles Duarte, que disputaba la principal silla edilicia de la ciudad. Y otro irrefutable, y penoso para la historia ecuatoriana, es el segundo lugar de Lucio Gutiérrez. No se puede hablar de histórico en este caso, porque ya hubo presidentes echados del poder y vueltos a poner o elegir, por las bizarras circunstancias que han marcado nuestro acontecer político.
Aparte de otros hechos irrefutables, históricos o no, en la elección del domingo pasado, estos deberían convertirse en grado 5 de alerta política para el futuro desempeño presidencial y de sus seguidores. Un 52% en primera vuelta está muy bien, pero implica una baja importante en cuanto a la votación que RCD y Alianza o Acuerdo País habían recibido desde el referendo para convocar la Asamblea Constituyente, y del 80% obtenido a favor de sus asambleístas en septiembre de 2007. Un casi 70% para Nebot en Guayaquil significa una adhesión sólida a un alcalde que, quieran o no, con fallas y limitaciones, reconstruyó la ciudad y, sobre todo, la convirtió de muladar en sitio no solo transitable y agradable, sino destino turístico, aun internacional, para la autoestima guayaquileña.
Junto a este triunfo y el del candidato a prefecto, Jimmy Jairala, sorprende el porcentaje obtenido por Correa en esa misma ciudad, que eligió a figuras de la oposición por encima de las representantes de AP, incluida la hermana presidencial. En otras palabras, no se endosan votos. Este hecho es una prueba, también irrefutable, y no obstante el triunfo de los candidatos AP en Quito y Cuenca, y el primer lugar de Correa en casi todas las provincias, de que la "revolución ciudadana" puede ser solo con Correa. O sea, no hay tal. Su gran desafío será que él mismo la despoje de Correa y la construya como ciudadana, precisamente.
La campaña de desprestigio hacia Nebot y sus seguidores que montaron los estrategas correístas, y no con tanta fuerza contra Gutiérrez, no dio resultado. Entonces, otro irrefutable: fallaron los goebbelianos estrategas correístas. Corrieron esta vez con la misma receta de la primera y olvidaron, como malos médicos, que más que enfermedades hay enfermos. ¿Atenderán la alerta, en aras de la ciudadanía?
Hora GMT: 02/Mayo/2009 - 05:11
