Quito, Guayaquil y Cuenca acogen a desamparados en sus albergues. Estos espacios brindan servicios a bajo costo, sobre todo la alternativa de la convivencia, el remedio contra la soledad.
Un espacio para olvidar el dolor del desamparo
Una noche cuesta ¢50. La entrada es a las 17:00 y la salida, a las 07:00 del día siguiente
"Nací en Ibarra y mis padres aún viven allá. Lo imagino porque no sé nada de ellos. Hace cinco años vivo aquí. Encontré un lugar para dormir, comer, bañarme y, sobre todo, gente que me cuida. Ellos son mi familia", contó Luis Viveros, quien reside en el albergue San Juan de Dios, en el centro de la capital.
El hombre, de 53 años, recuerda con nostalgia sus primeros días en la ciudad. "No conocía a nadie y empecé a trabajar como cargador en el mercado de San Roque. Al poco tiempo enfermé, tenía fuertes dolores de cabeza. Una noche me recogieron de la calle y me trajeron acá", relató Luis.
La institución benéfica cuenta con 300 camas, de las cuales 30 están ocupadas por personas que fueron abandonadas. "La mayoría tienen algún tipo de discapacidad o están enfermos. Aquí reciben atención médica y sus tratamientos", señaló Pilar Pillajo, trabajadora social de la entidad.
Una de ellas es "Margarita", como la llaman en el albergue. La mujer de eterna sonrisa tiene discapacidad auditiva. "Es la alegría de la casa. Nos llena de besos y abrazos. Tiene la ternura de una niña", comentó su compañero Carlos Patiño (54), quien estima que la mujer bordea los 70 años.
El mantenimiento de las instalaciones, el pago de servicios básicos, la compra de alimentos y medicinas le representa a la institución un gasto mensual de $1 200.
"Algunos alimentos son donados, pero son insuficientes. Otros recursos provienen de aportes voluntarios y autogestión. La ropa para nuestros huéspedes también es regalada", sostuvo la trabajadora social.
El albergue, ubicado en las calles Bahía de Caráquez y Túmbez, en San Diego, se copa de gente a partir de las 17:00. Dormir una noche en el lugar cuesta ¢50 y la merienda, ¢50 más. "Tenemos todo lo que necesitamos. Comida caliente y camas limpias. Es lo mejor que podemos encontrar a ese precio", dijo Gloria Cifuentes (52), quien prefiere acudir a ese lugar antes que ir donde su hijo.
Para ella, la vida es ingrata. "Enviudé hace ocho años y mis hijos no se preocupan por mí. En el día recorro las calles de Quito vendiendo lavacaras y por las noches vengo aquí. Trato de no intimar con las otras personas" comentó la mujer.
Cada noche, hombres, mujeres y, en ocasiones, niños llegan en busca de socorro. "lgunas veces vienen familias enteras. A los niños les damos un trato especial para cuidarlos. Entre tanta gente es difícil precautelar la seguridad de todos" añadió la trabajadora social.
Por ello, las habitaciones se dividen en varios pabellones para hombres y mujeres. En cada uno, los huéspedes tienen duchas de agua caliente, baños y una sala de estar con televisión. Este espacio es el favorito de Julio César Morales, quien llegó hace dos semanas. "Nací en Guayaquil en enero de 1929, carajo...", responde ante los cuestionamientos sobre su vida.
En el lugar trabajan 18 personas. Alistan las camas, lavan la ropa y preparan los alimentos. En ocasiones, los albergados también colaboran con esas tareas. "Procuramos conocer los antecedentes personales y médicos de cada visitante. Todos deben pagar los servicios que reciben. En casos extremos hacemos excepciones, pero no pueden ir más allá de dos semanas. No buscamos ser asistencialistas", informó Pillajo. (GM)
Hogar Rosa Eva Aguilar
Un lugar de alojamiento con precios convenientes
Hace ocho años el albergue Rosa Eva Aguilar de Sánchez, en Guayaquil, es un hogar para los familiares de los pacientes que se atienden en los hospitales de la Junta de Beneficencia.
Según su directora, Araceli de Gamboa, la idea nació cuando las voluntarias vieron a decenas de personas dormir en los pasillos de los dispensarios cubiertos con cartones de $1. "Firmamos un comodato con una fundación y nos instalamos con 16 voluntarias", contó.
El local posee cuatro salas con 27 camas cada una, una sala de espera y el comedor. El alojamiento y la alimentación cuestan $1,50. El uso de la ducha y el servicio higiénico, otros ¢50 las 24 horas.
Por los bajos precios, el pago a seis empleados se financia con donaciones particulares y fondos de la Asociación de Voluntariado Hospitalario (Asvolh). Además de albergar, ayudan en la rehabilitación motriz y recreativa a los enfermos por quemaduras.
En el último invierno, el local rebasó su capacidad, para 100 personas, no solo por las enfermedades tropicales sino también por el desamparo en que quedaron muchas familias. "No podíamos negarles un techo. Dios da para todos", dijo.
Casos como el de José Quimí (33), motivan al grupo de mujeres a mantener el albergue. José quedó parapléjico al caerse de un árbol en su natal Nobol, hace dos años. Allí, el hombre recibió atención médica y apoyo en su tratamiento de células madre en el hospital Luis Vernaza. "Me ayudaron a conseguir empleo y me motivan a volver a caminar", relató José, quien ya pudo dar sus primeros pasos.
Patricia Arteaga, oriunda de Durán, también acude al centro. Su pequeño Bradley recibe quimioterapia en Solca. Y, aunque otros dejaron de ir porque la muerte los venció, para estas voluntarias queda el consuelo de haberles brindado un hogar digno. (VKC)
Todos tienen derecho a una identidad
De las 30 personas que viven en el lugar, el 60% llegó sin documentos y sus problemas para comunicarse impidieron conocer sus antecedentes personales y peor aún su nombre.
"Todos tenemos derecho a una identidad y ellos no pueden ser la excepción. Con apoyo del Registro Civil, logramos darles un nuevo nombre a todos. Sin embargo, nuestra meta es ubicar a sus familiares", sostuvo Pilar Pillajo.
Actualmente, cuatro personas no han sido identificadas y este espacio servirá para que algún amigo o familiar los reconozca y pueda visitarlos en el albergue.
Fundación Corazón de Quito
La convivencia, el secreto para sobrellevar las penas
El sitio cuenta con capacidad para 30 personas y el costo es de $3 más IVA
"Llevo aquí tres meses esperando la recuperación de mi hijo. El poco dinero que traje se acabó. Si no encontraba este lugar, tendría que dormir en las bancas del hospital", comentó Pascual Sánchez (62), quien reside en el albergue Corazón de Quito, ubicado al norte de la ciudad.
Para el hombre, el día transcurre entre el hospital Carlos Andrade Marín (HCAM) y el albergue, donde habitan 30 personas que, como él, aguardan por la recuperación de sus seres queridos.
"Cada mañana salimos juntos al hospital. Ahí nos encontramos en los pasillos para saber cómo está el familiar del otro. En ocasiones su cuadro mejora y vuelven pronto a sus provincias. Espero ser yo el próximo que tenga buenas noticias", contó el hombre, oriundo de Orellana.
Corazón de Quito se creó en 2003. Recibe a familiares y pacientes que llegan de distintas partes del país en busca de atención médica. "Tenemos un convenio con el hospital del IESS, el Militar, el Eugenio Espejo, la Clínica de Riñones Mendyal y la Asociación de Pacientes Renales de Guayaquil", señaló la directora Ximena Torres.
La institución no recibe apoyo gubernamental, al contrario, cada huésped debe cancelar $3 más IVA, como exige el Servicio de Rentas Internas (SRI). "Las personas tienen alojamiento, las tres comidas diarias y pueden usar las máquinas para lavar su ropa", explicó Torres.
A diario, la entidad funciona a su máxima capacidad. Ello les obligó a mejorar su infraestructura por el bienestar de los pacientes. "Se hicieron rampas para las sillas de ruedas, ampliamos el garage para el ingreso de ambulancias y construimos tres habitaciones más amplias para quienes necesitan equipo hospitalario porque su estado es delicado", añadió la directora.
Elvia Barcenes (50) es otra huésped. Llegó de Lago Agrio hace una semana porque su esposo necesitaba ser operado de una hernia.
"El doctor me explicó que debe reposar 15 días antes de viajar. Averigüé la estadía en un hotel y todos me pedían $7 sin la comida. Las dos primeras noches dormí en un silla junto a mi esposo hasta que Trabajo Social me envió para acá", contó la mujer, quien depende de la agricultura y sufre porque el dinero se agota.
Cada caso tiene su propia historia, pero la pena es la misma. Maura Castro (49), de Sucumbíos, reza cada día por su hijo. "Cuando iba en la moto chocó con un camión. En el impacto perdió una pierna y su estado es delicado. Sufro por mi nuera y mi nieta de seis meses", relató.
En el centro todos son bienvenidos. La condición es ser de provincia y que Trabajo Social certifique su ingreso. "La permanencia del paciente o sus familiares depende del diagnóstico médico", indicó Ximena Torres. (GM)
Hogar Eugenio Espejo
"Los pacientes de provincia necesitan un lugar para recuperarse"
"Llegué a la capital en busca de trabajo hace 15 días. Aún no tengo un lugar para vivir y ahora que me enfermé la situación es peor. No tengo dinero", confesó Mahyker Aroca (39), quien acudió al hospital Eugenio Espejo (HEE), de Quito.
Allí, el departamento de Servicio Social lo contactó con el albergue Hogar Eugenio Espejo, manejado por las voluntarias que colaboran en la institución.
"Nuestros huéspedes son de escasos recursos económicos que llegan a la ciudad por atención médica. Pagan $2 la noche e incluye las tres comidas diarias", señaló Guadalupe Muñoz, presidenta de la entidad social.
El establecimiento tiene capacidad para 40 personas. Consta de dos pisos que fueron construidos con aportes voluntarios y autogestión. "Empezamos en 1992 porque notamos lo difícil que era para el paciente recuperarse cuando no tiene un espacio para descansar. Peor aún si debe viajar constantemente para continuar el tratamiento", dijo la voluntaria.
Ese fue el caso de Juan Pablo Álvarez (27). "Hace 15 días tuve un accidente en moto y me rompí la pierna. La rehabilitación es diaria. Con mi mamá decidimos quedarnos aquí hasta reponerme", sostuvo el joven de Santo Domingo.
El albergue está detrás del HEE. El huésped debe ser paciente o familiar y no permanecer más de tres meses. (GM)
Fundación al Servicio del Enfermo del Cáncer
Mujeres promulgan la solidaridad en Cuenca desde hace 26 años
La Fundación al Servicio del Enfermo del Cáncer (Fasec) trabaja en Cuenca hace 26 años y recibe a pacientes de otros cantones y provincias, en su mayoría de El Oro y Loja. Pese a que su capacidad es para 40 personas, la falta de recursos les permite atender solo a 25.
Wilma Granda, presidenta de la institución, señaló que el objetivo es dar albergue, cuidado y ayuda moral a quienes se someten a quimioterapias o se recuperan de alguna cirugía.
La estadía cuesta $2 por persona e incluye el desayuno y la asistencia permanente de una enfermera. Por el almuerzo y la merienda, que traen de afuera, pagan $3,80.
Hace poco se habilitaron 12 plazas más para alojar a los familiares de los pacientes. Ellos pagan $3,50 por noche, lo que aporta al financiamiento de la obra, que tiene una farmacia.
El presupuesto de este año es de $110 mil, gestionado exclusivamente por el voluntariado y con el reciclaje de papel. Además realizan un festival anual, Cena del Millón, en el que participan las colonias extranjeras residentes en Cuenca.
Entre las 24 voluntarias no participan mujeres jóvenes, porque las madres también trabajan fuera del hogar. "El futuro de la obra requiere de un replanteamiento", añadió Granda. (SK)
DÓNDE COLABORAR
Fundación Corazón de Quito: está en la calle Boyacá 1948 y avenida Universitaria (sector Miraflores). Teléfono: (02)223 4637
Albergue San Juan de Dios: calle Bahía de Caraquez y Túmbez (centro de Quito). Contáctelos al (02) 228 7156
Albergue Rosa Eva Aguilar: ciudadela Atarazana, av. Roberto Gilbert y Democracia. Teléfono:(04) 239 6969 en Guayaquil
Fasec: ubicada en av. Diez de Agosto y Agustín Landívar (Junto a Solca). Teléfono:
(07) 409 6391, Cuenca
Hogar Eugenio Espejo: calle Numa Pompilio y Yaguachi, tras el hospital Eugenio Espejo. Teléfono:
(02) 255 8568
Hora GMT: 07/Septiembre/2008 - 15:47













