Margarita Valladares, dirigente de Edén del Valle n.°2, llama desde su teléfono a la central de alarma comunitaria de su barrio. Enseguida suenan cuatro sirenas ubicadas sobre algunas casas y lugares externos.
En menos de un minuto timbra el teléfono de su casa. Es un vecino que llama a preguntar qué pasó y a dónde tiene que acudir para prestar auxilio. Valladares le dice que no se preocupe: Es solo una prueba para demostrar a HOY cómo opera el sistema
lamento si lo asusté, añade.
Así funcionan las alarmas comunitarias en Quito, un sistema de seguridad en el que participan los moradores del barrio, con el apoyo del Municipio y la Policía Nacional (ver ilustración).
Desde 2003, Corposeguridad, entidad que administra los recursos para garantizar la seguridad y convivencia ciudadana, entrega cada año alrededor de $12 mil a las administraciones zonales para que provean de alarmas a los barrios que las soliciten.
Mario Munive, jefe de Seguridad Ciudadana de la administración Eloy Alfaro, indica que esta dependencia, a diferencia de las otras siete, recibe $1 000, aproximadamente, porque cada año se instala un promedio de 1 000 alarmas.
Para que a un barrio se le suministre el sistema, los dirigentes tienen que hacer un pedido en la administración municipal de su zona. El único requisito es que en este plan participen por lo menos 40 familias y que se aporte con algo de dinero para su instalación y mantenimiento.
Rodrigo Oña, dirigente de la Dammer 2 (norte), cuenta que desde noviembre su barrio cuenta con el sistema. Participamos voluntariamente alrededor de 60 familias y hay tres sirenas colocadas en puntos estratégicos. Es una medida bastante eficiente, percibimos que ha bajado el nivel de delincuencia, opina.
Sin embargo, en otros sectores, como Agua Clara, el plan no ha dado resultados. Hace cuatro años, los vecinos de la calle Manantial instalaron con recursos propios un sistema de alarmas, pero no perduró.
Había gente que las activaba sin motivo. Al inicio salíamos todos a ver qué pasaba, pero como eran falsas alarmas la mayoría perdió el interés. No logramos identificar a las personas que jugaron con eso, cuenta un morador.
Gustavo Fierro, administrador de la Zona Norte, afirma que la implementación de los sistemas conlleva un alto grado de organización y responsabilidad por parte de los vecinos. (AL)
Los recursos provienen de la tasa de seguridad
Según Inés Pazmiño, administradora de la zona Centro, antes de instalar las alarmas, se capacita a los vecinos en organización y participación ciudadana, gestión de riesgos y código de la niñez.
"No todos optan por las alarmas, sino porque se mejore la iluminación en su sector, se construyan Unidades de Policía Comunitaria (UPC) u otras soluciones", señala.
Dependiendo del número de familias que participan, se recaudan unos $5 anuales por cada una, para instalar y dar mantenimiento al sistema, que también recibe fondos de la tasa de seguridad que pagan los quiteños en el impuesto predial. (AL)
Hora GMT: 07/Febrero/2008 - 05:00 Fuente: Diario HOY Ciudad QUITO
