Marco Lara Guzmán
mvlaraguzman@hoy.com.ec
El Departamento Técnico del Consejo Nacional Electoral ha consideradas válidas, y en número suficiente, las 183 mil firmas presentadas por el Partido Social Cristiano para que continúe su existencia como sujeto político, bajo las obligaciones que la ley impone y la titularidad de los derechos correspondientes.
Con los bajones de los últimos años y todo, dicha organización es un elemento de importancia en el panorama nacional. Si se cree que todos los firmantes, son, a su vez, afiliados, la suma no es para despreciar. De hecho, muchas veces, el tamaño de su estructura no fue óbice para que el social cristianismo hubiere pesado de manera significativa en el acontecer ecuatoriano. Apenas cinco años antes de que su fundador, ahora poco menos que un desconocido para las nuevas generaciones y para las no tan nuevas que han querido olvidarlo, obtuviere el doctor Camilo Ponce Enríquez, la Presidencia de la República en 1956, nació ese ente y fue pequeño, pero dueño de un gran mensaje ideológico. Creció significativamente en la década de los ochentas, gracias, fundamentalmente, a la vigorosa presencia de León Febres Cordero, hasta ser, dentro de los últimos lustros del siglo XX, la primera fuerza política del país. Después, no se pueden establecer muy nítidamente las causas de su desmayo actual. Han conspirado para ese efecto tanto las sistemáticas campañas en su contra de violentos enemigos de todo signo y condición, cuanto los graves errores, sobre todo de omisión, que han tenido casi todos sus directivos, empeñados unos en reinar en sus cubículos y otros en callar y vegetar.
Ahora el PSC tiene el mandato ineludible de cumplir varias obligaciones casi sagradas. La primerísima es recaudar de entre los pliegues de las conveniencias, puras y desdeñables conveniencias, su doctrina primigenia. No se trata de mirar al pasado, sino de una faena muy honda y esencial que consiste en ser lo que se es. Por motivos que no pueden caber en la extensión de un artículo, la doctrina ha sido ladeada por las urgencias electorales. Las ideas, que son columna vertebral de toda tarea individual o colectiva, han sido abandonadas hasta dar un amasijo de carnes, postrado en el camino de la historia. La formación de líderes, para que cumplan su rol de dirigentes, no ha pasado de tenues intentos.
Su segundo mandato consiste en entender que ahora su máxima contribución deberá ser el apoyo irrestricto para conformar, en unidad de acto y sin pretensiones de absurdas hegemonías, una gran plataforma nacional que defienda la libertad y un sistema democrático verdadero. Hay que comprender el momento que vivimos y no sacrificar lo grande por las pequeñeces en que algunos sueñan. Un partido político no es un fin en sí mismo, sino una organización al servicio de la Patria, que es un todo que engloba a todos. No es, ciertamente, hora de reivindicar parcelas, sino al país.
Si no se tiene claro tal panorama, hay que decirlo por el PSC y por los demás partidos, no es difícil que los ademanes de los políticos no sean más que tristes, y acaso inútiles, manotazos de ahogado.
Autor: Marco Lara - mvlaraguzman@hoy.com.ec Ciudad Quito







06/Julio/2012 a las 17:28
La educacion y el acceso libre a la informacion(toda, no solo la de los medios y el discurso oficial), es el unico camino para formar un "partido" o sociedad pensante y hablante que pueda opinar y participar en una democracia(sin victorias a su haber, sindicatos y opositores son llamados a consultas en democracias de veras); caso contrario seguira la muestra de firmas reunidas en la calle, universidades, a la fuerza con empleados publicos y privados, canjeando carnets por pintura verde, etc..