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AH1N1

Publicado el 19/Mayo/2009 | 00:07

Rodrigo Tenorio Ambrossi

Lo que se temía finalmente ha llegado. En el país está ya el virus de esta gripe que no respeta fronteras de ningún orden y que es capaz de causar estragos imprevistos. La ministra de Salud lo ha confirmado. Mientras tanto, parecería que las autoridades del hospital en el que estuvo el paciente no tomaron con rigor las medidas para evitar que abandone el hospital llevando consigo el mal. Pese a esta realidad demasiado elemental, demasiado nuestra, la misma ministra no duda en afirmar que se trata de un caso único y que, por ende, el virus no está extendido en el país. ¿Es posible saberlo a fe cierta cuando lo que nos caracteriza es esa suerte de quemeimportismo que no respeta normas ni procedimientos? La familia quemeimportista envía al muchacho a su colegio, como si nada, porque a nosotros no nos pasa nada.

No es posible desconocer que, en términos de salud, somos absolutamente débiles porque buena parte de la población vive en perenne insalubridad, más allá de los reales esfuerzos que se hacen para mejorar la situación. Lo cierto es que el virus no espera. Todo lo contrario, aprovecha precisamente las ventajas que le dan la pobreza, el hacinamiento, la insalubridad ambiental. Se ha dispuesto un cerco epidemiológico en la casa y en el colegio. Tarea difícil cuando ya se cometen imprudencias desde esa posición insípida ante la vida y la muerte, ante el sentido de comunidad y de responsabilidad social.

Supuestamente se trataría de un caso aislado. No es claro el concepto de "aislado" cuando se trata de temas tan graves. El muchacho no fue debidamente aislado para que el virus no nos invada. Hasta ahora, no se ha ejecutado una campaña masiva de información sobre la gripe, sobre las estrategias de identificación y de protección dentro de las condiciones de nuestro medio. No se puede hablar de igual manera en los suburbios de las grandes ciudades, en los caseríos de la costa o en los pueblos indígenas de la Sierra crónicamente desprovistos de los elementales servicios. ¿Qué pasaría si el virus subiese a los cerros?

Una campaña debería estar destinada a que a ninguna parte llegue el virus del pánico que es el más pernicioso de todos y del que sacan ventaja los avivatos de siempre, aquellos que hacen negocio con las penas y las enfermedades, con la vida y con la muerte. Se requiere cordura para informar y para tratar, para no exagerar y para no minimizar. Somos proclives al pánico y a las exageraciones antojadizas porque creemos que así deben manejarse los problemas importantes. Sin embargo, el pánico es la peor condición imaginable para dar la cara a los problemas. México dio una buena lección de organización y de cooperación.

Ojalá los servicios de salud se encuentren preparados para que no se repita lo de siempre: que no hay medicamentos, que no llegan, que ya vienen, que están concentrados en dos ciudades por órdenes superiores. Ojalá se dé una gran cordura en todos y, de modo particular, en toda la prensa.

tenorior@hoy.com.ec

Hora GMT: 19/Mayo/2009 - 05:07

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