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Adolescentes, en la 'línea de fuego' del crimen

Publicado el 03/Octubre/2011 | 00:30

La utilización de menores de edad para consumar actividades delictivas se ha vuelto recurrente, en especial, en el llamado "menudeo de la droga", es decir, la venta en pequeñas cantidades de marihuana o base de cocaína. Sin embargo, no hay constancia entre las autoridades ni en estudios sobre el nivel de influencia que tengan las organizaciones criminales en las actividades de grupos juveniles o pandillas o en otros segmentos. Para fines del comercio ilegal de estupefacientes, el papel de los adolescentes resulta clave en la dinámica de la oferta y la demanda, en una suerte de seducción de unos a otros, que activa el negocio en el país y mueve el consumo nacional, que resulta ínfimo respecto a los volúmenes que se moverían a los mercados de la droga de los EEUU y Europa. No obstante, las estadísticas muestran solo el problema en los estratos bajos, porque los detenidos solo pertenecen a ese segmento, cuando el problema se da en todos los niveles



La utilización de niños y adolescentes en tareas circunscritas al crimen organizado, como el sicariato, ha sido en el país muy esporádica, pero habría indicios de que eso pueda estar cambiando. El único caso concreto se dio en Quito el 3 de diciembre de 2008, tras una diligencia que se realizó en el Juzgado Segundo de lo Penal de la Provincia de Pichincha.

Hasta esa dependencia, se acercó para rendir su versión un testigo clave en torno al asesinato de una guía penitenciaria, a quien le propinaron cinco tiros cuando se encontraba en los exteriores de la Cárcel de Mujeres de El Inca (Quito), en septiembre de 2006.

A la salida del lugar, pese a que el testigo tenía resguardo policial, un menor de 16 años intentó matarla. En ese instante, el "niño sicario" fue detenido, pero meses después, lo liberaron pese a que aceptó que fue contratado en Bogotá para matar a tres personas en el Ecuador.

Ese tipo de operaciones se ha vuelto común en Colombia y en México en los últimos años, básicamente como consecuencia de las rivalidades que existen entre diversos grupos criminales, especialmente vinculados al narcotráfico.

En México, desde 2008 hasta la fecha, en tres casos de violencia, fueron detenidos menores que van de 13 a 16 años. Ellos fueron reclutados y preparados como sicarios. Allí, los menores son vistos como una opción que blinda jurídicamente las acciones de las bandas organizadas.

En el Ecuador, a excepción del caso concreto señalado, solo se han detectado actividades de pandillas que han utilizado a menores, según datos policiales, en los cuales se podrían advertir prácticas similares a las usadas por el crimen organizado en otros países.

Por ahora, la percepción entre las autoridades no es tan dramática respecto a las infracciones cometidas por adolescentes en el país. Y peor que tengan nexos con el crimen organizado.

Por lo pronto, los niveles de inseguridad denotan que los menores son víctimas directas de ciertos delitos, como el tráfico de drogas o la trata de blancas, o instrumentos para operaciones delictivas, como se da en el menudeo de la droga en las calles.

Según la directora (e) de la Dirección Nacional de Policía Especializada para Niños, Niñas y Adolescentes (Dinapén), Miriam Rosero, los menores infractores, por lo general, cometen acciones como agresiones físicas (ligadas a actividades de pandillas)

Pese a no ser mayor el número en las cifras, existen casos en que han muerto personas por la utilización de armas de fuego o armas cortopunzantes (cuchillos y otros).

Los cabecillas de las pandillas son por lo general personas adultas que reclutan a los jóvenes y hasta niños (9 años), a quienes les inducen a cometer delitos mediante el consumo de drogas y alcohol y a obtener ganancias económicas o dinero fácil. El principal objetivo de los menores es consumir, no traficar la droga, dijo la oficial.

Sin embargo, agentes de la Policía que pidieron reserva de su identidad afirmaron que se han registrado casos en los que las redes de distribuidores de droga en ciudades como Quito utilizan a los menores para el contrabando, así los adultos evaden la acción de la justicia.

No obstante, el director del Observatorio de la Drogas, Rodrigo Tenorio, plantea la necesidad de dimensionar adecuadamente el problema y ubicar el contexto en que actúan los adolescentes infractores.

Una precisión importante, dice, es que los expendedores de droga en las calles del país son los pequeños traficantes, no solo por los volúmenes que circulan sino por la calidad y tipo de droga.

En tanto, el universo de adolescentes infractores se reduce solo a aquellos de estratos bajos, a los que pertenecen los menores detenidos en los Centros de Adolescentes Infractores.

El mapa de infracciones. A escala nacional, existen 243 pandillas, entendidas como agrupaciones con líder y territorio. Otros delitos en que resultan inmersos los adolescentes son: daños a la propiedad, tenencia de drogas, armas, robo de vehículos. Son utilizados, no lideran las bandas.

De las estadísticas de la Dinapén, en términos comparativos, entre 2010 y agosto de 2011, hay una reducción de entre el 30% y el 40% de la cantidad de menores que han cometido infracciones.


El hecho de que haya niños y adolescentes metidos en pandillas o que delincan, a criterio de la oficial, es un tema más de carácter social. Viene de la pérdida de valores, de la despreocupación de los padres, dijo.

Un potencial menor infractor es un niño que sale a trabajar en las calles, que es maltratado por sus familiares, que es obligado a realizar tareas inapropiadas para su corta edad. Mediante el maltrato, le cortan sus derechos.

Los niños que pasan fuera de casa, trabajando, por ejemplo, son los más expuestos para ser reclutados por organizaciones que actúan la margen de la Ley, como las pandillas.

Para evitar que un menor de la clase social que sea caiga en el mundo de la delincuencia, según Rosero, hay señales a las que los padres deben estar atentos.

Entre otras: pasar mucho tiempo solo en el dormitorio o conectado a Internet y a las redes sociales, detrás de las cuales se pueden ocultar delincuentes, que los chicos fumen o tengan entre sus prendas de vestir algún tipo de droga, etc. Lo anterior no es una regla, pero sí signos de alerta de que pasa algo con el joven.

En cuanto a la redes de trata y tráfico de personas, existe ahora una unidad especial en la Policía Judicial que lleva ese tema. Utilizan además métodos sofisticados con los que manejan sus propias bases de datos, algo parecido a lo que hacen los pedófilos y los pederastas, dijo Rosero.

Hoy, se oferta servicios sexuales de niñas a través de Internet a varios países del mundo, por lo que atrapar a estos delincuentes es tarea complicada.

En relación a la trata de personas, no existen cifras reales sobre el fenómeno ya que son casos que pueden llevar años de investigación y, en la mayoría de los casos, las víctimas no denuncian los hechos a las autoridades, dijo Rosero.

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Comentarios

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  1. 1 francisco vallejo desde - quito

    eso no es nuevo,pablo escobar fue el primero en usar a niños marginados de medellin, el les pagaba para matar a elementos de la policia .y asì nacio el sicariato con adolesentes en america latina .En el ecuador lamentablemente recien esta entrando con fuerza.Aunque en Manabi ya practicaban esta forma de eliminar a enemigos entre comillas

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