Por José Valencia
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Tras el retiro de las tropas de EEUU, Iraq puede convertirse en un segundo Líbano, se repite con frecuencia en alusión al caos libanés de 30 años atrás. Llevan a trazar el paralelismo las marcadas enemistades entre kurdos, chiítas y sunitas, la violencia política y social, y la intervención abierta o soterrada de otras naciones en los asuntos internos iraquíes. La conflictiva situación de Iraq tiene sin embargo diferencias sustantivas con la del Líbano de los setenta, y desprende dinámicas de alcance regional e internacional que desarman el intento de trazar una analogía.
La siguiente lista no exhaustiva pone de relieve las citadas conexiones globales: Turquía sigue de cerca el estatuto que tendrá el norte kurdo. Jordania, Arabia Saudita y otros países el Golfo cercanos a Occidente, ven con preocupación la consolidación chiíta en Iraq y la influencia de Teherán. Irán y Siria consideran negativo para sus intereses la inestabilidad de Iraq, la presencia de tropas foráneas o un futuro régimen que sea afín a Occidente. Israel se preocupa por un desenlace que marque el reforzamiento estratégico de Irán e incremente su influencia en el mundo islámico, en particular entre la población de los Territorios Ocupados. Los EEUU y los países industrializados cierran filas alrededor de sus intereses en materia energética, los caudales de capital del petróleo y la lucha contra el terrorismo internacional. Otras repercusiones se pueden hilvanar hasta Pakistán, Egipto, India, China y Rusia, entre otros.
El referido entramado de factores y dinámicas plantea dos opciones para la pacificación del país y el ordenamiento de intereses regionales, si se elimina la alternativa de vivir con una realidad caótica, fuera de control, en la que cada actor promueva sus intereses a fin de maximizar su posición a expensas de otros (que no se conforman ni se conformarán con un estatuto excluyente). Ambas opciones pasan por buscar entendimientos mediante la acción colectiva, la primera a través de los mecanismos existentes y la segunda con una iniciativa diplomática específica.
Parece improbable que los mecanismos de la ONU, con limitaciones y diseñados para otros efectos, sean suficientes para canalizar una salida multilateral, aunque puedan prestar asistencia para tal propósito. Un respuesta ad hoc al estilo de la Conferencia de Madrid, promete un sendero alterno. Aunque los actores, el contexto, los liderazgos y las dinámicas sean diferentes, y el resultado de la Conferencia de Madrid produzca cierto escepticismo, hay que recordar que severas crisis del pasado se han superado sobre la base de entendimientos multilaterales, que incluyeron por cierto a problemáticas conectadas con la "crisis central". Para el caso, se deberían posiblemente comprender a temas de la seguridad (no proliferación, acción de grupos violentos, no intervención), el futuro palestino y de Israel, la economía y el desarrollo social. Una salida multilateral ha requerido siempre la apertura de todos los actores, voluntad política de hacerse mutuas concesiones y un reconocimiento del sinsentido de vivir en permanente crisis, perlas de racionalidad difíciles de cultivar en la historia de las relaciones internacionales.
Hora GMT: 21/Febrero/2009 - 05:11
