Se nos fue Jorge Enrique
Por Rodrigo Villacís Molina
villacis@hoy.com.ec
A propósito del fallecimiento de Jorge Enrique Adoum se ha hablado mucho de él en los medios de comunicación: cada cual ha expresado lo suyo, muchas veces repitiendo lo que otros han dicho, inclusive los errores, como el de adjudicarle funciones diplomáticas que nunca desempeñó. Lo que fue es un escritor a tiempo completo, porque en la Unesco no estuvo en representación de nuestro Gobierno, sino todo lo contrario, porque, hallándose en una misión de ese organismo, se vio forzado a quedarse en París por el golpe militar de la Junta encabezada por Castro Jijón, que emprendió una caza de brujas si estas eran de color rojo. Él se afincó en Francia, y eso fue mal visto por quienes lo acusaban de "haber abandonado el Ecuador para irse sin remordimientos adonde se está más cómodo". A esta inquietud, él me dijo, en una entrevista, que "si la única cosa que trato de aprender, que quiero hacer, es escribir, mi derecho, inclusive mi obligación, es buscar las condiciones más adecuadas para cumplir mi tarea". Yo lo visité en París, en las instalaciones de la revista El Correo, donde escribía y traducía para esa publicación. "Aquí tengo un empleo -me dijo- y puedo dedicarme, todo lo que quiero, a escribir. En el Ecuador, la obra del escritor es producto de su cansancio más que de su talento; puede dedicarse a ella solo después de cumplir una agotadora tarea de oficina ". Mas, a pesar de todo, volvió a su país, para siempre, quizás porque ya no tenía que cumplir tarea alguna de oficina (fue, en los años cincuenta, director del Departamento Editorial de la Casa de la Cultura Ecuatoriana). Entonces, siguió con su oficio de escriba, produciendo todos los textos, en diferentes géneros -poesía, ensayo, periodismo, ficción, memorialismo- que lo acreditan como un ícono de nuestra literatura. Si me preguntaran qué es lo que más admiro de ese universo de papel, yo diría que su novela Entre Marx y una mujer desnuda; y ¿qué es lo que más me gusta?: su libro de "recuerdos personales" titulado De cerca y de memoria. En el primero, ensaya una extraordinaria técnica de novelar que ni él mismo se atrevió a repetir, y el segundo es una bitácora, interesantísima, de un ser humano que vivió intensamente, corrió mucho mundo, leyó y escribió muchos libros y trató a mucha gente: escritores, artistas, etc., "que de alguna manera dejaron una huella en mí y en mi memoria". Pero, cuando se habla de Adoum, se piensa sobre todo en el Poeta, la poesía, género en el cual ostenta, como condecoraciones, juicios tan respetables como los de un Jorge Carrera Andrade, un Pablo Neruda, un Octavio Paz. Sin embargo, en la aludida entrevista, me dijo que sería vanidoso de su parte pretender que todos sus versos son poesía: "... pienso que esa palabra no solo define una forma, sino que implica también una calidad ". "¿Modestia?", le pregunto. "No", me dice, "honestidad, no más".
Hora GMT: 10/Julio/2009 - 05:09
