Por Rodrigo Tenorio Ambrossi
Cuando se elige un día para la alegría es casi imposible no pensar que el nuestro se ha convertido en un mundo de pesadumbre y tristeza. Como si un aire de dolor se hubiese extendido por la geografía de los días y de las existencias pintando rictus de seriedad, malhumor o pesadumbre en todos, hasta en niñas y niños. Como si la alegría y el regocijo se hubiesen transformado en realidades de tal manera excepcionales que los sabios o dueños del mundo convinieron en que era necesario y urgente declarar una vacación de 24 horas a la melancolía para que la humanidad, nuestro pequeño país incluido, se despierte en medio de un inusitado jolgorio.
¿Es que realmente se encuentran del todo legitimados el regocijo y la alegría? Posiblemente no. Pensar que el cristianismo nunca pretendió hacer de la felicidad ni siquiera una forma legítima de vivir y menos aún un estilo de vida. Todo lo contrario. Desde sus inicios impuso el dolor y el sufrimiento como condiciones ineludibles del estar en el mundo. Las penas, los dolores físicos, la enfermedad y la misma muerte llegaron a convertirse en el objetivo primordial de la existencia. Para el cristianismo, el ayuno, los azotes, las penitencias de todo orden se convirtieron en el aval seguro del paraíso. En efecto, solo en una vida así vivida la muerte conduciría a los goces eternos del paraíso. Pienso en George Sand escribiendo adolorida: "Dios ha puesto el placer tan cerca del dolor que muchas veces se llora de alegría". Para Occidente cristiano, la alegría del justo consistió en sufrir.
¿Será posible estar-bien-en-el-mundo en medio del hambre y la desolación convertidas en peste en un mundo en el que se prefiere invertir en aviones de guerra, en tanques de guerra, en barcos de guerra, en fusiles de guerra? El hambre vale un comino frente a la necesidad imperativa de que los ejércitos hagan alarde de modernidad y poder en las paradas militares. Y al mismo tiempo, ¿cómo no ser felices cuando por todas partes se reproducen, como por generación espontánea, los megamercados de la dicha? Nietzsche aseguraba que se nos ofreció un mundo tan desolado que nos vimos obligados a inventar la risa. Parecería, sin embargo, que hace mucho rato perdimos la propiedad privada de la risa, por ello debemos comprarla con la facilidad que brindan las tarjetas de crédito. Pero hay que celebrar que haya un día en que, por decreto del poder, la alegría es de todos incluidos aquellos sujetos que saben que, si dejasen de sufrir, dejarían de vivir pues ya no recibirían las limosnas de las compasiones.
No solo de pan vive el hombre dicen quienes tienen el estómago siempre lleno. La soledad es también la enfermedad del bullicio. Y quien ríe a solas, padece la incurable dolencia de la insensatez.
tenorior@hoy.com.ec
Hora GMT: 04/Noviembre/2008 - 05:08














04/Noviembre/2008 a las 07:36
No se si por ignorancia o por malsana intención el señor Tenorio arremete contra el Cristianismo. Que en acto de justicia nos cuente como es la vida de los y las musulmanas, o de los budistas. Ha hecho un juicio superfluo de ciertas prácticas de algunos cristianos que no necesariamente reflejan el mensaje de Cristo. Si los individuos renunciaran a sus jerarquias y posesiones, asi como a sus intereses personales a futuro, solo para servir al prójimo con amor, tal vez no habría necesidad de declarar el dia de la alegría. El mundo ya no clamaría por justicia, no campearia la mentira.
04/Noviembre/2008 a las 12:34
Solo el hecho de palpar y soportar todos los santos días el pesimismo y la amargura que destila la mayor parte del periodismo hablado y escrito de nuestro país, justifica el que se nos recuerde -al menos un día al año- que las caras agrias no arreglan nada y que el inicio del entendimiento entre paisanos empieza por un rostro amable y una sonrisa en los labios. Y esta iniciativa plausible ha provenido de una persona que enfrentó el dolor y la desgracia que le ató, de por vida, a una silla de ruedas, con una actitud positiva y risueña que, más allá de las palabras, ha servido de ejemplo para mucha gente. Y esto, precisamente, hace que su mensaje sea creíble.
Sería aconsejable que el Sr. Tenorio abandone la lectura deprimente de Nietzsche y nos cite más bien uno de tantos mensajes esperanzadores de quienes han descubierto la alegría de vivir. Y que cuando se refiera al Cristianismo invoque el Evangelio que es su fundamento doctrinario y no a la forma, errónea muchas veces, de practicarlo. Jesús nunca exaltó la tristeza, al contrario quería que seamos como los niños, en los que la alegría es parte de su ser; y condenó la adustez y tristeza farisáicas de quienes se autoproclamaban santos. Y San Pablo recomendaba a los primeros cristianos a estar siempre alegres. Lo importante es entender que la felicidad, más que en el gozo de los bienes materiales, consiste en amar tanto a los otros que aceptemos aun el sufrir para que ellos sean felices. Como decía la Madre Teresa de Calcuta: "amar hasta que duela". Pero esto no puede confundirse con una apología de la tristeza y el sufrimiento.
04/Noviembre/2008 a las 15:17
Posiblemente este gobierno, quiere que los ecuatorianos rían por todo como bobos, como cretinos, festejando el manejo del país por este Sr que es lo peor que he tenido que ver durante toda mi vida, pero el pueblo ecuatoriano esta contento y lo aplaude, como soy un convencido de que la democracia debe seguir no hago mas que respetar el criterio de la mayoría de ecuatorianos, sin embargo, pedir que riamos por todo me parece que este presidente y su gobierno se burla de la ingenuidad de los compatriotas. Rían no mas mientras les esta dejando en la miseria. Después no culpen a los gringos, a los chinos, a los europeos de las desgracia del país.