Opinión de HOY
Los candidatos han incorporado como parte de sus ofertas de campaña el combate a la inseguridad ciudadana. Y salta a vista la razón: las encuestas revelan, desde hace tiempo, que ese es uno de los problemas que más preocupan a la gente. Y no se trata de un simple asunto de percepción, sino que esta se sustenta en el aumento de los delitos contra las personas y la propiedad y del creciente número de personas vÃctimas de la delincuencia, la mayor audacia y posesión de armas sofisticadas por parte de las bandas delictivas y la reiterada incidencia de delitos que antes se producÃan solo de forma excepcional, como el secuestro o el sicariato y de otros asociados al narcotráfico y al crimen organizado. En los últimos 20 años se ha duplicado la tasa de homicidios en el paÃs: en 1990 era de 10,3 homicidios por cada 100 000 habitantes; para 2010 aumentó a 20. Aunque se halle por debajo de la media latinoamericana, el incremento de este y otros delitos ha enterrado la imagen de isla de paz que tenÃa el Ecuador cuatro lustros atrás.
Para el combate a la inseguridad es necesario asumir una visión integral: no se trata solo de enfrentarla con medidas represivas, como el endurecimiento y la acumulación de penas.
Ciertamente es esencial contar con un servicio de PolicÃa moderno, eficaz y confiable. Pero hay otros aspectos básicos para el combate antidelictivo, como una justicia ágil que no deje en la impunidad a los delincuentes y el cambio del sistema penitenciario para que cumple su papel de rehabilitación del delincuente.
Es saludable que los candidatos incluyan en su agenda electoral sus propuestas para enfrentar la inseguridad ciudadana porque es un tema de generalizada preocupación ciudadana, pero esas propuestas deben ir más allá del oportunismo de la coyuntura electoral y ayudar a un debate integral sobre las polÃticas nacionales de seguridad ciudadana.
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