Análisis
Por: José Hernández
Director Adjunto
La peor perversión de la polÃtica es, puede ser, enfrentarse al sentido común. En ese momento deja de ser un desafÃo ciudadano para convertirse en religión. Algo parecido sucedió con el correÃsmo. No hay cómo debatir sus tesis. No hay cómo cuestionar sus actitudes. No hay cómo comparar sus supuestos principios con sus prácticas. No hay cómo fiscalizar sus obras. Quien lo haga no puede ser sino un portavoz de la peor oposición imaginable. Un ser despreciable que debiera vivir en otra parte. Un enemigo acérrimo de la patria. Un blanco de los insultos y la ofensas de los trolls oficialistas y de las instituciones encargadas de fastidiar y perseguir.
La normalidad, derivada del sentido común, ha desaparecido con el correÃsmo. Y en ese esfuerzo incontenible de dividir el mundo en seguidores y enemigos, la cúpula oficialista transgredió la frontera entre el entusiasmo y el fanatismo; entre la convicción y la intolerancia.
Las facturas de esas imposturas no las pagan solamente Correa y su aparato mefistoliano de propaganda. Afectan a la esfera pública y, en forma decisiva, a la necesidad de robustecer la democracia. Esa es la mayor deuda (y el peor pasivo) que el correÃsmo tiene con el paÃs: acabar con el juego de ideas; convertir a sus crÃticos en enemigos; transformar la polÃtica en religión; transfigurar un presidente en demiurgo; canjear moderadores de debates por trolls; trocar convicciones por fanatismos, principios por lemas, sentido común por esquizofrenia...
Fernando Cordero en la época en que aún osaba pensar en público decÃa que temÃa que aquà ocurriera lo que él veÃa como una de las peores taras del chavismo. Esta ecuación: poder total más eternizarse en el poder igual corrupción irremediable. Lo decÃa dejando que su mirada se perdiera en el vacÃo, sentado en la pequeña mesa que tiene a la entrada de su oficina donde solÃa hablar con los periodistas.
Hoy, él y los demás jerarcas del correÃsmo dejaron de reflexionar. Sólo ejercen el poder. Y sÃ: no hay que hacer mayor esfuerzo conceptual o polÃtico para entender que en las dos puntas de la justicia se encuentren dos panas como Galo Chiriboga y Gustavo Jalhk. O para justificar que el paÃs esté pagando créditos absurdos a la China. O para admitir que un elefante se haya metido a la CancillerÃa en forma de narcovalija y no haya aquà responsable alguno. Ni un conserje. Tampoco para ir al homenaje de un primo cuestionado (precisamente por eso le hicieron el homenaje) y luego decir (con aire de sorpresa) que ese primo les engañó a todos.
Esas imposturas, esas duchas de calor y frÃo sólo se explican por el ambiente de esquizofrenia que instaló el fanatismo en el correÃsmo. Y el fanatismo, cualquier fanatismo, es la antÃtesis del sentido común.
La ecuación que Cordero preveÃa como un mal mayor, como una peste que debÃa ser evitada en Alianza PaÃs, ha copado el espacio. Con su acuerdo, con su silencio. Es grave: el poder total no hace daño al correÃsmo porque sus partidarios sean malas personas. Ni lo pone al abrigo de los peores augurios porque los suyos sean, como dice el candidato-presidente, buenas personas. El poder total es, en sÃ, aquà y en cualquier parte, una perversión y no puede producir sino opacidad e ignominias. Y el poder total que se eterniza produce, como decÃa Fernando Cordero pensando en el Chavismo, corrupción irremediable. Y total.
Se entiende mal que esos correÃstas que tenÃan sentido común cierren la boca y hoy permitan que se trate de enemigos del paÃs a aquellos que pensaban como ellos. O que simplemente les creyeron. Se entiende mal que hayan cesado de pensar, vayan a homenajes y hagan parte de los esquizofrénicos de turno. ¿Acaso no podÃan promocionar sus ideas, defiendo la necesidad de que otros hagan lo mismo para fortalecer asà la democracia del paÃs? Un cargo les hizo perder el sentido común.
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Autor: José Hernández - jhernandez@hoy.com.ec








14/Enero/2013 a las 08:55
Abandona quedaras muy pronto tu cachaco, cuando Correa vuelva ganar en primera vuelta y diario Hoy te despida porque no cumpliste tu trabajo ordenado por la CIA.
14/Enero/2013 a las 11:04
BRILLANTE EL ANALISIS DEL SR.DR.JOSE HERNANDEZ Y HABRIA TAMBIEN QUE DECIR QUE HOY LOS TERMOCEFALOS VERDES ENVANECIDOS POR EL PODER Y EL AUTORITARISMO DE SU CAUDILLO SE CREEN LOS DUEÑOS DE LA VERDAD Y ANTES DE ELLOS NO HABIA NADA Y HOY CON ELLOS VIVIMOS EN EL "PARAISO".LA VERDAD QUE CORREA Y SUS ALIADOS HAN DESTROZADO LA DEMOCRACIA,A LOS PARTIDOS POLITICOS, A LA JUSTICIA, PONIENDO JUECES SERVILES PARA SUS NADA CLAROS FINES, LA FISCALIA NO ES MAS QUE UNA OFICINA DE CUARTA CATEGORIA QUE SE MUEVE DE ACUERDO A COMO LE MARCA LOS TIEMPOS SU DUEÑO (CORREA),NI QUE DECIR DE LAS CORTES DE JUSTICIA, CNE, CORTE CONSTITUCIONAL QUE HAN SIDO COPADAS SIN LA MAS MINIMA VERGUENSA Y DELICADEZA POR EXFUNCIONARIOS O GENTE SERVIL A LA DICTADURA.ACA SE HACE LO QUE ORDENA EL DUEÑO DE LA VERDAD, EL SABIO, EL ILUMINADO, EL QUE METE LAS MANOS AL FUEGO POR SU "GENTE" Y LES BRINDA HOMENAJES COMO PROHOMBRES.PARA LUEGO ENTERARNOS QUE NO SON MAS QUE UNOS EMBUSTEROS, FALSIFICADORES, PLAGIADORES Y LA CORRUPCION CAMPEA.
15/Enero/2013 a las 05:43
Muchas gracias por su excelente análisis Sr. Hernández.
Alguien dijo que se debe desconfiar de quien piensa que es el único que tiene la verdad, y ése es el ungido, el infalible Correa, feligrés de su dios que abandonará esta vida en poco tiempo, dejando a Venezuela un paÃs escandalosamente rico al borde de la quiebra. ¿Qué hará entonces el "muchacho", como despectivamente lo llamaba Chávez?. No quiero que mi paÃs vaya a caer al mismo abismo que le espera a Venezuela ante el "silencio de los corderos", y su complicidad. Definitivamente: todo hombre tiene su precio.
Yo, no quiero saber cuál es el mÃo.
15/Enero/2013 a las 13:37
En buena hora que lo haya abandonado, "...las personas tienen a confundir el sentido común con el buen sentido.." escrito por José Ingenieros. El Señor Hernández, que pretende erudicción, no es la excepción.
16/Enero/2013 a las 15:23
Análisis Claro, y Preciso como siempre Dr. Hernández. No apto para que lo entiendan los asalariados que, frente a los argumentos solo pueden recurrir el insulto barato, sobre lo cual reciben lecciones a diario de su amo.