Por Felipe Burbano dae Lara
Han sido 21 meses de una presencia pública asfixiante, abusiva, de convertir sus argumentos en imposiciones, de sostener clichés políticos para justificar la revolución ciudadana. Correa ha juntado las arrogancias del académico y del economista: se siente dueño de la verdad, infalible, convencido de ser más eficiente en la gestión pública que cualquier contador de turno. Con su práctica ha desvirtuado el espacio público: de lugar de diálogo y encuentro, lo ha convertido en campo de confrontación y negación del otro.
Han sido 21 meses de llenarnos de una retórica revolucionaria detrás de la cual se escuda un dudoso proceso de cambio político; 21 meses de pequeños y grandes gestos de abuso del poder: desde la detención a un ciudadano por faltar el respeto a la majestad del poder, hasta 18 decretos leyes de emergencia sin rendir cuentas a nadie. Y si alguien se las pide, pues resulta estigmatizado como enemigo de la revolución.
Han sido 21 meses de una campaña publicitaria incesante, mentirosa, con el estribillo de la Patria ya es de todos; 21 meses en los que el Estado se ha manejado como botín propio.
¡Cuánto abuso de los recursos públicos, cuánta indelicadeza, cuánta arrogancia, cuánto desprecio hacia quienes le piden algo de moderación! Ha montado un aparato propagandístico para convencernos de que el país ya es otro, ya es de todos. Correa dispone de los recursos para promocionarse a sí mismo como el caudillo insustituible de la revolución.
En 21 meses hemos visto cómo un proyecto colectivo degeneró en un liderazgo personalizado.
Se ha rodeado de colaboradores dóciles, prohibidos de aparecer en público, de abrir debates, obligados a guardar silencio, a una lealtad extrema aunque de él no pueda esperarse lo mismo. Cuando esa lealtad no fue incondicional puso a un lado a su mentalizador y principal apoyo. Han sido 21 meses de campaña, de entregar subsidios, de subirse a la tarima, de ofrecer y regalar obras, de amenazar; 21 meses de demandar de los ciudadanos aclamaciones en plazas y calles, de un ejercicio ostentoso del poder y de los recursos públicos. Hemos visto emerger una nueva versión de patrón político. Su cuerpo expresa ya el poder: siempre crecido, con aire marcial, muy macho, cubierto por colchas antibalas y rodeado de un aparato de seguridad; 21 meses de acumular enemistades, de negarse a dialogar, de constantes amenazas; 21 meses en los que sábado a sábado ha polarizado a los ecuatorianos con su violencia verbal. Lo que en la partidocracia era condenable en él parece tener plena justificación revolucionaria. Se ha colocado por encima de instituciones y marcos legales para imponer su voluntad. Entiende la política como un juego de ganador único, de suma cero. Y cuando alguien le contesta, entonces lo desafía desde un supuesto democratismo: ¡ganen elecciones! La izquierda cree que hay un proceso social en marcha, pero este arrogante líder político, que ceba el autoritarismo de la cultura política ecuatoriana, cree que fuera de él no hay ningún proceso, ningún movimiento, ningún partido, que el proceso, el movimiento y el partido son él. Un sticker que deambula por las calles en carros opositores da una respuesta categórica a la abrumadora campaña oficial para el referendo: "¿Sí? Ni ca
".
fburbano@hoy.com.ec
Hora GMT: 16/Septiembre/2008 - 05:07

16/Septiembre/2008 a las 09:04
Felicitaciones al señor Burbano por su capacidad de sintetizar en poco espacio la serie interminable de abusos cometidos en estos laaaaargos 21 meses. Seguramente ya aparecerán los comentarios (lease insultos) de los "revolucionarios" con espíritu de lacayo (les encanta tener patron o capataz que les ordene como y cuando hacer las cosas)tratando de justificar lo injustificable.
Ojalá que comentarios como los suyos puedan llegar a mas gente para que se quite la venda de los ojos y pueda ver al verdadero Correa.