Por Susana Klinkicht
No son sentimientos de optimismo los que tenemos al finalizar el año 2008 y comenzar 2009. Parece que nos espera algo más crudo de lo que acabamos de vivir y, posiblemente, que lo que hemos registrado en varios años. La quiebra de empresas financieras y automovilísticas en los EEUU, Europa y el Japón sería solo el comienzo. El desempleo que viene con estos fracasos golpeará sobre todo a nuestros compatriotas emigrantes, con efectos inmediatos para todos nosotros. La prensa de fin de año está plagada de titulares que hacen presentir un 2009 lleno de incertidumbre, cuya explosividad estará en la combinación de los factores: amenazas del presidente Rafael Correa a los banqueros por opinar respecto a los efectos de su política fiscal y económica; anuncios de una austeridad que llega cuando las arcas están vacías; especulaciones sobre la forma de echar mano a los ahorros del IESS, poco después de que este mismo Gobierno recibiera los aplausos por la devolución de una deuda antiquísima con el Seguro; desmentidos reiterados respecto a las especulaciones sobre un nuevo feriado bancario, abandono de la dolarización, un paquetazo. El presidente Correa ha arremetido contra las personas que, según él, difunden rumores que podrían resultar nefastos para la economía. Cuando es la obligación del jefe de Estado fomentar con su actitud y su presencia la confianza de la población en sus políticas. En materia económica, esta misión se cumple con tino extremo y tranquilidad. Donde en política podrían ser acertados algunos ajos, en economía mucho más puede la discreción. El sector empresarial ha dado muestras de estar dispuesto a un entendimiento.
Entre los que comienzan a manifestar su descontento están los campesinos, movilizados contra la ley de minería; los indígenas, decepcionados por la política de Gobierno; los profesores, indignados por el desafío presidencial, y, lo que resulta preocupante en todo este contexto, los militares, una de las víctimas del atrasado espíritu de ahorro.
Bien se podría decir, como se ha dicho en el ámbito internacional, que la crisis económica podría constituir un motivo de reflexión sobre la forma en la que se han usado los fondos públicos, una oportunidad para el presidente Correa de dar marcha atrás, de recurrir a otros tonos y registros... si no fuera porque el próximo año comienza con una nueva campaña electoral. Sirve de consuelo la experiencia que nos aprestamos a vivir dentro de dos días. Aparecerán en las esquinas los monigotes de año viejo dando testimonio de la capacidad que tenemos de catarsis a través de la exageración y la risa. Aparecerá el zapatazo de George Bush y el triunfo de Barack Obama anunciando que también frente a los EEUU hay expectativa de un cambio que rebote al resto del mundo; se recordará la Asamblea Nacional y el congresillo como advertencia a la nueva Asamblea Nacional que está por elegirse; asomarán al lado de Jéfferson Pérez y Liga de Quito el avión presidencial, el barril de petróleo devaluado, las FARC y personajes de Colombia, Odebrecht y los políticos del Brasil, las casas caídas del programa ministerial, posiblemente incluso el dólar que se vuelve a hacer sucre. ¿Apostamos?
susanak@hoy.com.ec
Hora GMT: 29/Diciembre/2008 - 05:10
