Por Marena Briones Velasteguí
mbriones@hoy.com.ec
Tuvo que temblar así de trágica y dolorosamente la tierra en Haití para que nazca la idea de dar por terminada la enorme deuda que el país más pobre de este hemisferio y uno de los más pobres del mundo ha tenido que ir llevando a cuestas. Dicen las noticias que el Fondo Monetario Internacional (FMI) ha iniciado conversaciones en ese sentido y que, además, está proponiendo una especie de Plan Marshall para reconstruir al país desde sus escombros, desde sus escombros físicos y desde sus escombros económicos, sociales y políticos.
Hasta que eso suceda -habrá que ver si sucede y, además, cómo sucede-, las amenazas, que no son solo telúricas, seguirán cerniéndose sobre esos algo más de 27 mil kilómetros cuadrados de territorio caribeño y sus alrededor de 9 millones de habitantes.
Por lo pronto, a las calculadas mil centenas de muertes y al reguero de destrucción, hambre, hacinamiento, intemperie y desolación que ha ido dejando el terremoto del 12 de enero, empieza a sumarse el peligro de epidemias de dengue y de tifus. Personas muertas en las calles, basura acumulada desde antes del terremoto, escasez de medicinas, ruinas aún por despejar, cadáveres aún por desenterrar; niños, mujeres, hombres, ancianos sin techo en donde habitar. Eso es Haití en estos días.
Pero, su tragedia no es solamente de hoy ni halla causa real en el sismo de la semana pasada. La tragedia de Haití es una larga tragedia de saqueo colonialista, violencia política, inestabilidad económica, deforestación implacable y una pobreza extrema.
Unicef reporta que 60% de los hogares rurales sufre inseguridad alimentaria crónica, que 20% es en extremo vulnerable, que aproximadamente 32% de los hogares urbanos sufre también inseguridad alimentaria de manera cotidiana y que 26% la sufre con frecuencia.
En el año 2006, el centro digital de noticias de la Organización de las Naciones Unidas señalaba que, de los 177 países incluidos en el Índice de Desarrollo Humano, Haití se encontraba en el puesto 153. En su página web, Flacso-Argentina cita un análisis del PNUD, en el que se afirma que "la aceleración de la degradación socioeconómica lo pone (a Haití)
en una situación de crisis humanitaria abierta, equiparable a la de un desastre natural o un conflicto armado".
El desastre natural de ahora, pues, lo que ha hecho es ensañarse más con Haití. Y la comunidad internacional -la parte más pudiente de ella, que incluye a los saqueadores- ha esperado el ensañamiento para empezar a tomar nota de que, en Haití, más de la mitad de su gente vive con tan solo un dólar al día y más de dos tercios de su población, con menos de dos dólares al día. Si no fuera por toda la desgracia que la reciente catástrofe implica, quizás habría que agradecer a la tierra haber liberado bruscamente su energía, porque así sacó a Haití del olvido y logró lo que años de años de miseria, corrupción y explotación no habían sido capaces de lograr. La pregunta es ¿por cuánto tiempo será? ¿Cuán pronto volveremos a olvidar que la tragedia de Haití es una de las peores y más largas tragedias humanas?
Hora GMT: 22/Enero/2010 - 05:13

22/Enero/2010 a las 06:35
Si no temblaba seguía Haití como Ecuador: lleno de abusos, pobreza, desempleo y de corrupción.
22/Enero/2010 a las 19:02
Si pasara en Ecuador nuestro brillante presi no aceptara ayuda monetaria a menos q le den completa libertad de gastarlo sin condiciones vergonsosas. O peor entrar el ejercito gringo va contra nuestra dignidad y soberania.