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¿Y el sumak kawsay?

Publicado el 19/Marzo/2010 | 00:16

Por Claudio Mena Villamar
cmena@hoy.com.ec

La Constitución de Montecristi tiene un preámbulo, que contiene la decisión fundamental de los miembros de un Estado, que nunca podrá desconocerse ni incumplirse, porque se halla en la base estructural de la nueva concepción política.

El mencionado Preámbulo ordena la construcción de "una forma de convivencia ciudadana, en diversidad y armonía con la naturaleza para alcanzar el buen vivir, el sumak kawsay".

El buen vivir es una meta que dirige la convivencia humana dentro de un territorio, pero esto tiene que interpretarse sin desconocer la concepción del término quichua que entiende el sumak kawsay o buen vivir, como una conducta estrechamente ligada al respeto hacia la naturaleza.

En la Constitución, se ordena la promoción del "desarrollo sustentable y la distribución equitativa de los recursos y la riqueza, para acceder al buen vivir". (artículo 3).

Más adelante, señala el derecho de la población a "vivir en un ambiente sano y ecológicamente equilibrado, que garantice la sostenibilidad y el buen vivir, sumak kawsay." (art. 14).

A más de estas reiteraciones constitucionales del buen vivir como meta del desarrollo humano de los ecuatorianos, la Carta Política establece también por primera vez los "derechos de la naturaleza o Pacha Mama", que se cumplen cuando se respetan el mantenimiento y la regeneración de los ciclos vitales y los procesos evolutivos.

Todas estas disposiciones es necesario recordarlas en todo lo que se refiere a la preservación del medioambiente. De ahí que el tema de no iniciar la explotación petrolera en el sector del Yasuní, considerado como uno de los pocos lugares más biodiversos del mundo, no significa otra cosa que el respeto al sumak kawsay.

La iniciativa presidencial de establecer un convenio internacional mediante la concurrencia y la formación de un grupo de naciones que atiendan la petición del Ecuador de no ejercer ninguna explotación petrolera en ese sector a cambio de una compensación económica que equilibre esa renuncia es una decisión que cumple cabalmente con las disposiciones constitucionales.

Por otro lado, iniciar una explotación hidrocarburífera en ese paraíso natural sería infringir la Constitución, pues se atentaría contra los derechos y las normas a las que se ha hecho referencia.

El hombre ha sido el gran depredador de la naturaleza, y en esta porción pequeñita del planeta se encuentran maravillas en el campo de la flora y de la fauna que no pueden ser puestas en peligro y, más grave aún, autorizar explotaciones que atenten directamente contra ellas. Hay quienes afirman que la explotación petrolera en caso de ser aceptada, debería verificarse de manera que no atente contra la biodiversidad, pero sabemos que eso es imposible. Ni el mayor cuidado que se ponga en ello sería suficiente para evitar el deterioro del medioambiente, como lo juzgan los biólogos de manera unánime.

Hora GMT: 19/Marzo/2010 - 05:16

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