Por Gonzalo Chiriboga Cháves
El descomunal ingreso de petrodólares que ha recibido el país los últimos meses ha inundado hasta tal punto nuestra realidad que era imposible incluso malgastar tanto dinero con la misma velocidad con la que ingresaba a las arcas fiscales. Pero siguiendo la misma ley de la gravedad a la que están sujetos los ciclos económicos, el alza brutal devino en una baja aún más violenta. Como consecuencia de esta resaca sobran unos cuantos dólares que generan una opacidad propia de la niebla que impide ver lo que en realidad tenemos delante.
El intrincado sistema de vasos comunicantes, llamado economía, va readecuándose de manera constante a las afectaciones que resultan de las acciones, omisiones o excesos de los gobiernos y de los agentes económicos. El agua, sin embargo, habrá de quedar nivelada, luego de haber inundado espacios que se hayan vuelto vulnerables o de haber dejado otros despejados, para el cultivo y el aprovechamiento del hombre. Pero la situación actual diariamente descubre la lamentable consecución de nuevos records, solo equiparables con la Gran Depresión de los años treinta. La situación es tan crítica que enormes empresas consideradas venerables están dando cuenta, una vez más en la historia económica, de que la mortalidad no solo es una condición propia de los seres vivos. Se ha roto la inercia de la mágica expectativa que parecía haber convencido a todos, de que solo cabía imaginar una sociedad con mayor y mejor bienestar. La realidad está mostrando cruelmente que los aparentes equilibrios se verán constantemente amenazados.
Y qué decir de los países. El mundo desarrollado aplica una receta keynesiana a un mundo globalizado que John Maynard no pudo imaginarlo, ni siquiera soñarlo. Solo el tiempo dirá la consecuencia de haber inyectado dinero que no existía, creado para este solo efecto, en cantidades descomunales. Luciría como si un médico, para curar un agudo dolor de cabeza, receta 100 analgésicos al paciente, a sabiendas de que la intensidad de su dolor se debe a un tumor cerebral. Es posible que temporalmente alivie la molestia del paciente, desconozco las consecuencias secundarias. En economía sucede algo parecido a la ley física que sostiene que "nada se crea ni se destruye, todo se transforma". Sabemos que la inyección de recursos inorgánicos genera inflación a la vuelta de la esquina y aquello produce desajustes en las paridades cambiarias, con consecuencias comerciales variadas, según la intensidad de los desequilibrios creados. Aquí hay un elemento adicional, las economías más gravitantes están tomando acciones parecidas, pero no necesariamente proporcionadas al tamaño de sus mercados. ¿Qué ocurrirá con esa nueva masa de dinero cuando se haya restablecido el usual factor de recirculación, hoy paralizado? Al parecer, es imposible saberlo. Nosotros seguimos navegando en los algodones del "socialismo del siglo XXI", ajenos a lo que sucede en el Planeta. Una vez más recuerdo el poema que citaba siempre mi madre en mi juventud: "Feliz el tonto en su moral penumbra, jamás la fiebre de saber le agita ".
chiribog@hoy.com.ec
Hora GMT: 30/Diciembre/2008 - 05:06
