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¿Observadores?

Publicado el 10/Mayo/2009 | 00:13

Por Ernesto Albán Gómez


ealban@hoy.com.ec

En realidad, es penoso comprobar que a los procesos electorales de nuestro país (como a otros de la región) tengan que acudir observadores extranjeros, enviados por organismos internacionales de la más alta calificación. Observadores que, por cierto, han sido solicitados por las propias entidades nacionales. El llamado a estos observadores parece originarse en la necesidad de contar con testigos, a los que se presume imparciales, que puedan asegurar ante el mundo que las elecciones se han cumplido con sujeción a las reglas preestablecidas, que no se han registrado fraudes u otros vicios similares. En fin, para dar fe de nuestro buen comportamiento electoral. Tal vez este requerimiento era comprensible en los primeros momentos del retorno a la constitucionalidad, pero luego de repetidas experiencias, hasta resulta indecoroso el recurrir una y otra vez al mismo expediente.

Esta sola comprobación confirma la inmadurez y la fragilidad de nuestra democracia. En democracias maduras y sólidas no se requiere de tales testigos. Cada país asume, con sus propios mecanismos, la vigilancia de los procesos y, por supuesto, prevé fórmulas para corregir los errores, si llegan a producirse, e interpelar a los responsables. Pero también me resulta penoso el papel que desempeñan tales observadores. En la mayor parte de los casos, si no en todos, se limitan a visitar el día de los comicios los recintos electorales y a verificar que las juntas reciben a los votantes y que estos depositan sus votos en las urnas correspondientes. Todo esto, en general, con orden y respeto a la voluntad del elector, aunque con atrasos y, a veces, sin mantener la privacidad que la ley prevé.

Pero unas elecciones son bastante más que la concurrencia a las urnas en un día determinado. Hay todo un proceso previo y unas actuaciones posteriores. Y sospecho que a esos escenarios no llegan los observadores. En las últimas elecciones ecuatorianas, por ejemplo, es en estos actos previos y posteriores en los que se han producido las más graves irregularidades, frente a las cuales los observadores guardan silencio o, a lo más, se contentan con formular tibias declaraciones.

¿Cómo no observar la tremenda inequidad (alguien ya lo ha dicho) entre el terreno libre y con todas las ventajas para el candidato-presidente, frente a las limitaciones que sufrieron los demás candidatos? ¿Puede considerarse democrática una campaña llevada en tales condiciones?

¿Y qué decir de lo ocurrido a partir de las cinco de la tarde del domingo 26 de abril? Nunca en los últimos 30 años se han registrado tanta ineficacia y confusión ni se han producido tantas irregularidades. Si los resultados en la elección presidencial hubiesen sido estrechos, el país a estas horas estaría incendiado, como de alguna manera lo están numerosas ciudades en que proliferan las acusaciones de fraude. ¿Y cuál ha sido el pronunciamiento de los observadores sobre estos hechos bochornosos? Seguramente han viajado ya sin comentar siquiera lo ocurrido. Con tales experiencias, tal vez podamos llegar a una conclusión, también penosa: mal con ellos, peor sin ellos.

Hora GMT: 10/Mayo/2009 - 05:13

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Comentarios

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  1. 1 Fabian desde - Stamford

    Los que reclaman por fraude electoral, lo hacen apegados a la ley y siguiendo las normas de reclamo.
    Los VERDADEROS CULPABLES DE FRAUDE, son aquellos ciudadanos que protagonizaron hechos violentos, y que a pesar de ser malos perdedores politicos, se llenan la boca reclamando "fraude" y tratan de ensuciar este proceso democratico.

    ESOS VIOLENTOS, SON LOS VERDADEROS PROTAGONIZADORES DEL FRAUDE Y SON UNA VERGUENZA PARA EL PAIS.

  2. 1 Oswaldo Mesias desde - Quito

    Dr. Albán, permítame corregirle. Los observadores no se limitan a visitar el día de los comicios los sitios de votación. También asisten a reuniones, cócteles, paseos, etc. contribuyendo así al turismo. Y por supuesto también cobran. Todo ello conforma una participación importante para su bienestar personal y financiero. Gracias al pueblo ecuatoriano por su proverbial generosidad con "cualquier extranjero" solo por ser tal.

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