Por Teodoro Bustamante
Hace algunos minutos la noticia fue que habría sido aprobada la nueva Ley Minera. No sé como la habrán dejado. He visto dos versiones. La primera con una idea buena, y todo lo demás bastante malo. He revisado una segunda, en la cual se han corregido algunos errores, se incorporan nuevas ambigüedades, y se incluyen también algunas contradicciones.
Supongo que siendo los miembros del congresillo, sacados de la triste Asamblea Constituyente, no se puede esperar de ellos que al hacer leyes dejen las barbaridades que hicieron en la Constitución. Supongo también que frente a esta ley tendremos que esperar un poco a ver cuál mismo es la versión final, para ir descubriendo poco a poco las consecuencias del obsecuente servilismo de este pseudopoder legislativo.
Voy a omitir la espantosa gestión política del tema minero por parte de las diversas facciones de Alianza País, que ahora se golpean entusiastas en el sur del país, para invitar al lector a que reflexione sobre dos características que se han mantenido en las dos versiones de la Ley que he revisado.
La primera es que se establece una regalía al Estado, para que este haga obras con municipios, autoridades seccionales y organizaciones indígenas. Es evidente, se trata de comprar a esas autoridades: miren hay caramelos para ustedes. Pero lo interesante es que la oferta de las golosinas no es clara y directa. En realidad la oferta tal como se la hace, consiste en un himno al clientelismo. Vean, si son suficientemente serviles conmigo les reparto esta plata, y más aún, les coloco en condición de competir en servilismo, para ver a quién le doy más. Los coloco en situación de humillación anticipada. Pero con esa humillación también les estoy entregando una arma, vean: esto hay para negociar con ustedes, ¿No será de hacer un paro o una huelga, secuestrar a unos técnicos para negociar el aceite? Es una ley para crear regateo, inestabilidad, conflicto.
El segundo comentario se refiere al Directorio de la Agencia de Regulación y Control Minero, en la cual colocan al ministro y a dos delegados del presidente. Primero, es evidente lo ridículo de este organismo colegiado en el cual todos son representantes del mismo individuo, pero es también burlesca la situación del propio ministro, que es el secretario de confianza del presidente para estos temas. Está en este Directorio, en minoría frente a los otros delegados del presidente. ¿Se buscaba también denigrar a los ministros en este organigrama?
La solución lógicamente venía por otro lado: hubiera sido deseable que en ese Directorio haya alguien que represente a algún otro poder, otro sector, para que no quede así como una agencia de gestión personal de un solo funcionario. Eso nos recuerda más bien la manera cómo manejaban los negocios, del Estado, perdón personales (que parecían no ser muy diferentes) los clásicos dictadores centroamericanos.
Buenas fallas, pero pequeñas si las comparamos con el circo del Consejo de Participación Ciudadana, el prolongado incumplimiento constitucional. En definitiva, malas bases para la minería, y peores para la convivencia entre ecuatorianos.
tbustamante@hoy.com.ec
Hora GMT: 14/Enero/2009 - 05:08

14/Enero/2009 a las 16:12
Señor Bustamante sería bueno que también en sus artículos proponga soluciones y plantee alternativas. No solo, como diria el presidente, "tire lodo con ventilador". Artículos mas maduros por favor.
14/Enero/2009 a las 18:00
Señor Bustamante sería bueno que también en sus artículos proponga soluciones y plantee alternativas. No solo, como diria el presidente, "tire lodo con ventilador". Artículos mas maduros por favor.