Por Carlos Jijón
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Parece mentira, pero hay personas capaces de afirmar, supongo que a la luz de la ideología, que rociar de gasolina a un hombre de 62 años, y quemarlo vivo, porque robó un radio, no debe ser descrito como un acto de barbarie. Alegan que calificarlo de esa manera es un desprecio a otra cultura que ha implementado su propio sistema de justicia y que merece respeto. Yo discrepo. Incluso de los que argumentan que, si bien se trata de un crimen abominable, no se enmarca dentro de los parámetros que la Constitución de Montecristi aprobó para la llamada "justicia indígena" y que vincularlos es una infamia de un periodismo que desinforma. ¡Pero si los que alegan que están ejecutando un proceso de justicia, protegido por los "papeles" de la Constitución, son ellos mismos! Y lo siguen haciendo: en los últimos siete días, por lo menos en tres comunidades distintas, presuntos delincuentes han sido capturados, juzgados y flagelados cruelmente ante las cámaras de la televisión.
No voy a caer en la discusión de si la culpable es la televisión por mostrar lo que sucede. Pero es verdad que me horroricé mientras veía cómo unos enmascarados azotaban a los acusados. La piel lacerada, los rostros sangrantes, aullando de dolor, acusándose unos a otros, implorando por sus vidas, para que no los quemen. Pensaba, mientras miraba las imágenes, que así debían ser las torturas en una comisaría cualquiera en que no se respeten los derechos humanos más elementales, y reflexioné sobre unas palabras de Margarita Laso, que me acusó de racista, por haber titulado mi columna anterior como "barbarie indígena". Es verdad. La barbarie puede aflorar siempre de la condición humana. Lo que no entiendo es, si podemos ser tan bárbaros los unos como los otros, ¿por qué las comunidades indígenas necesitan una justicia distinta?
No he escuchado una palabra de quienes impulsaron y aprobaron una Constitución que en su artículo 171 reconoce funciones jurisdiccionales a unas autoridades indígenas, con base a sus tradiciones ancestrales y su derecho propio, siempre que no vulneren la Constitución. El problema es que todo proceso penal, todo juzgamiento, toda pena no prevista en la ley (sea simple "ortigamiento", flagelación o muerte en la hoguera) vulneran la Constitución, por lo que en el ámbito de lo penal, las tradiciones ancestrales resultan inaplicables. La justicia indígena se reduciría entonces a lo civil. No lo explicaron así ni el Corcho Cordero, ni María Paulo Romo, ni Virgilio Hernández, porque no era eso lo que planteaban los ideólogos más radicales del movimiento indígena, y lo importante era ganar las elecciones. No lo explicarán tampoco ahora, por las mismas razones. Lo paradójico es que mientras quemaban al hombre que robó un radio, los mismos asambleístas reformaban el código penal para que el hurto sin violencia deje de
ser delito y descienda al campo de las contravenciones. Si hubiera robado en la ciudad, el hombre no habría pasado más de siete días en la cárcel.
Hora GMT: 09/Abril/2009 - 05:08

09/Abril/2009 a las 22:38
Los alzamanos (Axilas biónicas), ni siquiera saben lo que aprobaron...
Pero sin embargo ya está bien claro, que lo que persiguen es generar en el Ecuador un estado de barbarie con el cual no habrá manera de generar consensos y que aquello nos lleve a la polarización eterna, para ellos con su ideología reinar en el caos en que se debata la nación ecuatoriana.
Si no, entonces para que liberar tanto traficante disfrazados de mulas, o tantos delincuentes porque supuestamente no tienen sentencia, e inclusive declarar que aquel que roba menos de 654 dólares solo merece máximo siete días de cárcel.
¿Sera acaso mejor en el futuro, hacer un robo semanal, para tener los ingresos mensuales de subsecretario de ministerio en el Ecuador? o ¿Es que pretender hacernos creer que es esa la forma de generar plazas de trabajo?