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¿Apenas ineficiencia?

Publicado el 21/Junio/2009 | 00:08

El trabajador ecuatoriano en el exterior es excepcional: atento, eficiente, amable, productivo, tesonero

Por Omar Ospina García


oospina@hoy.com.ec

Siempre he creído que no existe ninguna razón práctica, objetiva y racional para que el Estado sea, como se dice y, acepto, se comprueba casi a diario, un mal administrador, y las empresas e instituciones estatales funcionen peor que las de orden privado. Hay, sí, razones éticas, económicas y educativas para ello. Pues no me refiero a la tecnología o a la calidad de los instrumentos, herramientas o maquinaria que en ambas se utilizan, pues no deberían ser distintas. Me refiero a la fuerza laboral; al ser humano que trabaja ya en la esfera pública, ya en la esfera privada.

Hace algunos años, le escuché decir –o lo leí en alguno de sus artículos–, al ex presidente Osvaldo Hurtado Larrea, que era notable cómo el trabajador ecuatoriano en el exterior era excepcional: atento, eficiente, amable, productivo, tesonero, empeñoso y algunos calificativos más, todos ellos merecidos, sin duda alguna. Allá afuera, por supuesto. Porque aquí, adentro del país, sucede todo lo contrario en términos generales, con las numerosas excepciones que existen, desde luego, y que todos a diario confirmamos. Es como si, al regresar, al trabajador nacional le decomisaran en la Aduana conocimientos, experiencia y aptitudes.

Sin embargo, yo haría una distinción. Si ese trabajador tan eficiente y meticuloso afuera de las fronteras llega al país y se vincula a la empresa privada, el decomiso en la Aduana no tiene las mismas condiciones enumeradas antes. Parecería que conserva algo de las características que exhibe fuera del país. En cambio, si reanuda su actividad laboral en el Estado, no solamente que aquel decomiso se lleva a cabo con rigurosidad matemática sino que se le agregan al repatriado desgreño, mal genio y pésima voluntad.

Y es aquí donde entran en juego las razones éticas, económicas y educativas a las que aludía en principio. Porque los conocimientos, experticias y cualidades del sujeto no han cambiado. Siguen siendo las mismas que exhibía en el exterior. Pero ya está en el país y no las necesita. Al contrario, para medrar y permanecer, son un estorbo. Es que allá afuera, en primer lugar –razón económica–, su salario es mucho mayor y sus obligaciones laborales más exigentes. Si trabaja bien, es recompensado económicamente y, si lo hace mal, es despedido. Así de simple. Y, además, debe ahorrar para, cuando regrese, poder adquirir casa y auto por lo menos.

Aquí, si trabaja bien, es mal mirado por sus compañeros que lo hacen mal y, por lo tanto, es para ellos un rival de cuidado y un esquirol. No tanto, por cierto, en la actividad privada, en la cual, si bien es mal pagado pues nuestros salarios están en la escala más baja en América Latina, puede, en cambio, ser despedido si trabaja mal. En la esfera oficial, en cambio, sigue siendo mal pagado pero tiene un Sindicato Público que lo protege y unos jefes a los que, siendo de su misma mentalidad, les tiene sin cuidado cómo trabaje pues, al fin y al cabo, lo hace en el Estado, en donde no importa la productividad pues "la plata es del gobierno", o sea de todos, que es lo mismo que decir de nadie.

Y aquí entran en juego las razones éticas y educativas que explican tan curioso comportamiento y que son la razón por la cual la ineficiencia laboral es tan notable y notoria en la Cosa Pública y un poco menos en la actividad privada.

Pero ese análisis lo dejamos para la siguiente ocasión pues se acaba el espacio.

Hora GMT: 21/Junio/2009 - 05:08

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Comentarios

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  1. 1 Francisco Guerrero desde - Quito

    El sesudo análisis del señor Ospina los es solamente en apariencia. En realidad no es sino una visión empírica, libresca y petulante de un problema complejo. Reducir todo este asunto a un chiste de evidente mal gusto es propio de necios.

  2. 1 Cesar Dominguez desde - Quito

    Es posible que el 80% de los ecuatorianos rechace al MPD pero es una realidad que el 84% de los ecuatorianos tiene en su cerebro la mentalidad del MPD. Bienechito.

  3. 1 Andres Merizalde

    Sr Periodista
    Su anàlisis si bien es cierto en un 50%, se queda en el anàlisis superficial de las causas, estas no devienen unicamente de las personas, no es cierto que todo empleado publico sea un mal trabajador, que no le importa originar perdidas para el estado por su indolencia, la verdad es que es el Estado (mas bien dicho, el sistema ) el que hace de la persona un mal trabajador
    Soy un profesional que fui llamado para hacerme cargo de una central de generaciòn nueva ( del Estado ), hasta ahora no me proveen de un destornillador para hacer mi acctividad, a cuenta de que el estado es pobre y no tiene dinero para gastos, se esta matando a la gallina de los huevos de oro ( guardando las proporciones)

    Slds

  4. 1 Juan Sebastián Utreras-Carrera desde - Cherry Hill, NJ-USA

    (Corrección de formar)

    Es cierto, Omar Ospina tiene la razón al decir que cuando un profesional regresa al Ecuador, en la Aduana se le decomisan conocimientos, experiencia y aptitudes. Así mismo cualidades como atento, eficiente, amable, productivo, tesonero, empeñoso, honrado, son menoscabadas y reemplazados por la viveza criolla, la ley del mínimo esfuerzo y el espíritu de sentirse la mamá de Tarzán. Debo, así mismo, acordar que éste, es un problema de educación. Si, el problema básico que un profesional encuentra al regresar, es que el sistema en el que se desenvuelven los ecuatorianos está putrefacto, descompuesto, corrompido y que es de total y plena aceptación del pueblo en general. En Ecuador no existe temor de la ley, no existe algo que en otros sitios se inculca desde la cuna de manera individual y colectiva: la idea de que nadie está por encima de la ley. En nuestro país, desde las esferas mas altas del gobierno, hasta el ciudadano mas común de todos, el permisivismo, la laxitud moral, la impunidad campean. Tenemos un gobierno que ignora y fomenta la violación de la propia constitución que mandó a elaborar y luego aprobar por el pueblo, sin que nadie pueda hacer o decir nada para detenerlo. Tenemos al peatón que cruza la calle por donde no debe, y al conductor que no respeta, ni se detiene ante un peatón cruzando por el sito adecuado. Tenemos la mentalidad de que si un empleado no aprovecha la oportunidad de robar o sacar ventaja de su puesto, es considerado un perfecto imbécil. Las sociedades desarrolladas lo son simplemente porque existe un estado de derecho y un respeto a la ley que se ve reflejado en el respeto a los demás. Cuando uno entra al Ecuador, lo desnudan de esos valores y principios que solo pueden existir en un medio que los defienda. La cura a esos males: educación. Pero no la que imparte la UNE, ni el boceto que pretende imponer el Ministerio de Educación con el “ejemplo” impartido desde sus mas altos “dignatarios”. Es algo mas grande, ambicioso y requiere que se eliminen dilapidaciones y despilfarros y que se invierta sustancialmente en ella. Mientras eso no suceda, el sistema ecuatoriano seguirá sumergido en ese estado de descomposición que decomisa a la entrada del mismo los principios y valores que hacen que otras sociedades puedan salir adelante.

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