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¿Un árbol con el interior podrido?

Publicado el 07/Febrero/2010 | 00:04

Por Andrés Cárdenas Matute*
analisis@hoy.com.ec

Es satisfactorio leer a un premio nobel de literatura hablar sobre el sufrimiento como una palanca para ayudar el crecimiento del alma, o de la pobreza como una cuestión de cuánto se gasta y no de cuánto se gana. De una concepción de libertad como autorrestricción, en contraposición a la occidental de libertad sin límites y a la marxista de aceptación del yugo de la necesidad. Hablar de la "¡restricción del yo por el bien de los otros!". Aleksandr Solzhenitsyn, el novelista ruso, tiene mucho que aportar a nuestra sociedad. Adoctrinado desde niño en el comunismo marxista, fue un joven apasionado por la defensa de esos dogmas, incluso en contra de "las supersticiones y creencias irracionales" de su familia. Formó parte del ejército ruso cuando entró en batalla con los nazis, y no le repugnaba en lo más mínimo arriesgar su vida por el gran proceso que se vislumbraba en su patria. Sin embargo, fue arrestado por criticar someramente a Stalin en la correspondencia con un amigo suyo. De ahí en adelante, su vida cambiaría para siempre. Conoció la otra cara del comunismo. La que se escondía al mundo. Los campos de trabajo forzado, las prisiones inhumanas, las sentencias injustas y fusilamientos arbitrarios. Hace casi 36 años, el 12 de febrero de 1974, Solzhenitsyn finalmente fue expulsado de su país. Archipiélago Gulag les pareció el colmo: sus historias "no correspondían con los intereses de la sociedad". Aunque exiliado en Suiza y después en los EEUU, siempre estuvo atento para salvaguardar su amor por Rusia. En su libro Desde debajo de los escombros, señala que patriotismo es "un amor inquebrantable e incondicional por la nación, lo que no implica un afán ciego por servir, ni un apoyo a las demandas injustas, sino una valoración sincera de sus vicios y pecados y la capacidad de arrepentirse de ellos". Esto, porque había sido acusado por algunos medios de tener un odio patológico por Rusia, una mente trastornada, y de engañar a gente crédula.

Así como contó al mundo lo que pasaba en la Unión Soviética, criticó a Occidente por estar en banca rota moral. "La enfermedad del materialismo acarrea una moralidad inadecuada. Fue precisamente la ausencia de valores morales lo que llevo al surgimiento de una dictadura tan terrible como la soviética, y a una sociedad tan ávidamente consumista como la de Occidente", dijo en 1976 a la BBC. "Si las energía espirituales de una nación se han agotado, ni las estructuras de Gobierno más perfectas ni el desarrollo industrial podrán salvarla: un árbol con el interior podrido no puede mantenerse en pie", se recoge en Reconstruyendo Rusia. A ver si sacamos algunas lecciones para nuestro país y para nuestra vida personal.

*Estudiante universitario

Hora GMT: 07/Febrero/2010 - 05:04

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