Análisis
Simón Cueva
Vicerrector de la Universidad de las Américas
Las crecientes dificultades económicas que enfrenta Grecia confirman que la prudencia fiscal no es una locura de economistas ortodoxos sino algo necesario para crecer sin sobresaltos.
Los problemas fiscales griegos no son recientes, pero tuvieron un respiro con la entrada de Grecia en la zona del Euro hace 9 años. La adopción una moneda ligada a países con buena reputación económica, como Alemania, ayudó a mantener la inflación baja y tasas de interés reducidas para su deuda. En ese entorno favorable, Grecia relajó su política fiscal y empezó a gastar mucho. En 2009, el déficit fiscal llegó a un récord cercano a 13% del PIB y la deuda pública a casi 113% del PIB.
Ahora, Grecia enfrenta problemas para conseguir financiamiento en los mercados: tiene que pagar más de 7% en sus bonos a 10 años (4% más que Alemania) y podría tener dificultades para pagar 20,000 millones de Euros que se vencen en abril-mayo. El tema está debilitando al Euro y podría propagarse a otros países, como Portugal o España, aunque la Unión europea, e incluso el FMI, podrían acabar ayudando al patito feo griego.
Aunque la historia parezca lejana, hay similitudes con el Ecuador. Con un entorno internacional favorable, ayudados por la adopción de una moneda extranjera, hemos tenido una política fiscal crecientemente laxa, sin querer enfrentar la realidad de que los ingresos extraordinarios no durarán por siempre. Es cierto que tenemos niveles de deuda y de déficit fiscal bastante inferiores a los griegos, pero pagamos intereses más altos (aceptamos pagar 7.5% en una deuda por dos años a China) y los mercados internacionales están muy reticentes a prestarnos plata. Si no reaccionamos a tiempo, quizás nos toque pedir ayuda al FMI o enfrentar una crisis cuando la liquidez empiece a faltarnos.
Hora GMT: 09/Febrero/2010 - 05:04











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