

¡Dios mío, qué pasará en el cielo que caen ángeles! Al oírlo,
la chica se siente halagada. Tal vez se sonroje. Pero se
siente bien porque el piropo le recuerda agrada a los demás,
que es bonita, que moviliza deseos y fantasías. Es probable
que lo experimente como una caricia, como una forma verbal de
la ternura que atraviesa su imagen de mujer.
Tierno es lo que permite rescatar el valor de la presencia del
otro, lo que certifica que, en ese momento, ella es lo más
importante para él, y viceversa. La palabra, el gesto, la
mirada, la caricia y la flor, la tarjeta, la nota entregada a
hurtadillas en los bancos de la escuela.
Los seres humanos nos movemos entre los límites de la ternura
y la agresión. Sabemos las diferencias, pero corremos el
riesgo de pasar de un espacio al otro, de transformar un acto
tierno en algo agresivo y violento. Una de las formas más
perniciosas del abuso sexual consiste, precisamente, en la
transformación de la caricia en agresión, y de lo íntimo y
privado en algo público y violento.
De modo muy particular hacia la mujer se dirigen los piropos:
pequeños mensajes a través de los cuales el deseo se asoma con
timidez o valentía en búsqueda de esa respuesta dada entre las
líneas de una sonrisa apena esbozada, de la mirada que el otro
sabe bien interpretar o de esa falsa indiferencia que camina
en el cuerpo recto e inquebrantable.
Sin embargo, al halago del piropo no es difícil transformarlo
en agresión y maltrato cuando la palabra hiere la intimidad,
cuando está destina propositivamente a crear confusión y
vergüenza. Mientras la sexualidad se moviliza en medio de
imágenes y fantasías, estos falsos piropos se dirigen a la
realidad concreta y, en algunas ocasiones, a la ignominia de
un cuerpo caricaturizado para hacer daño.
Lo que pudo producir placer se transforma en fuente de dolor y
sufrimiento en una mujer que, de súbito, se sabe víctima al
azar, sin ninguna razón suficiente de alguien que disfruta y
se solaza con su confusión, el desconcierto y anonadamiento.
En esto consiste precisamente el sadismo. El perverso sádico
tiene una predilección especial por la materia bruta, por ese
cuerpo demasiado real, no atravesado por la ternura y la
fantasía. De esta manera se destruye el placer logrado y
compartido. Mientras en deseo y los placeres son pasiones que
nacen en nosotros en pos de otro con quien compartir en
intimidades elegidas, la agresión sexual está destinada al
anonadamiento del deseo.
Del exhibicionista se dice que deambula asustando a mujeres,
en especial a niñas y adolescentes, ante quienes, el rato que
ellas menos lo esperan, desnuda sus genitales. Ante la mirada
de lo real puro de ese órgano, la mujer responde con
desconcierto, turbación y vergüenza porque se siente llamada a
testificar esa realidad ante un tipo que confirma la verdad de
su sexualidad y su capacidad de placer precisamente a través
de la confusión y vergüenza que provoca.
Para toda mujer, pero en especial para las adolescentes, la
burla, la ridiculización de su cuerpo, de su figura o su
color, termina constituyéndose en una de las más amargas
experiencias. Niñas de quienes se hizo mofa a través de su
cuerpo, vivieron luego su adolescencia y vida adulta de manera
poco gratificante e, inclusive, llegaron a repudiar su
feminidad marcada en ese cuerpo que fue objeto de burla y de
sarcasmo.
En le Ecuador, la violencia marital es una de las causas de muerte de las mujeres. A pesar de la abundante información que traen al respecto los medios de comunicación, las denuncias registradas son mínimas. En realidad, son crímenes en la impunidad. De 13.113 denuncias de violencia marital,117 fueron de intento de asesinato. Además, el número de denuncias sobre amenazas de muerte es bastante más alto, al igual que el de uso de armas de fuego. La mayoría de mujeres que denuncia violencia por parte de sus cónyuges dice temer por la vida de ellas.
Violencia Marital - Agravantes
(en Quito y Guayaquil - 1989 -1992)
Resgos de Total
muertos casos %
Imposibilidad física 4.849
Amenaza de muerte 2.461
Uso de armas 930
Intento de asesinato 117
Extorsión 3.208
11.656 88.19
Expulsión del hogar 521 3.97
Muerte inmediata 8 0.06
Aborto 49 0.37
No registra agravantes 970 7.40
TOTAL 11.565 13.113 100.00
Fuente: Censo Juzgados de Instrucción - Quito y Guayaquil -1993
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