Machismo y sexualidad en Ecuador


Por Diego Quiroga
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Antropólogo, profesor de la Universidad San Francisco

Por Teresa Borja
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Ph. D. Psicóloga, Coordinadora de Psicología de la Universidad San Francisco

        Existe una relación muy estrecha entre la sexualidad y la manera de concebir las diferencias entre los géneros. Al igual que ocurre con el tema de las diferencias étnicas, existe en nuestro país un deseo de esencializar (convertir en biológicas) las diferencias entre los géneros. Se considera, por ejemplo, que el hombre necesita tener más relaciones sexuales que las mujeres y que su propia naturaleza le obliga a ello. Incluso en ciertos sectores sociales se mantiene que el hombre debe tener relaciones sexuales cada cierto tiempo o corre el riesgo de enfermarse. Para muchos, las mujeres no tienen las mismas necesidades sexuales ni la misma capacidad de sentir placer. De acuerdo a esta forma de pensar, las mujeres no tienen la misma urgencia de tener relaciones sexuales; el hombre es quien puede, o algunos dirían debe, mantener relaciones sexuales extramatrimoniales. Por esta razón las relaciones extramatrimoniales de los hombres son consideradas como menos serias e incluso se las considera como un acto natural; son, después de todo, "vicios masculinos" o pecadillos. Muchos hombres que se encuentra solos en un capamento, lejos de su familia, no sienten que están cometiendo un error al acudir a un "chongo" y utilizar los servicios de una prostituta. En cambio, en el caso de la mujer, este tipo de comportamiento sería calificado como una "locura" y la mujer sería considerada promiscua e impura. Cuando sus hijos cumplen cierta edad y han pasado la pubertad, algunos padres, suelen darles dinero para que acudan al prostíbulo y "se hagan" hombres.
Mientras se motiva a los hijos a que prueben su virilidad acudiendo al prostíbulo, a las mujeres se les cuida con recelo con el fin de que no pierdan la virginidad y no maltraten el honor de la familia. El sentimiento de que la mujer y no el hombre tienen que mantenerse vírgenes, refleja, de acuerdo a muchos antropólogos, la dominación de un sexo sobre el otro y el deseo de los hombres de controlar la sexualidad y el placer de las mujeres.


Hombre, mujer y virginidad


        La virginidad es un concepto importante en torno al cual giran una serie de prohibiciones y restricciones. La biologización de este concepto en la forma de la membrana himen, convierte esta diferencia en una realidad tangible y física.
Desde el punto de vista sexual, la idea de que la mujer es frágil y pasiva durante el acto sexual tiene ciertas implicaciones no muy estudiadas como que la mujer no tiene que sentir placer y que es el hombre el único que puede actuar durante el acto sexual. Algunos sectores de la sociedad hasta consideran que lo importante es que el hombre sienta placer durante la relación sexual y que es malo el orgasmo femenino.
Al poner de relieve la importancia de la virginidad de las mujeres, estas suelen ser consideradas impuras una vez que han tenido relaciones sexuales. El respeto a las mujeres vírgenes y el grado de mitificación de este concepto lleva a que en muchas sociedades tenga que existir un cierto tipo de prueba de que la mujer es virgen.
A pesar que este valor se halla cambiando rápidamente, las mujeres divorciadas e incluso las viudas pierden el respeto de la sociedad pues se las considera mujeres que, al no ser vírgenes y estar solas, tienen deseos ya desarrollados que deben saciar. Esta biologización de las diferencias sirve para justificar un trato discriminatorio y permite al hombre soltero una serie de experiencias y placeres vedados a la mujer soltera.
La connotación de pureza y dignidad asociadas con el himen y con la virginidad femenina tienen una manifestación diametralmente opuesta en las asociaciones de virilidad, valentía y potencialidad sexual relacionadas con los órganos sexuales masculinos. En nuestra sociedad, se asocia el potencial sexual y la virilidad masculina, la valentía y la características de los órganos sexuales; tal es el caso de los hombres que no quieren que se les practique la vasectomía pues temen que de, esta manera, puedan perder su virilidad, o de la acusación que un candidato presidencial hizo a otro de ser afeminado por tener la esperma licuada.
Esta visión de la sexualidad sin duda no es compartida por todos en el Ecuador, no es necesariamente cierta entre todos los grupos sociales y es muy posible que, con el tiempo, pierda importancia; pero, por el momento, es aún bastante generalizada.
Entre algunos grupos indígenas, la virginidad no tiene el mismo peso que entre muchos mestizos. Hay grupos indígenas donde las parejas, durante el período de enamoramiento, mantienen relaciones sexuales y se casan cuando tienen hijos.


Variaciones sobre el término chulla


        Las mujeres tienen normas claras que deben obedecer, lugares en los cuales pueden ser vistas y otros a donde no deben ir. Una de las palabras que más claramente demuestra esta visión de las mujeres es el término chulla. La palabra chulla viene del quichua "shuj lla" que quiere decir solamente uno. El pensamiento andino ha sido descrito por varios antropólogos como un pensar dualista al establecer dicotomías entre alto y bajo (hanan y urin), hombre y mujer (cari y warmi), etc. Así, se considera que las personas que están solas son anormales e incompletas. El uso de la palabra que quizás se acerca más a este sentido original es cuando se hace referencia a una media o calcetín o un zapato que no tienen su par.
La palabra chulla es ambigua cuando es utilizada para referirse a una persona. Cuando dicha palabra se refiere a un hombre tiene connotaciones positivas, pero en el caso referirse a una mujer la cosa cambia. En este caso se la utiliza para referirse a una mujer fácil y de vida alegre. Muchas mujeres viven aterrorizadas en ser alguna vez llamadas chullas.
En ciertos sectores tiene, además, connotaciones de diferenciación social pues se la utiliza generalmente para denominar a una mujer que pertenece a un grupo social catalogado como inferior. En el caso de una mujer de las clases altas que tenga el mismo comportamiento que una chulla de clases bajas, se puede siempre argumentar que ella es más bien una "europeizada".

 

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