

1. Aquella que no despierte cuando, en la alta noche, prendo
la luz para leer, después acciono la radio para oír noticias,
enseguida enciendo la televisión para mirar un programa sobre
la vida de los animales, y, por último, me levanto para comer
galletas.
Detesto que al regresar me pregunten: ¿Otra vez con insomnio?
2. ¡Qué va! Todas las mujeres que han dormido conmigo han
ansiado hacerlo profundamente, con la teoría de que la cama se
inventó para eso.
Es cierto que a algunas no les ha molestado que prendiera la
luz, ni la radio, ni la televisión, pero, sin embargo,
despiertan asustadas con la imperceptible lluvia de las migas
sobre las sábanas. ¡Tan sensibles ellas!
3. Ocurrió a los ocho años.
Fue por la maligna influencia de
uno de mis compañeros de clase, que se me adelantó. Yo quería
ser como él, le envidiaba en secreto la manera en que andaba
por la calle, de la mano del objeto de mis deseos. Hasta que
un día, sin poder contenerme más, se la quité a la fuerza.
Corrí con ella, en un acto de posesión. Al atravesar una
esquina entendí que, a pesar de que la había anhelado tanto,
todavía no sabía andar en bicicleta: fue mi más dolorosa
caída por amor. Era una Fregus, creo.

1. Uno idealiza siempre a la mujer y la quiere perfecta. Pero
no es posible. Felizmente.
La relación amorosa se hace solida cuando un hombre y una
mujer se aceptan con sus defectos y se toleran mutuamente.
Solo así es posible eliminar, poco a poco, las diferencias y
defender el motivo profundo de la relación que es el amor.
Ahora, si hablamos de un prototipo, pues a mí me gustan las
mujeres delgadas. Pero no tan delgadas: esbeltas, pero no tan
altas; blancas, pero no color monja: femeninas, pero no
feministas; dulces, pero no melosas; inteligentes, pero no
intelectuales; alegres, optimistas y de buen carácter.
2. Siempre es difícil llegar al ideal... Es más fácil buscar
cada cualidad en una mujer distinta. ¿Verdad...? y pasarla
muy bien buscando la mujer ideal...
Bueno, es una broma... me siento satisfecho con la mujer que
me acompaña que tiene muchísimas cualidades.
2. La primera vez que me enamoré tenía siete años y me prendé
de una chica de 17. Claro que ella nunca lo supo...
A los ocho años estuve enamorado de una chica de mi misma
edad, pero terminamos cuando nos peleamos por unos juguetes. A
los quince años una chica de catorce me robo el corazón y creí
que nunca podría amar a otra persona hasta que vino un amigo y
la conquistó por una corta temporada, porque él se interesó en
otra chica a la que yo había enamorado por venganza.
Finalmente, las dos se quedaron sin los dos.

1. Creo que tiene mucho que ver con lo que Platón decía sobre
la poesía: que sea bella, inteligente y verdadera. Es decir,
sexual, sensual, sensitiva.
A mí me gusta la mujer llena de demonios, y ángeles también,
obviamente: que tenga el cuerpo vivo, que se le noten las
luciérnagas. Que su inteligencia sea una trampa y su cuerpo
un abismo.
2. Siempre he estado cerca. No quiero alcanzarlo nunca. A
veces me gusta más la nostalgia de ese ideal. Algo como el
masoquismo, pero no en la piel, sino en todas partes. Debe
ser porque soy escritor.
A Freud lo leí cuando ya no lo necesitaba.
3. No sé. Cuando era niño siempre buscaba la contradicción.
Es decir ella era bella, rubia, de alta escuela. Nunca di la
talla pero con ella me casé. La conocí a los siete años. Aún
tiene siete años. Solamente por mí pasa la edad, y ya he
leído a Rimbaud.

1. Esa "mujer ideal" bien pudo ser nuestra inalcanzable
Marilyn Monroe (si Dios no quiso contestarte el teléfono, yo
sí y, aunque sea haciéndote cosquillas en los pies, no hubiera
dejado que te durmieras la tarde del 5 de agosto de 1962) o,
en el mito literario, madame Bovary (no solo tu marido,
también yo me arrastré de rodillas hasta tu cama queriendo que
no te mueras nunca); hay algo de abismo en ella y -plagiando a
Borges- me ofrece la incertidumbre y la derrota, sobre todo...
También es cierto que el grato peligro está más cerca de lo
que uno cree, porque no es un prototipo incorpóreo, ni la
"mujer ideal" de las revistas del corazón: son las mujeres a
quienes se ha amado.
2. No y sí. A un guerrillero le preguntaron en la
clandestinidad algo parecido. Su respuesta me sirve para el
"no": "Cuando ella no está, la espero en vano. Y cuando ella
viene, tengo que partir". Qué no hubiera dado por evitar la
muerte de Emma Bovary o por mecerle en brazos, papá cariñoso,
a Norma Jean, de tiernita. O por visitarle todas las tardes a
Manuelita en Pauta y llevármela lejos antes de la peste. No
fue posible.
Y el "sí", porque la he conseguido: la mujer que amo es la
mujer ideal" (yo sé que, fruncida, se ha de reír mientras lee
este piropo) y la veo más linda que Catherine Denueve y que
Isabelle Rossellini juntas y más dulce que buñuelos con miel y
más tierna que pajarito dormido.
3. "¿Tiene tinta su tintero?, ¿tiene hojas su cuaderno?,
¿tiene alguien que le quiera?, ¿me podría decir su nombre".
Así jugaban las chiquillas del grado y ella, coloreándose, se
negaba a contestar.
Yo, calladito claro está, solo para mí, respondía por ella
"sí, sí, sí, "Alexis". Era la niña más linda de la escuela y
le encantaban los dulces de membrillo que vendían al frente.
Con una letra de llorar transcribí un poema -ahora me resulta
espantoso- de Amado Nervo (mi mamá decía que ese señor hacía
poemas de amor), le robé a mi hermana su anillo de coral,
compré un "comesolito" y dos dulces de membrillo y me la
acerqué en el recreo.
Sus amigas se retiraron y solo se quedó la más amiga, es decir
su cómplice. Saqué de mi mandil todo lo que traía escondido
en ambos bolsillos, se lo entregué y salí corriendo. A la
tarde, cuando sonó la sirena que finalizaba clases, la
Celestina de siete años me hizo señas con la mano. Salieron
todos los niños y, al poco tiempo, entraron ella y la
encubridora. No atinaba qué decir ni hacer. La amiga cerró la
puerta de grado y ella avanzó segura hasta mi pupitre.
Era más alta que yo, así que me alcé en la punta de los
zapatos todo lo que pude y cerré los ojos; fue mi primer
temblor. Me dejó helado, sin habla, con el sabor a melcocha y
a caramelito de menta en mi boca...