

En las manifestaciones sexuales de las personas hay una
infinidad de variaciones, algunas de las cuales son
socialmente aceptadas y otras no. Las personas que se rigen a
las expectativas sociales no necesariamente son más "felices"
que las que no lo hacen, pero definitivamente están más
adaptadas a la sociedad en la que viven porque son más
fácilmente aceptadas y pueden comunicar sus necesidades sin
miedo a ser rechazadas. A lo largo de la historia de nuestra
cultura, se ha generado una serie de manifestaciones sexuales
que han ido imponiéndose lentamente y que han logrado su
transición desde ser minoría a ser mayoría o viceversa. Por
ejemplo, la monogamia (estabilidad sexual con una persona) fue
ganando lentamente a través de los siglos a la poligamia
(matrimonio con varias mujeres). Un fenómeno que se puede ver
actualmente es que el divorcio está lentamente desplazando al
matrimonio 'para toda la vida' en la cultura occidental. Los
cambios que ocurren pueden o no ser positivos, pero son
respuestas a la realidad social de cada época, y éstos
continuarán sistemáticamente de acuerdo a las necesidades de
la sociedad en determinados períodos de su existencia. Hay
varias conductas sexuales que, en la actualidad, están
sacudiendo a la sociedad y a las que, por tanto, se debe
prestar atención: la homosexualidad, la prostitución, la
promiscuidad.

La homosexualidad es un interés sexual hacia personas del
mismo sexo. Es importante comprender que todas las personas
tenemos la capacidad inherente de reaccionar sexualmente tanto
con miembros del mismo sexo como con miembros del sexo
opuesto, pero que nuestra educación nos ha canalizado hacia la
respuesta sexual con personas del sexo opuesto. La pregunta
importante es, ¿por qué una persona que ha sido entrenada a
responder selectivamente al sexo opuesto, que sabe las
consecuencias sociales que implican las trasgresiones en esta
área, decide tomar la opción que es contraria a las
expectativas sociales?
Se han generado una serie de explicaciones sobre la respuesta
a la pregunta anterior: disposiciones genéticas, ambientes
familiares, circunstancias sociales y aprendizajes
específicos. Hasta el momento, no es clara la respuesta y,
probablemente, cada caso pueda ser explicado por una o más de
las hipótesis anteriores. Es importante recalcar que la
homosexualidad no se pronostica por conductas infantiles como
son los juegos sexuales con amigos del mismo sexo, ni se evita
presionando a que se tengan relaciones sexuales con personas
del sexo opuesto. La homosexualidad no es resultado de
caricias y contactos afectivos durante la infancia por parte
de los padres y, por el contrario, la falta de contacto podría
más fácilmente explicar esta y otras variaciones sexuales.
Lo más importante de entender sobre la homosexualidad es que
es difícilmente reversible, es decir, una persona que se
siente atraída sexualmente por personas del mismo sexo puede
controlar su conducta pero no su actitud. Por lo tanto, las
personas homosexuales necesitan aprender a aceptar
conscientemente sus impulsos y sólo así podrían controlarlos,
si así lo desean. Si por otro lado, la persona acepta su
condición y decide vivir su conducta sexual, es importante que
conozca todos los riesgos sociales a los que se tiene que
enfrentar para que pueda estar preparada y se pueda adaptar a
su realidad.
Nuestra sociedad tiene que aprender a vivir con realidades
como la homosexualidad, porque el primer deber de nuestra
sociedad es enseñar el respeto por las personas diferentes.
Debemos comprender que las personas homosexuales no atentan
contra la sociedad mientras vivan en armonía con el resto de
reglas. Nada sacamos intentando destruir a las personas
homosexuales sino demostrar inflexibilidad. Probablemente, la
angustia que nos causa la homosexualidad es un reflejo de
nuestro propio miedo a la homosexualidad latente que tenemos y
de la que no somos conscientes. Seamos serenos, si nuestra
sociedad ha tomado la heterosexualidad como una norma,
mientras ésta sea adaptativa, continuará aunque haya
variaciones en pequeñas minorías. No son un ataque, son una
realidad.
Las terapias con personas homosexuales giran alrededor de
ayudar a la persona y sus familiares a aceptar la realidad, a
reflexionar sobre las consecuencias de la misma, y a apoyar a
la persona para que tome sus decisiones en forma consciente y
responsable. Cuando la persona homosexual viene a la terapia
con la intención de cambiar su tendencia, lo que es más común
en personas bisexuales (interés sexual por personas de ambos
sexos), es importante apoyarla para que acepte su inclinación
y para que busque los mecanismos que pueden estimular una
actitud más sensual hacia las personas del sexo opuesto. En
cada caso, es importante ayudar a la persona a concientizar no
sólo las raíces de su homosexualidad, sino el desarrollo de la
misma y las consecuencias de su orientación sexual y de sus
decisiones conductuales.

La prostitución es una manifestación sexual en la que se
intercambia el acceso sexual por dinero u otros fines
económicos. Es tremendamente interesante anotar que la misma
cultura occidental reacciona en formas totalmente opuestas
hacia la prostitución y la homosexualidad. Por ejemplo, en
Estados Unidos, la homosexualidad es legal mientras la
prostitución es ilegal, mientras en el Ecuador, la
prostitución es legal y la homosexualidad fue ilegal (4-8 años
de cárcel)hasta hace muy pocos días.
La prostitución tiene ciertas repercusiones síquicas y
sociales que conviene analizar. Desde el punto de vista
sicológico, las personas son naturalmente selectivas en cuanto
al contacto físico. Es decir, en el desarrollo de la persona,
el contacto físico está naturalmente asociado al afecto (por
ejemplo, el niño es acariciado por las personas que lo aman y
así sucesivamente a lo largo de la vida). Vivencias de
contacto físico con personas con quien no se tienen relaciones
afectivas tienden a ser rechazadas a no ser que haya presión
externa a hacerlo o desequilibrios emocionales. Por tanto, la
prostituta y su cliente se encuentran ambos rompiendo un
esquema natural probablemente porque existen disfunciones
personales o por presión externa, como puede ser una necesidad
económica en el caso de la prostituta.
La sociedad puede ayudar a eliminar la prostitución si quita
las presiones externas que llevan a una mujer hacia la
prostitución. El cliente de la prostituta, por otro lado,
requiere de apoyo sicológico y educativo. Muchos clientes de
las prostitutas son jóvenes que, en grupo, van a tener su
"primera experiencia sexual". Estos jóvenes son presionados
por una sociedad que espera de ellos una "gran experiencia" y
que los juzga de acuerdo al número y no a la calidad de sus
relaciones sexuales. En este caso, es importante educar a la
sociedad para que revise sus expectativas sexuales
particularmente para los varones.
La prostitución por presiones externas puede eventualmente
llevar a la prostituta a una disfunción personal. La
prostituta, acostumbrada a disociar el contacto físico con el
afecto, generaliza esta ruptura a la relación con personas a
quienes sí ama: sus esposos, sus hijos, sus parientes, sus
amigos. Para defenderse de este efecto colateral de la
prostitución, muchas mujeres pierden el sentido y la
conciencia de realidad mientras trabajan como prostitutas,
pero este mecanismo no es sicológicamente sano porque existe
una separación entre dos realidades incompatibles.

La promiscuidad sexual se refiere al número de diferentes
personas con las que la persona ha tenido relaciones sexuales.
Nuestra sociedad tiene como un ideal, sobre todo en el caso de
las mujeres, el que una persona tenga en su vida una sola
pareja sexual. Esta filosofía está claramente relacionada con
la virginidad hasta el matrimonio porque es la mejor manera de
asegurar la y la monogamia.
Sin embargo, no siempre es posible mantener este ideal de la
sociedad por diversas circunstancias. Las estadísticas
muestran que cada vez hay menos hombres y mujeres que llegan
vírgenes al matrimonio, y que existe una frecuencia elevada de
infidelidad conyugal. Investigaciones pequeñas llevadas a cabo
en grupos de clases media y media-alta tanto en la sierra como
en la costa sugieren que los hombres son más promiscuos que
las mujeres (los hombres tienen más parejas sexuales antes del
matrimonio y son más infieles que las mujeres). Estos
resultados no son sorprendentes al considerar que nuestra
sociedad es mucho más permisiva hacia las relaciones sexuales
de los varones y hasta es un símbolo de virilidad la conquista
sexual.
La promiscuidad sexual, cuando es sistemática y constante,
puede llegar a ser disfuncional porque la persona se
acostumbra a avanzar físicamente más rápido que su proceso
afectivo, creando sensaciones de vacío emocional. Los
encuentros físicos casuales dejan al cuerpo satisfecho pero
queda una insatisfacción por falta de intimidad emocional. Al
igual que sucede en la prostitución, la persona aprende a
disociar el contacto físico de la relación afectiva, lo que va
en contra de un desarrollo emocional sano. Las personas que
aprenden a disociar el contacto físico y el afecto tienen
dificultad de encontrar una relación emocional estable y
duradera. Es decir, se crea un círculo vicioso, difícil de
escapar.