¿Placer sexual?


Por Teresa Borja
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Ph. D Psicología, Coordinadora de Psicología de la Universidad San Francisco

        La sexualidad se define, en una de sus manifestaciones, como "sentido de placer", es decir que, al momento de asumir que "somos seres sexuados", estamos asumiendo una capacidad natural de sentir placer.
Sin embargo, en nuestra sociedad muchas personas tienen dificultad de alcanzar el placer sexual al que, naturalmente, deberían tener fácil acceso. Las disfunciones sexuales, es decir, la incapacidad de disfrutar en las relaciones de pareja del placer de la sexualidad, es mucho más común de lo que imaginamos.
Es impresionante que las estadísticas muestren que aproximadamente siete de cada diez mujeres expresen "nunca haber tenido orgasmo" dentro de la relación sexual, a pesar de que la mujer tiene la misma capacidad de orgasmo que el hombre (Hyde, 1995).
En México (Alvarez-Gayou, 1986), hay estudios que indican que aquel porcentaje es todavía mayor en los grupos populares. Parecería ser que, cuanto más instrucción tiene una mujer, mayor conciencia posee de su propio cuerpo y de sus sensaciones sexuales y, por tanto, logra mayor satisfacción sexual. Probablemente, esto también tiene relación con el hecho de que es más valorada por los demás y por ella misma.
Alcanzar placer durante las relaciones sexuales es más difícil para las mujeres que para los hombres. En la actualidad, todavía hay quienes presuponen que "las mujeres sólo disfrutan sicológicamente de la sexualidad", como si la mujer no tuviera la capacidad de gozo físico (orgasmo). Algunas mujeres llegan a sentirse culpables cuando sienten interés o placer sexual. Porcentajes elevados de hombres y mujeres no esperan que la mujer disfrute de la relación sexual, sino que e entregue "para satisfacer al hombre".
(Ver por ejemplo la investigación realizada en el Ecuador por Gladys Moscoso y Fabiola Solis, 1987).



¿Por qué la mujer es menos consciente de su sexualidad que el hombre?


        Cuando un niño varón se mira los genitales puede visualmente notar sus cambios. Puede ver cómo su pene se agranda conjuntamente con otras sensaciones de su cuerpo. Si el niño pregunta: "¿por qué se me agranda el pene?", es posible que un adulto le diga "porque estás excitado".
Es decir, el varón crece con una cierta ventaja sobre la mujer: puede comprender mejor la asociación entre sus sentimientos sexuales y su respuesta genital. La niña, en cambio, siente excitación, pero no percibe una respuesta anatómica visual, es interior. Posiblemente, ningún adulto le diga: "eso que sientes en el interior de tu vulva se llama excitación sexual". Así, pues, la mujer puede llegar a ser menos consciente de su estado de excitación que el varón y le puede llevar a creer que "las mujeres se excitan menos que los hombres" o que "las mujeres son menos sexuales que los hombres". Esta inconsciencia puede llevar a la mujer a situaciones sexuales que ella misma no logra comprender. Yo he escuchado a mujeres que me cuentan: "No sé por qué lo hice (refiriéndose al acto sexual), debo ser una loca"; "a mí no me gusta tener relaciones sexuales, pero lo hago para satisfacerle a él". La mujer, de esta manera, se libera de su responsabilidad sexual. En su interacción con el hombre, se "somete" en vez de aceptar que ella es libre de sentir y de manejar sus sensaciones para su propio bienestar. Mientras la mujer y el hombre no comprendan que su respuesta sexual es un sentimiento al que tienen derecho, que es un bien, que es un honor sentir satisfacción sexual, habrá malentendidos, incapacidad de control, egoísmo, incomprensiones. No es el hombre quien tiene la responsabilidad de que la mujer "sienta placer". Decir esto es pensar que la mujer es inválida y necesita del hombre. La mujer puede por ella misma despertarse, comprender su papel en la sexualidad y buscar su placer genital, aceptar este bien y tomar riendas de su comportamiento sexual.



'Lo 'normal' y 'anormal'


        La sicología, conjuntamente con la sexología, intenta separarse de términos como "normal", "anormal" y utilizar conceptos como "variaciones", "disfunciones", "trastornos", y "conductas atípicas". De esta manera, la sicología y la sexología expresan su tendencia a comprender las conductas dentro de un margen cultural y funcional.
Discriminar entre lo que es o no normal es mucho más complicado de lo que generalmente creemos. Por un lado, existe una normalidad que tiene que ver con lo que más comúnmente ocurre en un grupo. Desde esta última perspectiva, se consideraría normal, en nuestra sociedad, la masturbación (99% de los hombres y 50% de las mujeres se masturban), la heterosexualidad (atracción sexual hacia el sexo opuesto) y, por otro lado, sería anormal la soltería (sólo 10% de las personas son solteras), la castidad (80% de los hombres tienen relaciones sexuales antes de los 20 años), etc. Claramente podemos darnos cuenta de lo limitado que es un concepto de normalidad basado en estadísticas.
Otra perspectiva es considerar "normal" lo que la sociedad define como tal, es decir, de acuerdo a las expectativas de la cultura. Dentro de esta perspectiva se juzgarían "normales" conductas "aceptables" y "anormales" conductas no aceptadas por la sociedad (por ejemplo, relaciones prematrimoniales, homosexualidad, infidelidad, masturbación). Es decir, el juicio sería totalmente relativo a la sociedad donde se viva. Finalmente, hay un criterio importante dentro de la sicología, que es el de funcionalidad, es decir, es normal un comportamiento si éste es consciente, adaptativo, y permite al individuo vivir con un nivel funcional adecuado para su edad. Es decir, el juicio de lo que es o no normal no se basa en la conducta en sí, sino en cómo ésta afecta a la persona y si le permite vivir adaptativamente. Por ejemplo, una persona homosexual es atípica en la sociedad, su conducta no es aceptada socialmente, pero puede tener clara conciencia de las repercusiones de su conducta, tiene conciencia de algunas raíces de su conducta, se acepta como es, se mantiene adaptado a un grupo, puede trabajar, y se siente bien con su homosexualidad. En este caso, su homosexualidad es funcional y no se consideraría una "anormalidad" desde un punto de vista sicológico. Por otro lado, una persona que es infiel y que crea fuertes sentimientos de culpa que le desgastan hasta el punto de que le es difícil concentrar sus energías en otros aspectos de su vida y, sin embargo, no logra controlar la situación. En este caso, su infidelidad es disfuncional desde un punto de vista sicológico porque no está ajustada a su realidad y su conducta le impide su desarrollo emocional.
En resumen, una conducta sexual tiene que ser comprendida desde varias perspectivas: sociales o culturales, fisiológicas, y sicológicas. Los sexólogos intentan crear un equilibrio entre estas tres perspectivas de manera que no existan conflictos entre ellas. Por ejemplo, cuando una conducta sexual es "normal" desde el punto de vista fisiológico y también es parte del desarrollo sicológico, pero no es aceptada dentro de una cultura, la sexología intenta instruir a la sociedad para que cambie sus expectativas y permita el desarrollo de una determinada conducta sexual sin que las personas se sientan culpables de su existencia.
En esta etapa se encuentran manifestaciones sexuales como la masturbación, la homosexualidad, el orgasmo femenino, la sexualidad en la infancia y la tercera edad, entre otras. La sexología también intenta estimular en las personas una conciencia racional sobre determinadas conductas que, aunque fisiológicamente aceptables, pueden ser socialmente dañinas porque amenazan contra valores sociales que son importantes y funcionales (por ejemplo, la familia, la salud pública). Dentro de este contexto se encuentran la prostitución, la infidelidad, la promiscuidad, las relaciones pre-matrimoniales, el aborto.

 

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