Regulación de la natalidad: una discusión inconclusa


        Las implicaciones éticas de la regulación de la natalidad y la importancia de su discusión para la mayoría católica en el Ecuador, exigen conocer el estado de la cuestión dentro de la Iglesia. Para ello, el editor de estos fascículos resume, en las páginas siguientes, las reflexiones del teólogo de la Universidad de Granada Eduardo López, expuesto en su "Etica de la sexualidad y matrimonio" (Ediciones Paulinas, 1992) y utiliza como otras fuentes el "Catecismo de la Iglesia Católica", aprobado por Juan Pablo II, y el "Nuevo Catecismo para Adultos, versión íntegra del Catecismo holandés".
El problema de la regulación de los nacimientos se plantea con una urgencia que no se manifestó en el pasado. Primero, porque la humanidad no puede resistir un aumento poblacional tan rápido en un mundo con posibilidades limitadas. El Papa Juan XXIII señaló ya "que si bien la transmisión de la vida humana se halla encomendada a un acto personal y consciente, éste debe sentirse vinculado a otros factores sociológicos, incluido el problema de la población".
Los cambios de la familia y del papel de la mujer en una sociedad de más alto desarrollo económico e industrial han influido para que la procreación se presentara cada vez más problemática. El destino de la mujer no puede reducirse a una serie de maternidades sucesivas. Además, la educación de un elevado número de hijos no resulta ahora factible. La formación de ellos exige un respaldo económico no libre de sacrificios y preocupaciones.
De otro lado, el relieve otorgado a la dimensión unitiva de la sexualidad ha llevado a plantearse una nueva jerarquización de los valores matrimoniales.
Los elementos anotados suponen una seria dificultad frente a la normativa de la Iglesia, que prohíbe el uso de métodos anticonceptivos. Este uso puede tener motivaciones muy diferentes y, en algunos casos inaceptables. Pero son también muchas las parejas que no deben tener más hijos como exigencia de una paternidad generosa y responsable y que no ven tampoco que la única salida para esta regulación sean la continencia, cuando los métodos naturales no aportan la garantía suficiente.



Condena de los anticonceptivos


        Las primeras décadas de siglo XX, la encíclica "Casti connubii" de Pío XI reitera la postura tradicional de la Iglesia sobre el tema de la regulación de la natalidad: "cualquier uso del matrimonio en el que maliciosamente quede el acto destituido de su propia y natural virtud procreativa va contra la ley de Dios y contra la ley natural y los que tal cometen se hacen culpables de un grave delito", proclama el Pontífice. Pío XII reafirma este magisterio. No obstante, esa postura no cerró por completo las tendencias innovadoras dentro de la Iglesia.
A partir de 1960, con la comercialización de los anovulatorios, se inicia una posible apertura en la reflexión moral: la admisión de las píldoras como método de regulación equivalente a la continencia periódica. Si esta última se aceptaba por respetar la estructura del acto conyugal, a pesar de su carácter antiprocreador, el uso de los anovulatorios mantiene también este respeto, que no se da en los otros métodos conocidos, razonan algunos. Este punto de vista parecía no afectar la doctrina tradicional de la Iglesia. Las condenas contra los métodos anticonceptivos de siempre seguían teniendo validez, pero no tenían por qué incluir este nuevo procedimiento.
Las reacciones fueron dispares. Quienes se pronuncian en contra argumentan que una vez que la dimensión procreativa pudiera romperse sería secundario que tal ruptura se produjera con una pastilla o con cualquier otro instrumento.
Pablo VI se pronunció, en 1964, con estas palabras: "Es un problema en extremo complejo y delicado. La Iglesia reconoce sus múltiples facetas, es decir, sus múltiples competencias, entre las cuales sobresale la primera, la de los cónyuges, la de su libertad, la de su conciencia, la de su amor y la de su deber. Más la Iglesia debe afirmar también la suya, es decir, la de la ley de Dios por ella interpretada, fomentada y defendida; y la Iglesia deberá proclamar esta ley de Dios a la luz de las verdades científicas, sociales, psicológicas... Será preciso considerar este desarrollo teórico y práctico de la cuestión..."
¿Cuáles fueron los aportes del Concilio Vaticano II al tema? Para muchos, la imposibilidad de que se inclinara la balanza, en esta materia, hacia la tendencia más progresistas o hacia la tendencia más tradicional llevó a cierta neutralidad, que se traduce en formulaciones excesivamente generales.



De la Vida Humana


        El Nuevo Catecismo Holandés, por ejemplo, al recordar que hay varios métodos de regulación de los nacimientos, afirma: "El Vaticano II no se pronunció sobre ninguno de estos métodos". Para otros, sin embargo, las discusiones del Concilio representaban la posibilidad de una apertura hacia las nuevas perspectivas.
Todo ello explica las adhesiones y críticas a la encíclica Humanae Vitae. El documento pontificio pretendía responder a un interrogante que se había creado en la conciencia de muchos cristianos: "¿No sería indicado repensar las normas éticas ahora vigentes, sobre todo si se considera que las mismas no pueden observarse sin sacrificios, algunas veces heroicos?" (Humanae Vitae, 3)
Sin embargo la encíclica recuerda una vez más que "cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida" y, por tanto, hay que excluir no sólo el aborto, sino "toda acción que, o en previsión del acto conyugal, o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación". El rechazo a los métodos anticonceptivos se repite, pues, con claridad. Y esta conclusión provocó las mayores dificultades y discusiones.
El problema, en el fondo, es la fundamentación de por qué cualquier acto matrimonial debe quedar abierto a la transmisión de la vida. Para algunos, aquello se funda en la inseparable conexión entre los significados unitivos y procreador del acto conyugal. El respeto a los ritmos naturales sería como revelador de la voluntad de Dios.
Pero, para otros, no se comprende por qué no puede cerrarse voluntariamente por parte de la pareja el acto a la procreación cuando existen graves y serias razones. Aun aceptando como ideal el respeto a la naturaleza, la intervención responsable del hombre para conseguir un bien no aparece como rechazable.
En el Sínodo de la Familia, décadas más tarde, se volvieron a plantear estas dificultades. Es conocido que Juan Pablo II ha reiterado insistentemente la doctrina de la Humanae Vitae, de la cual se desprende la ilicitud de intervenir en los ritmos biológicos para hacerlos agenésicos, cuando por su propia naturaleza estén abiertos a la fecundidad. Los cónyuges se sirven de los ritmos naturales porque con ellos Dios, autor de la naturaleza, determina que en este momento no haya lugar para una nueva vida. Pero el magisterio de la Iglesia ha insistido también en el concepto de paternidad responsable. El empleo del método del ritmo se dificulta gravemente para muchas parejas sobre todo porque el porcentaje de seguridad no es suficiente. Además, ¿no puede quedar el acto privado de su aspecto procreador para ayudar a la naturaleza en sus leyes biológicas o cuando la esterilidad no sea directamente pretendida como fin o como medio?
Las dificultades de la postura tradicional del magisterio católico se revelan tanto en las orientaciones concretas que los sacerdotes dan a las parejas cuanto en las reflexiones de diversos episcopados. Esa tensión se manifiesta, por ejemplo, en el Catecismo holandés, en el que se lee: "Hoy día estamos mejor informados sobre los procesos que tienen lugar en la concepción humana. De este modo, puede llegar el hombre a una mayor libertad en el manejo de su fecundidad. Además, se va formando ya la concepción que ve la sexualidad como un valor en sí; se consideran la sexualidad y la fecundidad más como valores concurrentes en la unidad de un todo vital que como realidades meramente ordenadas la una a la otra, en calidad de medio y fin. ¿Son iguales para la conciencia cristiana todos los métodos de regulación de los nacimientos? El Concilio no dio respuesta a esta pregunta, pero invita a todos los casados a que examinen concienzudamente si los métodos escogidos hacen justicia a los grandes valores personales que deben tener su expresión en la relación amorosa y en el matrimonio. Es conveniente en estos casos consultar a un médico, que estará capacitado para examinar mejor todas las circunstancias que deben considerarse en el caso y así juzgar concretamente sobre lo que más convenga, desde el punto de vista médico, en cada caso".




LA POBLACION EN EL ECUADOR

Estamos a las puertas del próximo milenio, y la población ecuatoriana está muy cerca de sobrepasar los 12 millones y medio.
Otras variables importantes no sólo tienen que ver con la distribución de la población por géneros, sino por la ubicación en el campo o en la ciudad.
Hasta la mitad del siglo XX, la población nacional fue predominantemente rural. Al entrar en el próximo milenio, una mayoría estará ubicada en las ciudades. A los largo de los últimos cincuenta años, el país ha vivido un acelerado proceso de urbanziación. Este hecho presupone una serie de consecuencias para la familia y la salud reproductiva.

Crecimiento de la población del Ecuador
1997 - 2000
           POBLACION TOTAL

          AÑO          CIFRA
         1997          11´936.858
         1998          12´174.628
         1999          12´411.232
         2000          12´646.095

          POBLACION MASCULINA

          AÑO          CIFRA
         1997          5´996.368
         1998          6´115.124
         1999          6´233.243
         2000          6´350.427

          POBLACION FEMENINA

          AÑO          CIFRA
         1997          5´940.490
         1998          6´059.505
         1999          6´177.989
         2000          6´295.668
Fuente: CONADE, INEC, CELADE, FNUAP

 

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